Sinceramente, creo que a la gente no le preocupa demasiado el medioambiente. No es en absoluto el mejor momento para sacar a relucir más problemas en medio de la crisis mundial por la pandemia que estamos sufriendo. No obstante, la educación ambiental y la destrucción del ecosistema llevan siendo relegados a tercer orden por los gobiernos desde hace ya mucho. Es completamente entendible que la preocupación por estos asuntos en el siglo XX fuese menor, pero hay que darse cuenta de la lenta, pero terrible, evolución del problema.

¿Y las reformas, y las soluciones? Ahí están, pero son insuficientes. Se ha tenido que esperar a un cambio presidencial para que uno de los países más contaminantes, Estados Unidos, regresase al Acuerdo de París, que promueve el a primera vista no muy complejo objetivo de mantener el incremento de la temperatura mundial por debajo de los dos grados. Para cumplir este objetivo sería necesario reducir las emisiones de carbono. Pero las reformas nunca llegan, y la cada vez mayor falta de responsabilidad provoca accidentes que causan un fuerte impacto medioambiental, anulando la efectividad de cualquier pacto o propósito al que se deba llegar.

Países como España, cuya política no ha supuesto un excesivo daño hacia el medioambiente, sufren cada día más. La principal causa es la falta de control y la relajación de las medidas para evitar daños innecesarios. Un año después, aún se perciben, por ejemplo, las consecuencias ambientales que ocasionó el colapso del vertedero de Zaldíbar (Euskadi), que además ocasionó dos víctimas mortales. Asuntos como este pronostican un impacto ambiental tan negativo como el aumento de casos por covid-19 en la población mundial.

La situación actual no parece augurar medidas demasiado estrictas para proteger el medioambiente. Pero, si nos basamos en los datos, la rígida política ambiental que llevan a cabo Estados como Costa Rica les ha funcionado para ser de los lugares mejor conservados. En conclusión, se debe demandar medidas de protección del medio determinadas y urgentes. Si no, lo único que lograremos sólo será posponer un colapso que cada día es más inevitable.

Roberto Ferrero Vena