Cuando en 1919 el físico ruso Léon Theremin estudiaba en su laboratorio el funcionamiento de las ondas electromagnéticas, se dio cuenta de que si acercaba un objeto a un campo electromagnético la frecuencia o altura de los sonidos variaba. Theremin, que además era violoncelista, pensó en aplicar ese fenómeno físico a la música y para ello creó un extraño instrumento al que llamó eterófono y que más tarde sería conocido como thereminvox o, simplemente, theremín.
En 1897 T. Cahill presentó lo que se considera el primer instrumento musical eléctrico, el Thelarmonium. Pero este instrumento tenía un «pequeño inconveniente»: pesaba unas doscientas toneladas.
Por contra, el theremin era ligero y portátil, así que tenía posibilidades reales de uso. Poco podía imaginar Theremin la trascendencia de su descubrimiento: había puesto la primera piedra de lo que luego conoceríamos como música electrónica.
En el nuevo instrumento no había cuerdas como las que tienen los violines; no había que soplar para que sonara, como hacemos en las trompetas o la flauta; tampoco había que golpearlo, ni sacudirlo o entrechocarlo, como en los instrumentos de percusión. Para producir el sonido bastaba con acerca o alejar las manos de unas antenas, una vertical y otra horizontal. Acercando la mano a la antena derecha se producían sonidos agudos; al alejarla, los sonidos eran graves. La antena izquierda servía para controlar la intensidad; si acercamos la mano, el sonido será suave; si la alejamos, sonará cada vez más fuerte.
Clara Rockmore fue la primera concertista de theremín y contribuyó a simplificar y mejorar el nuevo instrumento gracias a que poseía oído absoluto, es decir, podía reconocer cualquier altura musical. El sonido que se consiguió despertó la curiosidad y la admiración de todo el mundo, así que el inventor, tras completar una gira por Europa y los Estados Unidos, lo patentó para ponerlo a la venta. En la publicidad se decía que era “un instrumento que todo el mundo podía tocar”, pero nada más lejos de la realidad. Por el contrario, era muy difícil de tocar: no había trastes, ni teclas, ni nada físico por lo que guiarse para conseguir emitir las notas afinadas y el gran público lo rechazó.
Durante las décadas de 1940-1950 se utilizó para conseguir efectos sonoros en el cine, pero musicalmente el theremín pasó al más profundo de los olvidos hasta que la música popular urbana lo rescató para algunas de sus canciones y, posteriormente, la empresa de Robert Moog lo fabricara de nuevo en la década de los noventa. A continuación tienes algunos ejemplos de su uso.
1 pingback