Categoría: música y literatura (Página 1 de 7)

cien años de Boris Vian

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39 años. Como los 39 escalones de Hitchcock. Una vida muy breve para hacer muchas cosas: Boris Vian fue cantante, poeta, guionista, escritor, actor, técnico, crítico… No se puede decir que fuera un genio. Ni siquiera es correcto afirmar que todo lo que hacía lo hacía bien. Pero de lo que no hay duda es que era todo un personaje, un personaje de carne y hueso que protagonizó su propia y apretada existencia como nadie. Anticlerical con primera comunión, antimilitarista dispensado del servicio por problemas de salud, ingeniero con vocación de trompetista, blanco comprometido con la causa de los negros (americanos), escritor de novelas prohibidas por la cuarta República (francesa)… A nosotros nos interesa especialmente su dimensión literaria. Sus libros están escritos con la entraña. La pólvora que derrocha en todos sus escritos es una crítica demoledora al momento histórico que le tocó vivir. Sería por eso que sus libros no tuvieron demasiado éxito ni alcanzaron verdadera difusión hasta después de su muerte. Boris Vian falleció en un cine, en el patio de butacas, durante el estreno de una película basada en su novela más conocida: Escupiré sobre vuestra tumba. El escritor había renegado públicamente de esta adaptación a la pantalla y mostró su descontento muriéndose durante la proyección. Por si fuera poco, ese día los empleados del cementerio andaban de huelga (¡Aaaah! ¡La France siempre será La France!), así que sus amigos tuvieron que enterrarle por su cuenta. ¿De verdad que no te apetece leer nada de este hombre?

En el centenario de su nacimiento seleccionamos El desertor, interpretado por Vian (cantante), todo un referente antimilitarista del siglo XX. El segundo vídeo es una canción de Diane Tell, con letra del mismísimo Boris Vian (escritor).

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María, Alonso, Julieta y un tal Romeo

Cuando María entró por la puerta, los chicos de la ESO ya se habían desayunado con Cervantes y un corrusco de Shakespeare a cuenta del Día del Libro. Las profesoras de Lengua prepararon el terreno para que a última hora de la mañana el espíritu de los dos escritores se colara en las clases como ese viento cálido que empuja los rodamundos.  Los más se sorprendieron de la energía de nuestra invitada, una tremolina pelirroja multiplicada aquí y allá en decenas de gestos, balanceos y sorbitos de agua para recuperar el aliento. El escenario se transforma. El aula ya no es un aula. o al menos no lo parece cuando Romeo dice aquello de que el amor busca al amor como el estudiante huye de sus libros, y el amor abandona al amor como el niño que deja sus juegos para regresar al estudio… Julieta se estremece:  ¡Oh Romeo, Romeo! Si yo pudiera hablar a gritos… La palabra escrita recobra la vida, se abre paso a saltos por encima vocablos arcaicos,  de sentimientos eternos que la pasión juvenil enciende en el corazón de los oyentes, conmovidos quizá por el triste final que aguarda a los protagonistas, aunque también sorprendidos por la fuerza del texto inmortal. Cuando le llega el turno a Don Alonso Quijano, las aspas son brazos terminados en cucharones de madera, y la cordura de Sancho no nos parece sino una innecesaria rúbrica a la locura de su señor, vuelto lanza en el ristre contra el molino, que lo sacude y lo maja al punto de hacernos creer a todos que realmente se trataba de un gigante de casi diez varas de alto, un ser ominoso que posiblemente la sensatez nos haya hurtado por vernos reír de los desvaríos ajenos. Al toque del último timbre de la jornada las ilusiones se desvanecen, y el punto final cae y rueda por el pasillo, seguido por la desbocada chavalería, ávida de libertad. Se llevan con ellos algunos versos, el recuerdo apresurado de los clásicos y las narizotas rojas que les regaló María Alonso, indumenta perfecta para vestir de sueños lo que resta del día. Así que, sin más demora, pongámonos a leer…

