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Corto – Tamara

Creado por House Boat Animation Studio. Tamara es una niña sorda que quiere convertirse en bailarina. A pesar de su incapacidad, la pasión por la danza corre por sus venas y aunque no pueda escuchar la música, la siente, sin que esto sea un impedimento para perseguir su sueño. Superación personal y esfuerzo recompensado.

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Corto – Parcialmente nublado

Otro corto de animación, en este caso en 3D por ordenador, de la compañía Pixar, que nos tiene acostumbrados a cortos extraordinarios de gran valor educativo. En este destacan los valores de la amistad, la lealtad y el compromiso.
Nos encontramos ante un grupo de cigüeñas que llevan hasta sus hogares a bebés de diferentes especies animales y a bebés humanos. Dichos bebés son gestados por las nubes.
De entre todas las nubes y de entre todas las cigüeñas, hay un equipo muy especial y particular: el de una cigüeña enclenque y maltratada y el de una nube que siempre está nublada.
Mientras todos entregan hermosos ejemplares, a ellas les toca la dura tarea de entregar a los más peligrosos. Hasta que la cigüeña en cuestión ya no puede más…

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Corto – La luna

La fábula sobre un joven que comienza su camino de madurez en la más peculiar de las circunstancias. Su padre y su abuelo se lo llevan por primera vez a trabajar en un viejo barco de madera en el que reman y reman mar adentro, sin ver tierra a la vista.
Finalmente se detienen y esperan. Una gran sorpresa aguarda al niño. ¿Seguirá el ejemplo de su papá o de su abuelo? ¿Será capaz de encontrar su propio camino en medio de las opiniones en conflicto y de las tradiciones que han guiado a sus mayores?

La Luna es la historia de tres generaciones, en poco más de 6 minutos: el abuelo, el padre y el hijo, y de cómo éste aprende la profesión de los dos. Una historia que anima a seguir nuestro propio camino y no el que nuestros padres o mayores nos intentan imponer porque crean que eso es lo mejor para nosotros.

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El día de los Muertos

Unos días por delante de descanso, días de fiesta, de Halloween y de Holywins, según las creencias o no de cada uno, días de honrar a nuestros difuntos, de recordar a esos seres queridos que ya no están físicamente pero que están presentes siempre en nuestros corazones.

Tengamos los sentimientos que tengamos es una festividad que se celebra internacionalmente: nuestro Día de Todos los Santos o Día de los Fieles Difuntos, según la tradición cristiana pero también el Día de los Muertos en México, América Central o Norteamérica; o la noche de Samhain celta que hoy ha pasado a ser la noche de Halloween, que tan profusa y «comercialmente» festejamos.

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Corto – La flor más grande del mundo

Un cuento escrito por José Saramago, premio Nobel de Literatura, 1998. Un niño crece un un mundo roto por el individualismo, la desesperanza y la falta de ideas, en el que prevalece el egoísmo, la falta de solidaridad o de amor a la vida.
El niño buscará y encontrará los valores esenciales que le ayudarán a dar sentido a su vida: la amistad, la colaboración, la ayuda mutua, el altruismo, el amor por la Naturaleza, el amor familiar…
Con la música de Emilio Aragón de fondo, el corto nos habla de las cosas pequeñas, y de la importancia de todo lo que nos rodea, que por muy pequeño que sea, se convertirá siempre en algo grande e inmenso. Nos ayudará a reflexionar sobre la propia infancia y la naturaleza humana y nos mostrará el valor del descubrimiento y de la valentía.

Así comienza, narrado por el propio escritor…

«Las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben muy pocas palabras y no las quieren muy complicadas».

Texto del cuento:

