
Cogiendo la ocasión por los cuernos y sin hablar al tuntún, rendimos las cuentas del Gran Capitán sin tenerlas todas con nosotros para decirte que hay libros que se pueden mandar a la porra y otros que valen su peso en oro. Pero con intención de arrimar el ascua a nuestra sardina, y como no damos puntada sin hilo, vamos a proclamar las verdades de Perogrullo y recomendar sin dar mucho la lata la obra 150 famosos dichos del idioma castellano (Luis Junceda. Susaeta, 1981). Son legión los libros (como los de texto, sin ir más lejos) cuya utilidad brilla por su ausencia. En cambio este volumen de nuestra biblioteca, que es más viejo que el tebeo, ofrece para el que no quiere quemarse las cejas ni andar al retortero una ocasión inmejorable para dar en el clavo y pasar una noche en blanco aunque no entienda ni jota, que no morirá de cornada de burro, pero evitará hablar por boca de ganso como si fuera un bolonio. Digamos que para saber más que Lepe en esto de los dichos castellanos, basta con llamarse a andana y ponerse las botas leyendo el origen de tantas frases hechas, bien sea para matar el gusanillo, bien para llevarse el gato al agua en alguna tertulia de café antes de que se arme el Tiberio cuando alguien que presuma de saber la Biblia en verso quiera darte gato por liebre.
Aunque con formato infantil, este tomo es la Caraba y vale lo que pesa. Así que vamos a dar un cuarto al pregonero y antes de tomar las de Villadiego o de que quedemos como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando, sugerirte que si tienes buenas aldabas o te gusta escribir más que el Tostado, pruebes a componer un texto sin muchas ínfulas que aunque no valga ni la bula de Meco (que eso importa un bledo), te ayude a conocer con la fe del carbonero las sugerentes expresiones que enriquecen el idioma español cuando se pone de tiros largos. Y te lo decimos con más orgullo que Don Rodrigo en la horca.
Como ya hemos puesto los puntos sobre las íes, liamos los bártulos, ponemos pie en polvorosa y nos marchamos a la francesa a freír espárragos, antes de que nos carguen el muerto y digan que mentimos más que la gaceta.
Y, como dijo el otro, si sale con barbas San Antón, y si no… la Purísima Concepción.











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