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felices idiotas

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Si estás desorientado, confuso, turbado, perplejo… escucha a Georges Brassens. Las letras de Brassens destilan inconformismo corrosivo, mala leche cósmica. Si te sientes abochornado, desconcertado, si no entiendes lo que pasa a tu alrededor, si te resulta imposible hacerte entender en tu propio idioma, si te satura tanta palabra vacía, escucha a Brassens. Los monigotes musicales de este francés casual adornan las ilustres chepas de los padres de la patria, de los profetas amnésicos, de los fiscales estériles. Si no sabes hacia dónde mirar, si el horizonte se escora peligrosamente hacia el desastre, si temes que el mundo deje de girar en horas de oficina, si te provocas el vómito con dos dedos de frente, escucha a Georges Brassens.  Si el profesor no sabe distinguir el eclipse de un parche en el ojo, si los tontos que conoces sientan cátedra, si el notable alto está por encima de tus posibilidades, entonces escucha a Brassens. Escucha cuando le canta a los idiotas felices que compadecen al desgraciado que no tuvo la fortuna de nacer en su bastión, en su provinciano terruño, los imbéciles agradecidos de no se sabe qué gloriosa herencia, dispuestos a saltar de su agujero y poner en fuga al inmigrante, al intruso al que miran con desprecio desde su pedestal, al que señalan con el dedo inquisidor con el que también advierten y amenazan. Lo dicho: si estás así, lee a Brassens

nietzsche es mi fetiche

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Cuando por casualidad nos topamos con esta canción de Las Estrogenuinas punteando las guitarras con esas caritas de escolares aplicadas, nos llamó la atención que se tomaran un respiro para leer a Federico Nietzsche. De la rima que da título al tema se puede decir bien poco, salvo que está en la línea de su otra pieza de inspiración literaria: Orgía en casa de los Buendía. Podemos colegir, sin embargo, que el autor de la letra se hizo un par de largos, estilo libre, por los escritos del filósofo sin encontrar empero las palabras que conciliaran el discurso nietzschiano con una métrica razonable. Nos quedamos pues con esa invitación a leer al filósofo del prominente mostacho y mirada estrábica, estampa del Federico recluido de sus últimos años. ¿Resulta demasiado atrevido proponer la lectura de este peculiar personaje? Por encima de su reputada condición de pensador pirado, sobresale la originalidad de la obra y el talento como escritor, una cualidad que desgraciadamente no poseen otros autores de pareja talla intelectual pero literariamente infumables. El estilo aforístico y directo de parte de su obra es consecuencia de su incapacidad para aplicarse a la tarea de escribir: a los pocos minutos de ponerse a ello le sobrecogían dolores espantosos. Contaba, pues, con escaso margen para plasmar las ideas. A pesar de ello, le dio un buen meneo a la ortodoxia intelectual de su época, cargándose los fundamentos de la moral cristiana imperante y proponiendo una suerte de nihilismo un tanto contradictorio que fue interpretado a su antojo por ciertos herederos reales e intelectuales, desdibujándolo hasta convertirlo en un garabato panfletario. No le haríamos justicia a este hombre demasiado humano si tan solo nos quedáramos con esa imagen de chalado que ilustra la mayoría de los manuales. El pequeño Fritz, como le llamaba su hermana, fue un señor muy lúcido, aunque dependiente, inestable, débil y enfermizo, bastante prolífico aunque su producción cesara abruptamente a los cuarenta y cuatro años de edad a causa de una demencia que nada tuvo que ver con su trabajado discurso filosófico. La recomendación que aquí toma forma se extiende a libros accesibles sobre su vida y su obra como El superhombre y la voluntad de poder de Toni Llácer, o la biografía de Miguel Morey, relato de un itinerario vital nada desdeñable si se tiene en cuenta que la trayectoria de Nietzsche se cruzó con la de otros personajes dudosos y apasionantes como Richard Wagner o la rompedora Lou Andreas Salomé, que bien merece otro artículo aparte. En su época Nietzsche fue prácticamente desconocido hasta el punto de que él mismo sufragaba las ridículas tiradas de sus libros. Pero con el paso del tiempo, sus propuestas lo convirtieron en un autor sumamente estimulante. En la actualidad ha sido recuperado y vindicado, en un esfuerzo casi imposible por convertirle en un filósofo políticamente correcto, lo que para nosotros justifica más que de sobra su lectura.

