En estos tiempos que vivimos, nadie sabe muy bien cómo actuar, ni cómo afectará a su vida todo lo que está pasando. No se oye más que citas esperanzadoras y casi vacías de contenido, como son: “saldremos de esta más fuertes”, “no nos rendiremos”, “hay que reinventarse”… Lo que está claro es que nada será igual y que habrá consecuencias. Lo difícil es saber cuáles serán y cuánto modificarán nuestra vida. Pero lo que yo puedo afirmar, y convencida, es que la situación ya tiene consecuencias que afectan a nuestra educación.
Después de un trimestre escolar casi en blanco, abordamos este año un curso académico difícil y muy anómalo, siempre con el miedo a que nos confinen y a quedarnos colgados otra vez. Ahora estoy muy agradecida de poder asistir diariamente a clase. Esta situación me ha ayudado a valorar cosas que yo daba por hechas, e incluso de las que me quejaba por tenerlas, como es LA EDUCACIÓN.
Ahora valoro todo lo que tiene que ver con este derecho, que muchas personas, por otra parte, todavía no tienen. Valoro aprender, poder enriquecerme día a día con mis profesores, mis compañeros; poder tener una base sólida para el día de mañana… ¡Son tantas cosas en las que antes ni pensaba! Ahora entiendo perfectamente la lucha emprendida por Anita, la niña italiana que reivindica que se abran las escuelas y que ya ha conseguido que se le unan más estudiantes. Es una pena que una niña de 12 años se dé cuenta tan claramente de la necesidad de la educación, de la educación con calidad, una necesidad que parecen no querer ver nuestros gobiernos.
He oído de todo a la hora de reivindicar mi derecho a una educación de calidad (en donde, desde luego, no entra la formación telemática). Muchos opinan que no pasa nada, que se puede repetir un año; otros creen que, con aprobar a todos, aunque no se pueda impartir clase, está todo hecho; y otros dicen que las medidas telemáticas, aun sin ser idóneas, son buenas…
Viendo todo lo que está pasando en relación con este tema, yo no entiendo NADA. Creía que la educación no eran resultados, años en blanco o improvisar medidas para salir del paso. Yo creía que realmente la educación tenía otro fin: que los jóvenes aprendamos y sepamos construir adecuadamente el futuro de nuestro país; como decían nuestros filósofos, intentar tener la mejor y más justa sociedad.
Francamente, viendo como está transcurriendo todo, creo que, a un pilar fundamental de nuestra sociedad, LA EDUCACIÓN, no se la está tratando como tal.
Elsa Martín Blanco