La moda y la belleza siempre han sido claves en la sociedad, pese a que los estándares varían enormemente según la época y la cultura en la que estén contextualizados. Sin embargo, en las ultimas décadas también ha cambiado la complejidad de los procesos de control de masas, que ahora están más globalizados, debido a la tecnología, y son más sutiles y difíciles de detectar que antes. Hoy en día, las redes sociales, aparentemente inofensivas y lúdicas, rigen todos los aspectos de la vida de muchas personas, incluida su imagen personal. Esto ocasiona que se conviertan en carcasas vacías que siguen la corriente de los modelos influyentes sin cuestionarse cuáles son sus gustos o prioridades.

Un ejemplo de lo dicho, dentro del mundo de la moda, es la habitual discriminación que sufre la gente con un peso corporal superior al establecido por los actuales cánones de belleza; es lo que también se conoce como gordofobia o “fatphobia” en inglés. Muchas marcas de moda solo crean ropa con tallas para gente delgada. Generan, así, complejos y discriminan a la mayor parte de la población, que no encaja en esos estándares irreales. Un caso es la conocida marca estadounidense Brandy Melville, que solo vende ropa de una talla equivalente a la 34/36/38 española, bajo el eslogan de “One size fits most” (“Una talla le vale a la mayoría”).

Otra empresa famosa que seguía esta política es Victoria’s Secret que, si bien ha anunciado recientemente estar trabajando en una perspectiva más actual e inclusiva de su marca, vendía hasta hace poco la ropa interior de tallas mayores a un precio más alto, bajo la excusa de que se necesitaba más tela para confeccionarla. Su página web lució durante un tiempo el slogan “The perfect body” sobre una imagen de modelos de talla 34 a 36. Además, para el conocido desfile de moda de la marca, Victoria’s Secret Fashion Show, solo se contrataba a modelos con unas medidas exactas. Y no contentos con la delgadez “natural” de esas modelos, las hacían entrenar y seguir una dieta increíblemente estricta durante las semanas previas al espectáculo. Después, las modelos subían sus rutinas a las redes sociales, con el hashtag#trainlikeanangel”, haciendo creer a la gente que, entrenando como ellas, se puede conseguir esa belleza y delgadez irreal. Pero la verdad es que sólo es una ficción generada para un solo evento mediante días de hábitos perjudiciales para la salud.

Esta tendencia no se da solo en el mundo de la moda; en el del cine y en el de la música también existen estos problemas. En la industria musical es como si se exigiese unos estándares físicos para llegar a ser relativamente famoso, si bien la imagen personal del artista no tiene nada que ver con su música. Y en las películas y series, a menudo se representa a la gente gorda como los amigos cómicos de los protagonistas, siendo el principal motivo de su participación en la trama únicamente su aspecto físico y su personalidad endomórfica.

Las presiones que se ejercen, así, en la juventud, en las edades donde las redes sociales más influyen, conllevan un aumento de trastornos mentales y alimenticios relacionados con la autoestima y la imagen personal, tales como la anorexia, la bulimia o la vigorexia. Estos trastornos pueden terminar en autolesiones o intentos de suicidio. Las mujeres se ven especialmente afectadas por estos problemas, debido a la dureza de los cánones femeninos desarrollados por una sociedad machista y patriarcal, pero los hombres tampoco quedan al margen de ellos.

Por suerte, muchas marcas han empezado a desarrollar una política y un marketing mucho más inclusivos con todo tipo de cuerpos, con el fin de concienciar a la sociedad contra la «gordofobia» y los estereotipos. Al fin y al cabo, la belleza es subjetiva y las modas, las redes sociales o nuestro cuerpo no deberían ser un lastre o una norma a la que todo el mundo se tenga que ceñir, sino una forma más de expresión personal.

Jimena Cals González-Pumariega