https://www.youtube.com/watch?v=_OEVXfk10qk

no lo pienses dos veces

http://www.youtube.com/watch?v=3EH_L-rrGxU

Suponemos que la decisión del Comité Nobel de Literatura habrá sorprendido a todos, tanto a los que se afanan por buscarle virtudes al poeta kazajo que será galardonado a más tardar en la próxima edición, como a aquellos que reivindican los laureles suecos para esos clásicos vivientes que están a puntico de palmar. Pues ya está: el Comité hace lo que le viene en gana porque para eso es el Comité y juega en casa. Quizá para ahorrarse los apuros de tal dilema le haya dado por pasar la patata caliente y consultar a las bases, ahora que está tan de moda. Cierto es que al agraciado, con el mismo mérito, se le podía haber concedido el premio de química, el de economía o, puestos a ello, el de la paz, que se lo entregan a cualquiera. O los tres. Yo me imagino que esto de seleccionar nobelables es un lío, que candidatos debe de haber a espuertas y que, entre tanta ganga, lo mismo te inclinas por a un abisinio que escribe cuartetas con los pies como condecoras a Bob y elevas su armónica a la categoría de insigne rúbrica literaria. Quizá el verdadero problema es que al Nobel le faltan categorías. Hay que ver cuántos nobeles se han perdido, por ejemplo, el cine y el mundo del espectáculo en general. Billy Wilder, por ejemplo. O Lubitsch. O Berlanga. Que más letras que Bob sí que tenían. Y son tan solo tres autores de los muchos que se nos vienen ahora mismo a la cabeza, sin pensarlo dos veces. Vamos… que si en su momento el Comité se hubiera puesto por la labor, los premios Óscar se habrían quedado a la altura de la Faba de Oro. Nosotros nos imaginamos ahora a Dylan, en el trastero de su casa, mirando de reojo el premio Príncipe de Asturias que le enviaron por paquetería urgente y meditando sobre la oportunidad de ir a recoger el regio presente al país de Carlos Gustavo, con el frío que hace. La polémica de si el premio es justo o no resulta totalmente artificial. Dylan es un trovador carismático que le ha puesto banda sonora a buena parte del pasado siglo XX. Digamos que para una generación de carrozas es un químico de las emociones, un físico de las vibraciones, un biólogo de los sentimientos y un economista de los gestos. Pero literato, literato, lo que se dice literato… Ni falta que hace: este año nos quedamos sin galardonado en Literatura porque fue Nobel a quien se le concedió un Dylan y no al contrario.

http://www.youtube.com/watch?v=u-Y3KfJs6T0
http://www.youtube.com/watch?v=VV9aky8YCug

