Esta pregunta plantea un dilema ético profundo. Cuestiona si la ausencia de un Dios conlleva la pérdida de fundamentos morales.

Desde la perspectiva de Kant, la moralidad no depende exclusivamente de la existencia de Dios, sino de la razón y la voluntad autónoma de los seres racionales. Kant sostiene que la moralidad se basa en el imperativo categórico, un principio ético universal que exige que actuemos de acuerdo con máximas que puedan convertirse en leyes universales. Así, la ética kantiana no depende de la existencia de Dios, sino de la razón y la voluntad autónoma de los individuos para discernir entre lo correcto y lo incorrecto.

Por lo tanto, según la filosofía de Kant, incluso si Dios no existiera, no todo estaría permitido. La moralidad se fundamenta en la razón y la voluntad autónoma de los seres racionales. Son estas las que permiten establecer principios éticos universales independientemente de la existencia de una entidad divina.

Carla Cepeda Gómez