Curso «El acompañamiento en la socialización»

«Volver a entrar en el instituto Pikler gracias a la posibilidad que nos ha brindado nuevamente el proyecto ERASMUS+, es volver a sentir el origen de los principios que has conocido y que entiendes que deberían de primar en las escuelas que cuidan de la primera infancia. Sólo aquellas personas que hemos tenido la suerte de poder haber estado allí, entendemos de lo que escribo.

El cartel de la puerta, en madera y con esa criatura mostrando desde la entrada al instituto los principios de esta mirada de respeto a la infancia, y donde cada vez que llegamos queremos esa imagen que compartimos como muestra de que hemos estado AHÍ; la subida empinada, que en su camino ya nos acoge y nos permite contemplar el frente de la casa; el olor a madera que se respira desde la entrada y esas puertas tras las cuales se encuentra el verdadero secreto del conocimiento y la confianza en el otro; el suelo que cruje bajo los pies al subir la escalera, que con su humildad nos sostiene; volver a mirar una y otra vez los cuadros que nos acompañan en las paredes, las mismas fotos que ya hemos visto en distintos libros y artículos cientos de veces, pero es imposible no maravillarse en cada ocasión. En el primer descanso echamos una mirada curiosa hacia el espacio con familias, nos detenemos frente al cambiador y lo contemplamos como una obra de arte; el almacén donde cuidadosamente, organizados, están los materiales que luego buscamos por las jugueterías y mercadillos de la ciudad de Budapest y en los que ansiamos descubrir nuevos intereses y nuevas experiencias para llevar a las escuelas. Y si seguimos subiendo llegamos al espacio más alto de aquella casa llena de historia, familiar, modesta y admirada al mismo tiempo. Entramos en una sala íntima, cálida, ansiada y llena de conocimientos y sabiduría, donde surgen preguntas que son escuchadas y respondidas en más de una ocasión, y con una seriedad y coherencia destacable, donde quienes hemos tenido la suerte de haber participado en estas formaciones, compartimos experiencias, sentimientos, emociones que forman parte de esta mirada que crece con la infancia, y no paralela a esta.

Agradezco a cada una de las ponentes que nos ha narrado los años de observaciones y serias investigaciones de las que se han extraído, con mimo, todos esos conocimientos sobre el cuidado de la atención a las criaturas desde su nacimiento y que ven en ello el verdadero currículo de la primera infancia. También agradezco a mis compañeras y compañero de formación, quienes me han abierto nuevas puertas hacia las bases de otros conocimientos y brindado su amistad, en especial a Fernando Fraga, en quien baso las líneas que escribo pues su sentir en esta formación ha sido la inspiración para plasmar el mío.»

Eva Carrio

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