obstat sexus

teresa_biblioluces

A estas alturas, nadie niega que la Santa escritora fuera extraordinariamente inteligente. No en vano era descendiente de judíos —judíos conversos, eso sí— y en su casa nunca faltaron libros a los que la futura reformadora se aficionó desde pequeñita, ávida como estaba de ejemplos e historias que colmaran su incipiente interés por la aventura, aunque fuera a través del misticismo al que más tarde ella pondría brillantes letra y música. No vamos a entrar en los detalles de su vocación religiosa, ni en la supuesta epilepsia extática que llenaba de gozo sus arrebatos místicos, aunque animamos a los curiosos a que indaguen adónde fueron a parar las incontables reliquias, fruto del concienzudo descuartizamiento post mortem. Nosotros nos quedamos bien a gusto en la dimensión literaria por lo que tuvo de novedoso en la España del siglo XVI. Teresa escribe y escribe, y no solo para las hermanas del convento. La suya es una vocación literaria que sus confesores, algunos de ellos rematadamente idiotas, alientan a modo de terapia con la esperanza de atemperar así la infatigable efervescencia de aquella incordiante mujer. Pero ella busca también la aprobación de los que considera de superior talla intelectual, entre los que está San Juan de la Cruz. Sin embargo, fue entre los suyos donde halló mayor oposición de palabra y obra: censurada al detalle, siempre en el punto de mira de la Inquisición y juzgada con pravedad por una jerarquía que tenía en muy poco a la mujer, sus obras vieron la luz tras su muerte gracias al empeño de unos pocos. Todavía a principios del siglo XX, el Papa de Roma le negaba la dignidad de «Doctora de la Iglesia» aludiendo a su condición de mujer (obstat sexus, el sexo lo impide). Hoy en día, la lectura de Teresa de Cepeda puede rozar el esnobismo; de hecho, se cuentan con los dedos de su incorrupta mano aquellos que saben de alguna obra suya o han leído siquiera uno de sus poemillas. Pero resulta obligado conocerla y aun tenerla en buena estima por su innegable contribución al castellano así como por su indomable espíritu femenino, determinado y enérgico.

Quiso el Señor que viese aquí algunas veces esta visión: veía un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo, en forma corporal, lo que no suelo ver sino por maravilla; aunque muchas veces se me representan ángeles, es sin verlos, sino como la visión pasada que dije primero. En esta visión quiso el Señor le viese así: no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos que parecen todos se abrasan. Deben ser los que llaman querubines, que los nombres no me los dicen; mas bien veo que en el cielo hay tanta diferencia de unos ángeles a otros y de otros a otros, que no lo sabría decir.

Libro de la vida, 1565

Entonces veo venir, sin misterio de aparición, chocando el hábito duro contra los bojes recortados, una vieja monja que se pone a mi lado. Sigo caminando y ella va conmigo. Un poco gruesa, nada ascética, sonríe con risa de boca grande, de sanos dientes; la mejilla es llena y las facciones vigorosas.
-A ver si me dejas, me dice, que yo te haga ver la Castilla mía, para que la comprendas. Mira que es vino fuerte que necesita potencias firmes y que tú vienes de América y tus sentidos son gruesos para una tierra de aire sutil. Conozco a tus gentes y quedó sangre de los míos sembrada por el valle de Chile.
Me mira con sus ojos grandes, y la conozco por su naturalidad y por el tono con que escribía unas bravas cartas a Felipe II.
Sois «la andariega», le digo; los españoles te llaman todavía «la fundadora» y los pedantes «la loca del amor a Cristo».
-Sí, dice, fundaba; levanté por aquí conventos, ya ni sé cuantos. Te puedo guiar sin ir preguntando, hasta la frontera del Portugal. Ahora hacen mapas para andariegos. Yo medí mi Castilla caminando; llevo el mapa vivo bajo mis pies, hija. No me cansé de fundar. Tú, mujer de Chile, sin fundar, te has cansado.
-Es cierto, madre.
-¿Sabes por qué? Porque has querido fundar condescendiendo con los hombres, sujetando tu impulso, así se construye sin alegría y la obra, que sale muerta, ni la aprovecha ni Dios ni el Diablo. Yo, fundaba, hija, según el croquis divino que se me pintaba en el pecho. Y no buscaba gustar a nadie. No era para ésos mi fiesta y ¡qué habla de gustarles! ¡Te acuerdas que salí a los cuatro años, fugada con mi hermanito, en busca de herejes que nos descabezaran! Nos hicieron volver, y casi paró la hazaña en azotes; pero estaba la vida para el desquite. ¡Y en grande me desquité, tú lo sabes!

Grabiela Mistral (1889-1957)

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