Hoy voy a hablaros de un compositor argentino que tuve la suerte de ver el pasado 25 de septiembre en el Teatro Palacio Valdés de Avilés, donde ofreció un concierto vibrante gracias a su gran talento y a su conexión con el público.
A sus 70 años, con dos Oscars, dos Baftas, un Globo de Oro y 19 Grammys, para Gustavo Santaolalla la música es una «forma de entender la vida».
Santaolalla es un referente de la escena argentina que dio sus primeros pasos en la música cuando era solo un niño y le pidió a su padre acudir a clases de guitarra. Desde entonces su pasión por la música nunca lo ha abandonado.
Su primer grupo musical fue “Arco Iris”, fundado en 1967. Con el grupo grabó más de 11 discos. En 1975 la banda se rompió y al año siguiente formó otra banda “Soluna”
donde tocó con el pianista y cantante
Alejandro Lerner y su novia (por ese entonces) Mónica Campins. Juntos grabaron un álbum “Energía Natural”.
Como consecuencia de la censura y las limitaciones artísticas en Argentina durante la última dictadura militar, Santaolalla emigró en 1978 a Los Ángeles, California, ciudad que sería clave en su carrera (y donde reside hasta el día de hoy).
A mediados de los noventa, el compositor debuta como productor musical, llegando a producir música para grandes artistas como: Juanes, Jorge Drexler y Julieta Venegas. 

Santaolalla no se detiene aquí, continúa evolucionando y se integra en la música de cine. Su increíble memoria musical, unida a su capacidad de unir sonido con imagen, hicieron que el compositor ya no fuera únicamente un productor musical, sino un gran compositor de bandas sonoras de películas. La elección de instrumentos como el ronroco (una especie de mandolina de origen andino), se convirtieron en rasgos imprescindibles de su trabajo compositivo. “Durante mucho tiempo las bandas sonoras se centraban en orquestas o pianos, no era habitual que una guitarra fuese el instrumento principal” dice el compositor.
Su primer trabajo como compositor de bandas sonoras para películas fue en el 2000 con el estreno de “Amores Perros”. Banda sonora con canciones y con melodías instrumentales dramáticas y evocadoras, y donde sobresale el sonido de la guitarra.

En “21 Gramos” (2003), continúa sobresaliendo la guitarra en una dramática banda sonora acorde al tono trágico de la película.

Para “Diarios de una motocicleta” (2004) Santaolalla crea una ecléctica banda sonora ambiental, para seguir las andanzas del Che Guevara, cuando en su juventud atravesó Sudamérica en motocicleta.

En 2005 obtiene su primer premio Óscar a mejor banda sonora con la película “Brokeback Mountain” (En Terreno Vedado) para la que crea una cautivante música de guitarra acústica que sigue la historia de amor oculta entre dos hombres jóvenes en el Wyoming de los años sesenta.

Al año siguiente, en el 2006, logró alcanzar su segunda estatuilla dorada, con la película “Babel”. Aquí el compositor aplica una música acústica, con guitarra árabe, que da un tono triste, apesadumbrado, al conjunto.

En 2013, Gustavo compuso la banda sonora del aclamado video game ambientado en un mundo post-apocalíptico, “The Last Of Us” así como su secuela, sería su primera experiencia en ese campo. El videojuego cuenta con sonidos muy particulares gracias al ronroco, acompañado del banjo en la secuela. El videojuego fue elegido en los “Golden Joystick Awards” como Mejor Videojuego de 2020. Gracias a este trabajo el músico ha tenido «la suerte de poder conectar» con distintas generaciones.

En 2020 puso la música de la serie de televisión “El Cid” (2020, Amazon).

Ha sido productor para “Rompan Todo”, la miniserie de Netflix sobre la historia del rock latinoamericano, uno de los géneros que más domina Santaolalla.

La música de Santaolalla combina muchos géneros diferentes, desde el pop y rock al country, y géneros populares africanos o latinoamericanos. Sin duda, es un ejemplo de un músico atrevido e innovador que no se detiene ante nada y que disfruta con su trabajo. ¡Vuelve pronto a Asturias, maestro!!!





ha sido uno de los músicos más importantes de la cultura europea. Cultivó diferentes estilos musicales y a todos les imprimió su sello personal. Su música osciló del pop a la psicodelia y de la psicodelia al rock experimental. Battiato sonaba a Battiato, inimitable, fácil de reconocer desde los primeros acordes, incluso antes de que comenzara a cantar con esa peculiar voz y ese rasgado nasal tan italiano.
y «Musikanten» (2006).
Una de las más sonadas fue la aparición de su canción “Centro di gravitá permanente“ en la popular serie española “La casa de papel” (Netflix, 2017).
Publicada en 1981, “Centro di gravitá permanente” fue el primer gran éxito del cantante italiano e hizo que su disco «La voce del padrone» fuera el primero que vendió más de un millón de copias en Italia. Este es el videoclip, la canción habla sobre la filosofía y la espiritualidad, el tomar conciencia sobre lo que sucede.
En la película «La misa ha terminado» (1985) del director y actor Nani Moretti incluía un hit como «ITreni di Tozeur», 
Pero Battiato se atreve con todo y en 2006 versiona nada menos que a los Rolling Stones. El resultado fue una versión bellísima de la canción de la banda, «Ruby Tuesday»,
Jonás Trueba dirigió la película española «Todas las canciones hablan de mí» (2010),
«Ramiro tenía la sensación de que todo lo que leía tenía que ver con él. Le pasaba algo parecido con la música; de pronto le gustaban canciones que hasta entonces le habían parecido ridículas”, reflexionaba el narrador de la película mientras el protagonista ponía el vinilo de «Orizzonti Perduti» (1983) y se dejaba llevar. Un clásico.