Categoría: atrapa al personaje (Página 10 de 10)

al maestro mingote

Hace tres días colocamos la cabecera dedicada a Mingote. Nuestra intención era (y continua siendo) revisar la figura y la obra del longevo escritor y dibujante. Desgraciadamente, el maestro ha fallecido hoy mismo. Desde aquí nos queremos sumar al pesar de todos aquellos que le admiraban y le respetaban, y no sólo por ser un clásico del humor gráfico español sino, sobretodo, por ser buena persona.

un día de libro

Como viene siendo tradición celebramos este día del libro, aunque sin mucho entusiasmo, la verdad. O por lo menos con el mismo o parecido con el que amanecemos el Día De la Industrialización de África (20 de noviembre), el Día Mundial de la Bicicleta (19 de abril) o el Internacional de la Risa (1 de mayo, coincidente con el día de los Trabajadores). Aunque sería una pena no aprovechar los incisos de todos los telediarios dando la matraca con lo mismo: que el 24% de los españoles leen boca arriba, que leer es bueno para el asma, que según la Universidad de Utah and Environs las culturas que leen de derecha a izquierda (que son la mayoría) lo entienden todo al revés… Algunos docentes saben que en el mensaje institucional éste de que leer es fundamental para la formación y la capacitación de los estudiantes hay algo, un hueso, que se escupe sin más después de tragarnos la pulpa, y que es precisamente la simiente que promueve la lectura y la escritura como baluartes de la educación, la solvencia intelectual y el autoaprendizaje. Pues muy bien. Nosotros a lo nuestro. Contribuimos a la causa con dos aportaciones: por un lado un vídeo propio de la productora «Tiempos Difíciles», que sustituye a «La Pluma», en suspensión de pagos e inmersa en un concurso de acreedores; por el otro, un mensaje que suscribimos y que nos invita a pensar que si todos comulgáramos con el ejemplo, otros gallo nos cantaría… Feliz día.

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el gesto de oliverio

Cuando Oliver Twist levanta su escudilla toda la estructura de poder a su alrededor se tambalea. El hambre ha servido para dominar y sojuzgar, pero también ha movido levantamientos y revoluciones. No hay razones políticas o de estado que conmuevan un estómago vacío. El gesto del niño solicitando otra ración de gachas es la señal de que el hambre le está ganando la partida al miedo. Por eso los despóticos y corruptos responsables del hospicio no están dispuestos a dejar que las cosas queden así. Mejor cortar por lo sano el tierno vástago que empieza a brotar. Los profundos cambios productivos, económicos y sociales que se producen en la Inglaterra de la primera mitad del siglo XIX se llevan por delante todo un modo de vida. Las pujantes ciudades acogen sucesivas olas migratorias procedentes del campo que, como siempre ocurre, acuden al reclamo de una vida mejor. Las metrópolis sufren un proceso de transformación rápido y desordenado. Acuciada por la necesidad de sobrevivir, la masa desempleada deambula por calles estrechas y sucias buscando ocupación; la delincuencia y el crimen se hacen dueños de la ciudad, atropellando las aspiraciones de niños famélicos, que aprenden en la calle lo que otros en la escuela. La novela victoriana concentró sus miradas en las condiciones en las que vivía la población. Esta faceta le proporcionó un carácter popular y una importancia de la que jamás antes había disfrutado. Los escritores de esta época no pueden mantenerse ajenos a la miseria moral y material que el progreso trae de la mano, y deshacen tesis de redención en los argumentos de sus historias, en algunas ocasiones para poner en solfa los inconmovibles cimientos éticos de la hipócrita sociedad británica; en otras para denunciar la flaqueza y la podredumbre del alma humana.

En el hospicio, el hambre seguía atormentando a Oliver y a sus compañeros: sólo les daban un cacillo de gachas al día, excepto los días de fiesta en que recibían, además de las gachas, un trocito de pan. Al cabo de tres meses, los chicos decidieron cometer la osadía de pedir más comida y, tras echarlo a suertes, le tocó a Oliver hacerlo. Aquella noche, después de cenar, Oliver se levantó de la mesa, se acercó al director y dijo:
-Por favor, señor, quiero un poco más.
-¿Qué? -preguntó el señor Limbkins muy enfadado.
-Por favor, señor, quiero un poco más -repitió el muchacho.
El chico fue encerrado durante una semana en un cuarto frío y oscuro; allí pasó los días y las noches llorando amargamente. Sólo se le permitía salir para ser azotado en el comedor delante de todos sus compañeros. El caso del «insolente muchacho» fue llevado a la junta parroquial; ésta decidió poner un cartel en la puerta del hospicio ofreciendo cinco libras a quien aceptara hacerse cargo de Oliver
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«Oliver Twist»

cuando los pintores escriben: daalí (I)