Me gustaría saber escribir esas historias, pero nunca he sido capaz de aprender, y eso me da mucha pena. Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande.
A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón. Si yo tuviera esas cualidades, podría contar con todo detalle una historia preciosa que un día me inventé, y que, así como vais a leerla, no es más que un resumen que se dice en dos palabras…
Se me tendrá que perdonar la vanidad de haber pensado que mi historia era la más bonita de todas las que se han escrito desde los tiempos de los cuentos de hadas y princesas encantadas…
¡Hace ya tanto tiempo de eso!
En el cuento que quise escribir, pero que no escribí, hay una aldea. (Ahora comienzan a aparecer algunas palabras difíciles, pero quien no las sepa, que consulte en un diccionario o que le pregunte al profesor.) Que no se preocupen los que no conciben historias fuera de las ciudades, ni siquiera las infantiles: a mi niño héroe sus aventuras le esperan fuera del tranquilo lugar donde viven los padres, supongo que también una hermana, tal vez algún abuelo, y una parentela confusa de la que no hay noticia.
Nada más empezar la primera página, sale el niño por el fondo del huerto y, de árbol en árbol, como un jilguero, baja hasta el río y luego sigue su curso, entretenido en aquel perezoso juego que el tiempo alto, ancho y profundo de la infancia a todos nos ha permitido… Hasta que de pronto llegó al límite del campo que se atrevía a recorrer solo.
Desde allí en adelante comenzaba el planeta Marte, efecto literario del que el niño no tiene responsabilidad, pero que la libertad del autor considera conveniente para redondear la frase. Desde allí en adelante, para nuestro niño, hay sólo una pregunta sin literatura: “¿Voy o no voy?” Y fue.
El río se desviaba mucho, se apartaba, y del río ya estaba un poco harto porque desde que nació siempre lo estaba viendo.
Decidió entonces cortar campo a través, entre extensos olivares, unas veces caminando junto a misteriosos setos vivos cubiertos de campanillas blancas, y otras adentrándose en bosques de altos fresnos donde había claros tranquilos sin rastro de personas o animales, y alrededor un silencio que zumbaba, y también un calor vegetal, un olor de tallo fresco sangrado como una vena blanca y verde. 
¡Oh, qué feliz iba el niño!
Anduvo, anduvo, hasta que los árboles empezaron a escasear y era ya un erial, una tierra de rastrojos bajos y secos, y en medio una inhóspita colina redonda como una taza boca abajo. Se tomó el niño el trabajo de subir la ladera, y cuando llegó a la cima, ¿qué vio? Ni la suerte ni la muerte, ni las tablas del destino…
Era sólo una flor. Pero tan decaída, tan marchita, que el niño se le acercó, pese al cansancio.
Y como este niño es especial, como es un niño de cuento, pensó que tenía que salvar la flor.
Pero ¿qué hacemos con el agua? Allí, en lo alto, ni una gota. Abajo, sólo en el río, y ¡estaba tan lejos!… No importa.

Baja el niño la montaña, 
Atraviesa el mundo todo, 
Llega al gran río Nilo, 
En el hueco de las manos recoge 
Cuanta agua le cabía. 
Vuelve a atravesar el mundo 
Por la pendiente se arrastra, 
Tres gotas que llegaron, 
Se las bebió la flor sedienta. 
Veinte veces de aquí allí, 
Cien mil viajes a la Luna, 
La sangre en los pies descalzos, 
Pero la flor erguida 
Ya daba perfume al aire, 
Y como si fuese un roble 
Ponía sombra en el suelo. 
El niño se durmió debajo de la flor. 

Pasaron horas, y los padres, como suele suceder en estos casos, comenzaron a sentirse muy angustiados. Salió toda la familia y los vecinos a la búsqueda del niño perdido. Y no lo encontraron. Lo recorrieron todo, desatados en lágrimas, y era casi la puesta de sol cuando levantaron los ojos y vieron a lo lejos una flor enorme que nadie recordaba que estuviera allí.
 Fueron todos corriendo, subieron la colina y se encontraron con el niño que dormía. Sobre él, resguardándolo del fresco de la tarde, se extendía un gran pétalo perfumado, con todos los colores del arco iris.
A este niño lo llevaron a casa, rodeado de todo el respeto, como obra de milagro. Cuando luego pasaba por las calles, las personas decían que había salido de casa para hacer una cosa que era mucho mayor que su tamaño y que todos los tamaños.
Y ésa es la moraleja de la historia.
Éste era el cuento que yo quería contar.
Me da mucha pena no saber narrar historias para niños. Pero por lo menos ya conocéis cómo sería la historia, y podréis explicarla de otra manera, con palabras más sencillas que las mías, y tal vez más adelante acabéis sabiendo escribir historias para los niños…
¿Quién me dice que un día no leeré otra vez esta historia, escrita por ti que me lees, pero mucho más bonita?…