Todos sabemos que las últimas horas de clase de los viernes son muy agradables, pero las del pasado viernes fueron especialmente dulces. Los responsables fueron los alumnos de Llingua asturiana, ya que participaron en un Concurso de postres asturianos organizado por la profesora Mónica Rodríguez. Gracias a las familias de los chavales las mesas se llenaron de picatostes, frixuelos, boroñinos, tartas diversas ( de manzana, de yogur, fondant, de fresa, de chocolate, de avellanas, gijonesa…), galletines de la güela, arroz con leche, fritos de arroz, rosquillas, borrachinos, canutillos, un mantecado de Avilés… y hasta unos bollinos preñaos para cambiar de sabor entre postre y postre. Tras larga deliberación, obtuvieron los tres primeros premios una jugosa tarta de manzana, una vistosa tarta fondant y unos boroñinos que estaban en su punto.

Mientras sacaba las fotos pense: «En medio de tantos platos, Rossini sería feliz». ¿Y quién es Rossini?, te preguntarás. Mira el siguiente vídeo. ¿Te suena la música?

Seguramente sí. Se trata del Aria Largo al factótum (o aria de Fígaro), de El barbero de Sevilla, una famosísima ópera bufa del compositor italiano Gioachino Rossini. Rossini fue un hombre muy famoso por su música… y por sus recetas. Tenía por costumbre invitar a su mesa a grandes escritores, chefs, políticos, artistas… y cocinaba para ellos platos que luego se harían famosos, como los cannelloni alla Rossini, rellenos de carne o pollo con foie gras, trufas y vino dulce recubiertos de bechamel y parmesano.

Dejó de componer música en 1829, cuando apenas contaba 37 años y se encontraba en lo más alto de su carrera musical. Decía: Todos trabajamos por tres cosas: la fama, el oro y el placer. Tengo fama, no necesito oro y los placeres de antaño me aburren. Se despidió con otra gran obra: Guillermo Tell. Escucha su obertura. ¿A que también la conoces?