LCL II – Actividades novela de posguerra: la novela del exilio, la novela existencial, social y experimental

1️⃣ Lea este fragmento de «Réquiem por un campesino español» de Ramón J. Sender y conteste a las preguntas

Paco miraba alrededor, en silencio. Por fin dijo: 

—Bien, me quedan cincuenta tiros, y podría vender la vida cara. Dígales a los otros que se acerquen sin miedo, que me entregaré. 

De detrás de una cerca se oyó la voz del centurión: 

—Que tire la carabina por la ventana, y que salga. Obedeció Paco, 

Momentos después lo había sacado de las Pardinas y lo llevaban a empujones y culatazos al pueblo. Le habían atado las manos a la espalda. Andaba Paco cojeando mucho, y aquella cojera y la barba de quince días que le ensombrecía el rostro le daban una apariencia diferente. Viéndolo Mosén Millán le encontraba un aire culpable. Lo encerraron en la cárcel del municipio. 

Aquella misma tarde los señoritos forasteros obligaron a la gente a acudir a la plaza e hicieron discursos que nadie entendió, hablando del imperio y del destino inmortal y del orden y de la santa fe. Luego cantaron un himno con el brazo levantado y la mano extendida, y mandaron a todos retirarse a sus casas y no volver a salir hasta el día siguiente bajo amenazas graves. 

Cuando no quedaba nadie en la plaza, sacaron a Paco y a otros dos campesinos de la cárcel, y los llevaron al cementerio, a pie. Al llegar era casi de noche. Quedaba detrás, en la aldea, un silencio temeroso. 

El centurión, al ponerlos contra el muro, recordó que no se habían confesado, y envió a buscar a Mosén Millán. […] No se había atrevido Mosén Millán a preguntar nada. Cuando vio a Paco, no sintió sorpresa alguna, sino un gran desaliento. Se confesaron los tres. Uno de ellos era un hombre que había trabajado en casa de Paco. El pobre, sin saber lo que hacía, repetía fuera de sí una vez y otra entre dientes: «Yo me acuso, padre…, yo me acuso, padre…». El mismo coche del señor Cástulo servía de confesionario, con la puerta 35 abierta y el sacerdote sentado dentro. El reo se arrodillaba en el estribo. Cuando Mosén Millán decía ego te absolvo, dos hombres arrancaban al penitente y volvían a llevarlo al muro. 

El último en confesarse fue Paco. 

—En mala hora lo veo a usted —dijo al cura con una voz que Mosén Millán no le había oído nunca. 

— Pero usted me conoce, Mosén Millán. Usted sabe quién soy. 

—Sí, hijo. 

—Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían. 

Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.  

Ramón J. Sender: Réquiem por un campesino español

  1. ¿Qué hacen los señoritos forasteros en la plaza? ¿Cómo los describe el autor? ¿Crees que puede haber crítica social y política? 
  2. ¿Cuál es el papel de Mosén Millán? ¿Crees que su conducta es una crítica a la actuación de cierto sector de la Iglesia en España en esos momentos? 
  3. Técnicamente es una novela realista. Explica sus características en este fragmento.

2️⃣Lea este fragmento de «Nada» de Carmen Laforet y conteste a las preguntas

El aire de fuera resultaba ardoroso. Me quedé sin saber qué hacer con la larga calle Muntaner bajando en declive delante de mí. Arriba, el cielo, casi negro de azul, se estaba volviendo pesado, amenazador aun, sin una nube. Había algo aterrador en la magnificencia clásica de aquel cielo aplastado sobre la calle silenciosa. Algo que me hacía sentirme pequeña y apretada entre fuerzas cósmicas como el héroe de una tragedia griega. 

Parecía ahogarme tanta luz, tanta sed abrasadora de asfalto y piedras. Estaba caminando como si recorriera el propio camino de mi vida, desierto. Mirando las sombras de las gentes que a mi lado se escapaban sin poder asirlas. Abocando en cada instante, irremediablemente, en la soledad.

Empezaron a pasar autos. Subió un tranvía atestado de gente. La gran vía Diagonal cruzaba delante de mis ojos con sus paseos, sus palmeras, sus bancos. En uno de estos bancos me encontré sentada, al cabo, en una actitud estúpida. Rendida y dolorida como si hubiera hecho un gran esfuerzo.

Me parecía que de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida. Yo tenía un pequeño y ruin papel de espectadora. Imposible salirme de él. Imposible libertarme. Una tremenda congoja fue para mí lo único real en aquellos momentos. Empezó a temblarme el mundo detrás de una bonita niebla gris que el sol irisaba a segundos. Mi cara sedienta recogía con placer aquel llanto. Mis dedos lo secaban con rabia. Estuve mucho rato llorando, allí, en la intimidad que me proporcionaba la indiferencia de la calle, y así me pareció que lentamente mi alma quedaba lavada. En realidad, mi pena de chiquilla desilusionada no merecía tanto aparato. Había leído rápidamente una hoja de mi vida que no valía la pena de recordar más. A mi lado, dolores más grandes me habían dejado indiferente hasta la burla….  

