El metano (CH4 ) es un producto final de la fermentación que sufren los alimentos en el rumen. En términos de energía constituye una pérdida y en términos ambientales contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y al cambio climático global, por lo que ha aumentado el número de investigaciones a fin de reducir la metanogénesis ruminal. Esta última está influenciada por varios factores, entre los que destacan: consumo de alimento, composición y digestibilidad de la dieta y procesamiento previo del alimento.

Entre las estrategias para mitigar las emisiones de CH4 que se han propuesto, la manipulación dietética-nutricional parecía ser la de mayor potencial, simplicidad y factibilidad. Pero la revista Science ha publicado un estudio liderado por el Instituto Rowett de la Universidad de Aberdeen en colaboración con el Parque Tecnológico Padano (Italia) y la Universidad de Ben-Gurion del Néguev (Israel), junto a otras instituciones europeas y estadounidenses, en el marco del proyecto RuminOmics, en el que se ha puesto de manifiesto la relación existente entre la dotación genética de la vaca y su microbiota ruminal con el fin de determinar si, mediante la selección genética se pueden obtener vacas que produzcan menos metano.

Los resultados demostraron que, aunque cada vaca poseía una microbiota única, la mitad de los animales compartían hasta 512 especies de microorganismos. Además, se identificaron 39 especies de microbios base con una influencia muy determinante sobre la cantidad de metano producido por cada vaca y sobre la eficiencia en la producción lechera.

Esta investigación indica que sería posible reducir la producción de metano mediante la selección genética de animales con microbiotas específicas.