Ante todo hay que decir que Salvador Dalí era un personaje calculadamente excéntrico. Todo un icono en vida. A su enorme talento como pintor ha de sumarse el dominio de las técnicas de márketing y autopromoción, lo que le reportó no solo grandes beneficios económicos sino diversión sin límite. Fue muy criticado por ello, aunque si hemos de ser justos, su caso no deja de ser un precedente ingenuo de la moderna explotación mediática de la imagen y la nada. Pero Dalí era algo más que un fantoche resabiado de bigote florido. También se le puede calificar sin rubor de artista lúcido, orador sincopado, brillante, mente debordada y creativa, cualidades todas puestas al servicio de la pintura, la fotografía, la escultura, el diseño, la escenografía teatral, la escritura… Es precisamente de esta última faceta de la que ahora nos proponemos hablar. La mayoría de su producción gira entorno a sí mismo, aunque hay excepciones: realizó una curiosa incursión en la novela («Rostros Ocultos«, 1943), de factura precipitada, caótica e informal. Pero más allá de la pura ficción, el fuerte de Dalí tal vez sea la expresión íntima de su pensamiento, un pensamiento recogido en ocasiones por otros autores que persigue la trascendencia por los tortuosos caminos del delirio: «Para escribir lo que sigue calzo zapatos de charol por primera vez desde hace mucho tiempo, zapatos que me vienen tremendamente apretados. Suelo ponérmelos antes de empezar una conferencia. El doloroso constreñimiento que ejercen sobre mis pies tiene la virtud de acentuar al máximo mis facultades de orador… La porfía física visceral, la tortura avasalladora provocada por mis zapatos de charol me fuerzan a derramar palabras repletas de verdades condensadas, sublimes, engendradas gracias a la suprema inquisición del dolor que padecen mis pies. Me pongo, pues, los zapatos y empiezo a escribir, de una forma masoquista y sin apresuramientos.» («Dalí me dijo» de Louis Pauwels). Nadie que se acerque a un libro escrito o inspirado por el pintor español se va a topar con la quintaesencia del discurso humanista, pero sí con una puerta entreabierta a la dimensión estrambótica del mundo blando, fijado con chinchetas en la retina de este visionario de instintos reprimidos.

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 http://issuu.com/nanometro/docs/la_pulga_surrealista

libro «la pulga surrealista»

veinte libras de yeats

Otro poeta impreso en un billete de banco. La notoriedad de William Butler Yeats no se debe a su nombre (Butler es “Mayordomo” en inglés), ni a su obsesiva naturaleza enamoradiza. Ni siquiera al Premio Nobel, galardón que recibió en 1923, concedida por la oportunista academia sueca. La relevancia de la poesía de Yeats radica en su profunda identificación con irlanda y lo irlandés. Desgraciadamente, la complejidad de su obra no otorga concesiones a los que debemos leerle en traducciones más o menos acertadas. El poeta nunca escribió verso libre, y eso hace particularmente difícil trasladar la musicalidad y el sentimiento del inglés al español, a pesar de que la riqueza de nuestro idioma se presta a todo tipo de contorsiones líricas. Es una pena que en la biblioteca no haya nadie que esté en condiciones de llegar al alma de su palabra… ¡Un momento! Acaba de pasar una muchacha con un pequeño libro bajo el brazo… ¿Y si fuera de Yeats? ¿Y si quisiera leernos algún poema? ¡Oye! ¡Aguarda! ¡No te vayas!…

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

Versión de Luis Zalamea.

el pícaro mozalbete


El equipo de Biblioluces se ha vestido de largo, como cada 23 de abril, para celebrar el DÍA DEL LIBRO como se merece. Este año hemos contado con la participación de los grupos de 1º de la E.S.O. y de sus tutoras. Preparamos una grabación conjunta de un pasaje de El Lazarillo, pero no de cualquier manera… Siguiendo directrices un tanto disparatadas, fruto de unas mentes perversas, los chicos tuvieron que leer y hasta cantar los fragmentos que les tocaron en suerte con la lengua afuera, impostando la voz, poniendo acento, sustituyendo unas palabras por otras… Publicaremos el resultado de tan extravagante experimento más adelante, cuando concluyamos de editar y montar las intervenciones de todos los locutores. Sirva ahora de muestra un pequeño reportaje del turno de 1ºA. Creemos que se cumplió con creces el objetivo de volver la mirada hacia un clásico para pasar un rato divertido. Como buenos aprendices de pícaro, los chavales supieron adaptarse a las circunstancias y salir airosos de la mayoría de las pruebas. Agradecemos la colaboración de Montse (de Matemáticas), Encarna (de Sociales) y Marisol (de Agraria). Y, por supuesto, de los benjamines de Luces.

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