Carmen Laforet: Nada

  1. ¿Cuál es el tema del texto? Relaciónelo con el tema de la novela. 
  2. Explique si se trata de un ejemplo de realismo o de existencialismo
  3. ¿Cuáles son los sentimientos dominantes de Andrea?
  4. ¿Cómo se relaciona la descripción del ambiente con los sentimientos de Andrea?

3️⃣ Lea este fragmento de «Cinco horas con Mario» de Miguel Delibes y conteste a las preguntas

Pero el caso es que me pongo a pensar y divertido, lo que se dice divertido, no te he visto en la vida, Mario, ni en el viaje de novios siquiera, que ya es decir. Según Valen, la noche esa es un trago y yo la doy la razón, lógico, no voy a decirla que diste media vuelta, pero en cambio, de día, todo el mundo lo pasa en grande menos nosotros, que yo recuerdo en Madrid, «¿nos sentamos en este café?», «como quieras», «¿nos vamos al teatro?», «como quieras», pero ¿es que no sabías decir otra cosa, tonto del higo? Una mujer es un ser indefenso, Mario, necesita que la dirijan, calamidad, por eso me hubiera horrorizado casarme con un hombre bajito, que la autoridad debe manifestarse inclusive en la estatura, fíjate, que te parecerá una bobada. Pero a ti todo te daba de lado; los escaparates, ni mirarlos; la animación, ni caso; el cine, ¡bah!; los toros no te gustaban. Sinceramente, Mario, ¿crees que eso es un viaje de novios? ¡Y si sólo fuera eso!, pero, por si no bastara, siempre con cara de ciprés, como pensando en otra cosa, que es lo mismo que cuando regresaste de la guerra, hijo, no se me olvidará mientras viva, mira que todo el mundo andaba loco por aquellos entonces, pues tú, no señor, y eso que la habías ganado, que si la llegas a perder… No hay quien te entienda, Mario, cariño, y me hace sufrir lo que nadie sabe ver que no eres normal, que la vida no te digo que no tenga contrariedades, ojalá, pero hay que sobreponerse, hay que disfrutarla, creo yo, ya ves mamá, a todas horas, «nena, sólo se vive una vez», que lo oyes así y parece que no, que es una tontería, pero te paras a pensar y en esa frase hay mucha filosofía, tiene mucha miga, Mario, más de lo que parece, bueno, pues tú, no señor, lo primero, los defectos. Y no es que yo vaya a decir que no haya injusticias, ni corrupción, ni cosas de esas que tú dices, pero siempre las ha habido, ¿no?, como siempre hubo pobres y ricos, Mario, que es ley de vida, desengáñate. Yo me troncho contigo, cariño, «nuestra obligación es denunciarlas», así, lo dijo Blas, punto redondo, pero ¿quién te ha encomendado a ti esa obligación, si puede saberse? Tu obligación es enseñar, Mario, que para eso te hiciste catedrático, que para denunciar la injusticia ya están los jueces y para remediar las penas, la beneficencia, que os ponéis insoportables con tantas ínfulas, dichoso don Nicolás, que yo no sé cómo la gente lee El Correo, si se cae de las manos, hijo, no trae más que miserias y calamidades, que si miles de niños sin escuelas, que si hace frío en las cárceles, que si los peones se mueren de hambre, que si los paletos viven en condiciones infrahumanas, pero ¿puede saberse qué es lo que pre-tendéis? ¡Si hablarais claro de una vez! Porque si a los paletos les ponen ascensor y calefacción, dejarían de ser paletos, ¿no?, vamos, me parece a mí, que yo de eso no entiendo, pero es como lo de los pobres, pues siempre tendrá que haberlos, digo yo, porque así es la vida, y si la vida es así no hay por qué poner cara de palo, que ocurrente, lo que se dice ocurrente, no te he visto más que cuando te bebes dos copas, que hay que ver el sofocón que me hiciste pasar la otra noche en casa de Valentina disparando los corchos del champán contra las farolas. Y te advierto que me lo olí, ¿eh?, te lo juro, nada más entrar, en cuanto vi a Fito Solórzano y a Oyarzon, me dije: «Mario se apoquina en un rincón o da el espectáculo». Si te conoceré, querido, no en balde llevo más de veinte años a tu lado. Lo mismo que con Encarna en Madrid, cuando ganaste las oposiciones, seguro que bebiste, ¡a que sí!; me apuesto lo que quieras a que la celebración no se terminó con la cerveza y las gambas. 

Miguel Delibes: Cinco horas con Mario

  1. ¿Cuál es el tema del texto? Relaciónelo con el tema de la novela. 
  2. Sitúe la novela en la evolución del autor a partir de este texto.
  3. De acuerdo con lo que se dice en este fragmento, resuma los principales rasgos de las personalidades de Carmen y Mario.
  4. Sobre los elementos del discurso coloquial que aparecen en el texto, ¿cree que hay una cierta intención irónica por parte del autor en el discurso de Carmen? Justifique su respuesta



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