Cuando se empieza a estudiar la Ciencia, la primera impresión que uno recibe es que la tarea fundamental de los científicos es buscar las denominadas “leyes de la Naturaleza”: enunciados objetivos, breves, verdaderos y universales. Por ejemplo la ley de Boyle para un gas: Presión x Volumen = constante.
Pero el despliegue histórico de la Física y de la Química si algo nos ha enseñado es que la Ciencia en general es un objeto dialéctico, sacudida por Revoluciones que provocan dolorosas sustituciones en los paradigmas de los científicos y con cambios de métodos y criterios de racionalidad completamente impredecibles.
Por eso que no os extrañe el cambio tan profundo que la última Revolución Científica, la de principios de siglo pasado, provocó en los criterios de racionalidad científica. A mi modo de ver la cara más visible de ese cambio es la sustitución de la “ley de la Naturaleza” como punto de partida en la investigación científica por el de “modelo de la realidad“.
Un modelo, al igual que una ley, aspira a representar una parte de la realidad. Pero a diferencia de la ley, que es estática e incapaz de evolucionar, el modelo aguanta el proceso dialéctico de la ciencia adaptándose a nuevos descubrimientos y nuevos cambios de perspectiva o metodológicos. Un ejemplo que seguro que recordáis es la evolución de los modelos atómicos desde Dalton hasta el modelo cuántico de Schrodinger o Heisemberg pasando por el de Rutherford o Bohr.
Así que en la actualidad nadie se preocupa ya por buscar leyes tal y como se hacía antes del siglo XX. Ahora toda ciencia aspira a ser una ciencia de modelos y se me viene a la cabeza la Economía que pretende representar la realidad económica basándose exclusivamente en modelos matemáticos abstractos.
Una advertencia. Las leyes y los modelos se inspiran en posiciones filosóficas diametralmente opuestas, lo que hace que sean incompatibles a la hora de fundamentar una teoría. Las leyes pretenden ser universales y por lo tanto monistas. Los modelos pretenden dar cuenta de una porción de la realidad y por lo tanto son pluralistas. Las leyes pretenden ser verdaderas, por lo que una ley no puede ser contradecida por otra. Los modelos no aspiran a contarnos la verdad, por lo que pueden coexistir pacíficamente varios de ellos en un dominio concreto de la ciencia. Las leyes pretenden ser absolutas, válidas en todo tiempo y lugar. Los modelos tienen fecha de caducidad ya desde el mismo momento en que son propuestos.