Autor: FJR (Página 16 de 84)

leer historia

La Historia es una materia fundamental. Las matemáticas o la Lengua Española también lo son. Pero la Historia así, con mayúsculas, lo es en sí misma porque encierra no solo las claves del pasado, sino también las del futuro, nos enseña por qué somos lo que somos e interpreta las quebradas líneas del progreso a la luz de las evidencias, las pruebas o los hallazgos. Leer historia es apasionante. Pero conocer la historia es algo crucial en una sociedad abierta y democrática. Casi diríamos que es deber de todo buen ciudadano vacunarse contra la demagogia y la información tendenciosa, contra las falsas ideologías y los tahúres televisivos que secuencian un pensamiento pesado y vacío en breves e insustanciales sentencias de tuíter.  Puede ser que algo de culpa tengamos nosotros, los docentes, de que la estulticia se haya instalado en casi todos los ámbitos del poder, pero debemos apelar a un compromiso de ciudadanía responsable que implique saber de los antecedentes remotos y de los más recientes, conocer los orígenes de España, valorar la autoridad de las fuentes e identificar dudas e interrogantes abiertos donde otros prohíben, censuran o sencillamente inventan o tergiversan. Los libros de texto, los verdaderos promotores del saber estático y acrítico, no han contribuido precisamente a este objetivo. Los reinos de taifas autonómicos han encargado textos a la medida de sus ambiciones o delirios, distribuyendo a su gusto en el convulso tablero de los anales etiquetas de «buenos» y «malos», consideraciones morales difíciles de documentar porque la conciencia de los hombres y los determinantes de sus conductas no están sujetos a ningún teorema, pero mueven al odio y el revanchismo con una facilidad pasmosa. Ahora que todos los esfuerzos por descifrar las claves de la convivencia se van al traste, que el nacionalismo vuelve a sacrificar en el ara de de la corrupción política todo lo que hicimos o quisimos hacer, mucho nos tememos que ya no será posible que las nuevas generaciones se muestren orgullosas del trabajo colectivo de un país que, más o menos avenido, siempre deseamos que fuera el de todos. Porque una vez más esa Historia que no conocemos, esa Historia que nos han escamoteado, que han falseado y contaminado, la Historia de España al fin, está condenada a repetirse.

https://www.youtube.com/watch?v=N5FNZoT-DMc

nietzsche es mi fetiche

https://www.youtube.com/watch?v=1bzPJY7bCZM

Cuando por casualidad nos topamos con esta canción de Las Estrogenuinas punteando las guitarras con esas caritas de escolares aplicadas, nos llamó la atención que se tomaran un respiro para leer a Federico Nietzsche. De la rima que da título al tema se puede decir bien poco, salvo que está en la línea de su otra pieza de inspiración literaria: Orgía en casa de los Buendía. Podemos colegir, sin embargo, que el autor de la letra se hizo un par de largos, estilo libre, por los escritos del filósofo sin encontrar empero las palabras que conciliaran el discurso nietzschiano con una métrica razonable. Nos quedamos pues con esa invitación a leer al filósofo del prominente mostacho y mirada estrábica, estampa del Federico recluido de sus últimos años. ¿Resulta demasiado atrevido proponer la lectura de este peculiar personaje? Por encima de su reputada condición de pensador pirado, sobresale la originalidad de la obra y el talento como escritor, una cualidad que desgraciadamente no poseen otros autores de pareja talla intelectual pero literariamente infumables. El estilo aforístico y directo de parte de su obra es consecuencia de su incapacidad para aplicarse a la tarea de escribir: a los pocos minutos de ponerse a ello le sobrecogían dolores espantosos. Contaba, pues, con escaso margen para plasmar las ideas. A pesar de ello, le dio un buen meneo a la ortodoxia intelectual de su época, cargándose los fundamentos de la moral cristiana imperante y proponiendo una suerte de nihilismo un tanto contradictorio que fue interpretado a su antojo por ciertos herederos reales e intelectuales, desdibujándolo hasta convertirlo en un garabato panfletario. No le haríamos justicia a este hombre demasiado humano si tan solo nos quedáramos con esa imagen de chalado que ilustra la mayoría de los manuales. El pequeño Fritz, como le llamaba su hermana, fue un señor muy lúcido, aunque dependiente, inestable, débil y enfermizo, bastante prolífico aunque su producción cesara abruptamente a los cuarenta y cuatro años de edad a causa de una demencia que nada tuvo que ver con su trabajado discurso filosófico. La recomendación que aquí toma forma se extiende a libros accesibles sobre su vida y su obra como El superhombre y la voluntad de poder de Toni Llácer, o la biografía de Miguel Morey, relato de un itinerario vital nada desdeñable si se tiene en cuenta que la trayectoria de Nietzsche se cruzó con la de otros personajes dudosos y apasionantes como Richard Wagner o la rompedora Lou Andreas Salomé, que bien merece otro artículo aparte. En su época Nietzsche fue prácticamente desconocido hasta el punto de que él mismo sufragaba las ridículas tiradas de sus libros. Pero con el paso del tiempo, sus propuestas lo convirtieron en un autor sumamente estimulante. En la actualidad ha sido recuperado y vindicado, en un esfuerzo casi imposible por convertirle en un filósofo políticamente correcto, lo que para nosotros justifica más que de sobra su lectura.

