Me surgió una duda al tener una breve conversación con un niño pequeño que va a mi academia. Cuando la profesora nos preguntó qué queríamos ser de mayores, este niño contestó, con un rostro serio y seguro, que lo que él quería era ser “feliz”. Esto no solo quedó en las muecas graciosas y risas de algunos de los allí presentes. De camino a casa, me vino a la cabeza el comentario de ese niño, estuve recapacitando un poco al respecto y esa noche me asaltaron dudas como las siguientes: ¿Realmente podemos ser felices? ¿Qué es la felicidad? ¿Somos felices o creemos serlo?

La palabra felicidad proviene del latín (felicĭtas, felicitātis), que a su vez se deriva de “felix, felīcis”, lo que significa “fértil” o “fecundo”. Cada persona tiene un concepto de felicidad distinto al del resto. Mi ideal de felicidad puede ser una terrible pesadilla para una inmensa cantidad de personas, a la vez que el ideal de otras personas puede serlo para mí. Yo creo que se debe idealizar nuestra felicidad como seres independientes, como si estuviésemos solos en este planeta. Esto se resume en no depender de nadie para ser felices, pues generalmente las otras personas no serán felices a nuestro lado.

¿Pero se puede alcanzar la felicidad plena? Yo creo que sí. Lamento no predicar con el ejemplo, pero no pierdo la esperanza. La felicidad plena vendría a ser una armonía completa y constante con el resto de acontecimientos que nos rodean. Un estado mental de imperturbabilidad total. Hubo filósofos, los epicúreos, que lo denominaron “ataraxia”, tratando de vestir y camuflar el común término de “felicidad”. El significado de “ataraxia” es el siguiente: estado de ánimo que se caracteriza por la tranquilidad y la total ausencia de deseos o temores.

Es innegable que, hoy, no hay mucha gente que se cuestione si realmente es feliz o no. Se debería profundizar más en este tema, pues cada vez existen más casos de depresión y diagnósticos relacionados con la infelicidad. Pienso que la gran mayoría de esos problemas se podrían solucionar si se enseñase más acerca de la felicidad. Aprendemos inglés, matemáticas, lengua… ¿Pero quién y cuándo se preocupó en algún momento por enseñarnos el significado y sentido de la felicidad?

Nunca es tarde para encontrar y alcanzar nuestra plena felicidad. Digo “nuestra”, porque nadie debería nunca establecer nuestro ideal de felicidad, solo introducirnos al concepto y colaborar objetivamente a encontrarla.

Creo conveniente cerrar mi humilde opinión al respecto, mencionando el tweet en cabeza; al cuál una íntima amiga respondió con “aún no sé si soy feliz, pero mientras tanto sonrío :)“.

Estoy 100% abierto a debate, gracias por brindarme vuestra atención.

Lucas González Menéndez