Franz Schubert

En ocasiones, cuando un compositor fallece y deja una obra inconclusa, otro compositor, generalmente un discípulo suyo, la finaliza. Es el caso del Requiem de Mozart o de la ópera Turandot, la obra maestra de Puccini. Franz Xaver Süsmayr y Franco Alfano han pasado a la historia por este motivo.

Uno de estos casos es la Sinfonía Inacabada, escrita por el compositor alemán Franz Schubert en 1822. Esta obra instrumental para orquesta consta de solo dos partes o movimientos cuando lo habitual, hasta ese momento, es que tuviera cuatro. Ahora, casi 200 años después, una inteligencia artificial ha sido la encargada de poner punto y final a La inacabada. Un telefóno móvil lo ha logrado utilizando una serie de operaciones sistemáticas que permiten hacer un cálculo y hallar la solución de un tipo de problemas, es decir, un algoritmo.

Para ello se tuvo en cuenta varias características tímbricas y tonales de los dos movimientos existentes y la IA generó las melodías para el tercero y el cuarto. Lucas Cantor le dió forma a la partitura orquestal que fue estrenada por la English Session Orchestra el pasado 4 de febrero.

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No sabemos si a Schubert le hubiera gustado el resultado, pero lo que está claro es que se ha despertado una gran controversia. ¿Estamos ante una obra de arte o ante la simple publicidad de una marca de tecnología? ¿Hasta qué punto es lícito inmiscuirse en la obra creativa de otra persona?