Por sugerencia de Dani Díaz inauguramos una nueva categoría en el blog dedicada a las bandas sonoras. En este primer post hablaremos de Quentin Tarantino, uno de los directores favoritos de Dani, y de algunas anécdotas sobre el origen de las bandas sonoras.

Hace ya más de un siglo que música y cine son inseparables. En 1908 Camille Saint-Saëns fue uno de los pioneros de las bandas sonoras al escribir varios fragmentos musicales que servían para reforzar la acción en la película El asesinato del Duque de Guisa.

 

Poco después Mihail Ippolitov-Ivanov haría lo mismo para la película rusa sobre Stenka Razin, el héroe cosaco que se sublevó contra el imperio ruso.

Será en 1915 cuando se escriba la primera banda sonora específica para un film con El nacimiento de una nación, película digna de alabanza como obra maestra del cine mudo y de argumento despreciable por su apología del racismo. Los temas musicales no estaban escritos ex profeso para el film, sino que se utilizaron fragmentos de obras clásicas, populares y sinfónicas adaptadas a las imágenes.

Con la llegada del cine hablado a finales de los años 20, el público demandaba películas sonoras y musicales y la música, tanto original como adaptada, pasó a ser considerada un género propio. La banda sonora se volvió indispensable estructurando en muchos casos la obra en sí, ambientando lugares y situaciones o creando atmósferas de terror, suspense o violencia, especialidad en la que Quentin Tarantino es un auténtico maestro.