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No sé si sabéis que los períodos más convulsos y oscuros de la historia empezaron con piras inmensas en las que se quemaba, con saña, toda huella impresa atribuible al libre espíritu y creatividad humanas, condenándola a las llamas por subversivadegenerada,antipatrióticaindigna; al calor de este odio, encendido y alimentado por consignas vanas, medraron regímenes que terminaron extinguiendo cualquier atisbo de conciencia regeneradora capaz de restaurar la justicia y desterrar la iniquidad. En tiempos como los que corren,  en los que algunas y algunos vuelven a hacerse oír, tonantes y aguardentosos, solicitando esta práctica salvaje, retorno a la Biblioteca inquieto y preocupado, y después de advertir, dedo en alto, a los cuatro lectores que se apostan perplejos en cada una de las esquinas de la sala de lectura, os digo a vosotros también: ¡Ojito! Los libros… ¡NO SE QUEMAN!