https://www.youtube.com/watch?v=_OEVXfk10qk

humillos o el innegable mérito de no saber leer

https://www.youtube.com/watch?v=Bc1QGF0t91c

Sigue faltando la buena lectura que nos haga malos los que por malos tenemos, y mezquinos y tontos los que pintan rubor en las mejillas de tan solo oillos, por lo mucho que yerran y lo poco que atinan en el gobierno de la república, que alardean de las coces y los rebuznos como si fuera idioma universal, cuando solo a ellos les atañe. Y para que todo lo escrito se entienda, vendré a decir que no hay mayor osadía que imitar a Cervantes y tomarle la palabra como si fuera propia, pues no hay dos que escriban y describan tan bien los vicios pasados y presentes, como lo son la ignorancia de los que nos gobiernan y la mayor y sobrada querencia al asta de la burricie de los que aspiran a sucedellos, que no hay más que oír la jerigonza de estos telesúcubos sobrados para ver lo mucho que desprecian el saber, y con él, a todos los que acuden a ellos para reclamar justicia, discreción, gobierno y mesura, pues no hay nada más lejos de su lugar de origen que tales conceptos, rebozados en lodo pegajoso, tan ocultos en la negrura de su corteza que apenas distinguirse pueda una lezna de cordura o de buen juicio. Y para el que de esto dude, siga por extensión ponerle remedio a la duda leyendo los Entremeses cervantinos, obritas jocosas que los escolares estudian pensando que su lectura es casi imposible, y que ponderan en las pruebas de saber sin saber siquiera si hay letras bajo el epígrafe. Y vaya si las hay, que siendo piezas bien cortas y medidas, enseñan más de lo que pudo enseñarle un asno a otro con solo leerlas, si se sabe, o verlas y escucharlas en las muchas representaciones que se paran en la pantomina de los personajes, tan reconocibles por necios que sus nombres les delatan antes siquiera de pisar la escena: Pedro Estornudo, Juana Castrada, Humillos, Mostrenca, Trampagos, Teresa Repolla, Alonso Algarroba… Pasen y vean pues, ahora que hay tiempo, que todos los vicios que nos hacen españoles, seamos andaluces, vizcaínos, extremeños o catalanes, ya hubo quien los describió con pluma lúcida y certera hace cuatrocientos años, señalando a los que no leen ni tienen trazas de aprender como los únicos candidatos a ocuparse de la cosa pública que ahora dan en llamar de interés general: «¿Sabéis leer, Humillos? No, por cierto, ni tal se probará que en mi linaje haya persona tan de poco asiento, que se ponga a aprender esas quimeras, que llevan a los hombres al brasero, y a las mujeres a la casa llana. Leer no sé, mas sé otras cosas tales, que llevan al leer ventajas muchas. Sé de memoria todas cuatro oraciones, y las rezo cada semana cuatro y cinco veces. Y ¿con eso pensáis de ser alcalde? Con esto, y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano».

https://www.youtube.com/watch?v=4_Geju4DjLk

el bestiario de Rochester

Dos asnos. El que está pintado de azul es un onagro, recia estirpe de équidos con fama de indómitos. Su porte es imponente y mira al frente con orgullo. El otro es un asno común. Con la cabeza gacha y la expresión triste es la viva imagen de la sumisión. Ambos llevan los arreos propios de la doma. Dos hombres. Son muchachos de mofletes sonrosados vestidos con túnicas largas, sin aberturas, que en el caso del que está de pié deja ver unas calzas bermejas. Por sus prendas se diría que pertenecen a un estrato social bajo. El primero de los chicos está subido a la grupa del animal en singular equilibrio. Sujeta un flagelo en lo alto dispuesto a descargarlo sobre el lomo de la bestia, mientras que con la mano izquierda le toma de las riendas. En su cara se dibuja la firmeza con la que sujeta a la bestia. Su compañero esta de pié y porta al hombro una verga gruesa, que agarra por un extremo con la mano derecha. El gesto del brazo izquierdo extendido incorpora a la escena la somera fórmula que parece sugerirle al compañero: «Si no obedece, que sienta en sus carnes quién es el que manda. Así lo hice yo». Los onagros provenían de Asia y África. Considerados más fuertes y fogosos que sus primos, los jumentos domésticos, se tenía por cierto que su tenaz voluntad salvaje era difícil de doblegar. Recogiendo en parte los testimonios de fuentes clásicas, el Bestiario de Rochester ilustra en otra miniatura la brutalidad de los machos dominantes: se decía que castraban a mordiscos a los oponentes sometidos e incluso a los borricos recién paridos (f. 39v). Las cuatro figuras componen una escena enmarcada que contrasta sobre fondo dorado, en este caso deteriorado. Los colores de la viñeta son semitransparentes, aplicados dentro de los contornos negros que marcan los pliegues de la ropa y delimitan las formas de los personajes. Las luces y las sombras se obtienen aplicando doble capa de color o con toques de pigmento blanco que destacan los músculos de los animales, en un estilo característico de este anónimo maestro iluminador. De él se conocen otras obras, entre ellas dos delicadas biblias que aun se conservan. Este bestiario se custodia en la British Library, que lo exhibe virtualmente en la sección de manuscritos. Con el objetivo de conocer mejor las técnicas de los maestros medievales, estamos preparando un panel a escala que reproduce la escena comentada, con el afán de que su pública exposición libere al menos a una de estas magníficas imágenes de su obligada clausura, entre los folios centenarios de un códice de principios del siglo XIII, como por otra parte también han hecho los autores de este vídeo, que está inspirado en la imagen f. 45 de la ya citada obra.

El bestiario de Rochester en la British Library

Otro bestiario: Incipit liber de natura bestiarum (s. XIII)

adaptado

Las buenas intenciones, y mucho menos las buenas intenciones pedagógicas, no siempre se justifican por sí mismas. Pongamos un ejemplo: es frecuente que nosotros, los docentes, que mostramos un respeto reverencial por los textos consagrados, induzcamos a las nuevas generaciones de lectores que tímidamente se asoman a los estantes repletos de libros a que se recreen en las llamadas adaptaciones, que de ordinario extraen por la herida abierta en el lomo de un clásico la anécdota de su argumento o el resumen más o menos atinado del contenido. Hablamos entonces de obras concebidas para niños, para jóvenes, para estudiantes, para escolares… De un análisis no excesivamente riguroso de la oferta se desprende una evidencia inquietante: estos textos alternativos no solo están a años luz de sus modelos en cuanto a calidad estética y literaria, lo que por otro lado resulta natural, sino que adolecen de una ramplonería que no guarda correspondencia con los incipientes intereses del implume lector. Algunos autores ya advierten el desaguisado: «La adaptación, sin duda, facilita el esfuerzo del joven lector, pero al mismo tiempo, puede acostumbrarlo a la pasividad. ¿Podrá, más adelante, encarar el esfuerzo de leer en su versión completa una obra que creyó -equivocadamente- que ya conocía? ¿No sería mejor esperar algunos meses o algunos años más y ofrecerle luego el texto íntegro?» (Marc Soriano en La literatura para niños y jóvenes). Y es que los valores que encierra una obra maestra de la literatura universal no pueden decantarse; forman parte de ella. Y a todos sus méritos, si los hubiere, hay que añadirle la demostrada capacidad para sobrevivir a modas y corrientes e inspirar a lectores de toda época y condición, lo que precisamente les convierte en modelos de referencia, inmarcesibles y siempre vigentes. De todas formas hay que reconocer que existen adaptaciones y adaptaciones: a decir de Vargas Llosa en el prólogo que le dedica, el escritor Andrés Trapiello se aplicó durante catorce años a retirar los tiznados y las manchas de polvo de El Quijote, y aunque no haya nada que reprochar a este esfuerzo de actualización, nos encontramos con un texto limpio y respetuoso que a juicio de algunos —entre los que nos encontramos— ha perdido las resonancias barrocas y ese punto grandilocuente del rico lenguaje cervantino. Si tu eres de los que se asustan ante El Quijote original, has de saber que la alternativa del siglo XXI ya está publicada, aunque después de analizar las diferentes versiones nosotros sigamos opinando que Cervantes, por mucho que digan, no necesita traductor.

Pasamonte, que no era nada bien sufrido, habiéndose dado cuenta ya de que don Quijote no estaba muy cuerdo, pues había acometido el disparate de querer darles libertad, y viéndose tratar de aquella manera, guiñó el ojo a los compañeros, y apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no daba abasto a cubrirse con la rodela; y el pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si estuviese hecho de bronce. Sancho se puso tras su asno y con él se defendía de la nube y pedrisco que llovía sobre ambos. No se pudo escudar tan bien don Quijote como para que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, y con tanta fuerza, que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído, cuando fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza y le dio con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con lo que la hizo pedazos.

Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate había acometido como el de querer darles libertad, viéndose tratar de aquella manera, hizo del ojo a los compañeros, y, apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras sobre don Quijote, que no se daba manos a cubrirse con la rodela; y el pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si fuera hecho de bronce. Sancho se puso tras su asno y con él se defendía de la nube y pedrisco que sobre entrambos llovía. No se pudo escudar tan bien don Quijote, que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, con tanta fuerza, que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído, cuando fue sobre él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza y diole con ella tres o cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo pedazos.

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