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cuentos de navidad

«Cuento de Navidad»

Introducir la navidad con A Christmas Carol de Dickens es un topicazo en el que sucumbimos con gusto. Los buenos cuentos de navidad, tanto si llevan moraleja como si no, están cargados de una emotividad que avivan lo bueno que llevamos dentro. Circunscritos en el ámbito de unas fiestas doradas aunque no sea más que por el paréntesis escolar, los relatos navideños en los que aparecen niños famélicos, domadores de renos o viejecitas muertas de frío han hecho mucho daño al género; es posible despertar la sensibilidad a flor de piel sin utilizar suterfugios facilones, ni explotar clichés dickesianos reconstruidos con pésimo instinto literario. No dejaremos pasar la ocasión de homenajear al genial escritor británico, del que está a punto de cumplirse el doble centenario de su nacimiento. Pero con la coartada que nos proporcionan las fechas, adelantamos un poco esta celebración invitando a cuantos nos visiten a leer los relatos de Dickens, Andersen (El muñeco de nieve es nuestro preferido) o cualquier otro, acompañados del fondo musical apropiado y con la disposición propia de cualquier lector en cualquier época del año: la de pasárselo bien.

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amanecerá, que no es poco

libro «filosofía para principiantes»

En la Atenas del siglo V a. C., los teóricos que forjaron el pensamiento político occidental abordaron con precoz escepticismo tanto las ventajas como las enfermedades crónicas de la democracia. Todo el que hoy alabe o critique las fallas del sistema debe considerarse heredero de estos pensadores tan lúcidos que ya se plantearon el destino incierto de una sociedad gobernada por demagogos, aduladores, corruptos y torpes. Una corriente crítica que encabezaba Platón llamaba la atención sobre que «toda la democracia no había sido más que demagogia (…); y los demagogos, unos embaucadores del pueblo que, en vez de atender a la mejora de éste, habían cuidado sólo de su propio aventajamiento halagando y engañando a la multitud» (Manuel Fernández GalianoLa Génesis de La República). Platón no se cansaba de advertir la necesidad de un especial conocimiento para ejercer el poder: «le parecía locura que se designasen los magistrados por sorteo, siendo así que nadie querría seguir tal procedimiento para la elección de un piloto, un carpintero, un flautista u otro operario semejante cuyas faltas son menos perjudiciales que las de aquellos que gobiernan el Estado (Jenof. Mem.I 2, 9)» (Ibíd.). El célebre autor de Los Diálogos también veía absurdo que se sancione a un médico negligente que no guarda la salud de sus pacientes y que, sin embargo, no se castigue al que pretende dirigir un país sin haberse preocupado de formarse como estadista y ciudadano culto. No estaría mal que todos los que presumen de reinventar el mundo con ocurrencias de bombero echasen un vistazo hacia atrás y se reconciliaran con los que les precedieron en la preocupación por construir una sociedad justa, participativa y democrática, sea lo que fuere lo que esto signifique.

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los últimos días de pompeya

libro «los últimos días de Pompeya en cómic»

No hay fuerza humana capaz de contener la irrefrenable furia de la naturaleza. Cuando la Tierra se despereza, la civilización occidental se tambalea. Y es que cuanto más hundimos nuestros cimientos en el vientre de este mundo cruel, más próximos estamos a esa entraña incandescente sobre la que navegamos a todo trapo. Volcanes y terremotos son protagonistas de varios clásicos del cine y la literatura. Y no es por casualidad: las pasiones humanas se cocinan de maravilla al calorcito de la lava ardiente. Pompeya era una ciudad rica y pujante. Sus prósperos ciudadanos vivían en villas opulentas y solo tendían los brazos al cielo para reclamar el correo de las palomas mensajeras. Pero de repente se acabó la diversión: rugió el Vesubio y mandó a parar. Cuerpos y almas quedaron detenidos, petrificados y sepultados bajo toneladas de ceniza hasta que los restos de la urbe fantasma fueron redescubiertos a mediados del siglo XVIII. El Barón Lytton le puso letra a este drama en plena efervescencia arqueológica, y si bien su prosa es un pelín pesada, adivinamos en cada frase la intención de emocionar al lector con una buena dosis de romanticismo:

Lenta y dulcemente transcurrió la noche que precedió a los crueles juegos del circo y vio brillar la aurora del último día de Pompeya. El aire parecía tranquilo, pero singularmente pesado; una bruma transparente extendíase por los valles y barrancos de los vastos campos de la Campania.

De todas formas siempre nos quedarán otras ficciones más atrevidas o el cómic de las Joyas Literarias Juveniles que os enlazamos desde aquí mismo. Afortunadamente en la isla del Hierro la cosa no pasa (espero) de la creación acelerada de un palmo más de territorio patrio, que los científicos esperan ver emerger en breve y al que quizá, quién sabe, dentro de mil años le corresponda un nuevo diputado en Cortes.

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libro «el volcán»

la divina comedia

libro «La Divina Commedia»

Una cosa lleva a la otra: dicen que uno de los encargos bibliográficos de los que Dalí siempre se sintió más satisfecho fue la serie con la que ilustró la Divina Comedia de Dante. Y es que este poema tiene ingredientes épicos, románticos y oníricos que han atraído a artistas plásticos de todos los tiempos, desde Boticelli a Gustavo Doré, pasando por el propio Dalí, Ingres, Rodín o nuestro admirado José Ramón Sánchez, sin olvidar a otros como Miguel Barceló, que sin alcanzar el rango de pintor, hace lo que puede, el hombre. La Divina Comedia (que Dante tituló simplemente Commedia) gozaba de gran popularidad durante los siglos XIV y XV; algunas fuentes afirman que en vida del autor ya circulaban más de seiscientas copias de la obra. Aun cuando Dante fue un tanto olvidado durante el Renacimiento, el considerado «maestro de poetas» fue rehabilitado por los artistas e intelectuales del siglo XIX, prestigio que llega hasta nuestros días. A Dante se le estudia como padre del idioma italiano y su producción lírica es objeto de reverente devoción por parte de los amantes de la literatura culta. Vamos, que tampoco es cuestión de liarse la manta a la cabeza y sumergirse así, sin más, en una de las múltiples y dispares traducciones de la Divina Comedia… El que esto suscribe confiesa que no ha leído otra cosa que fragmentos de esta obra magna, lo que no le ha impedido disfrutar de las maravillosas ilustraciones que suelen incluir algunas de las numerosísimas ediciones de este clásico. Por encima de todas, seleccionamos una en concreto, rescatada de los fondos de la Biblioteca Nacional de España: se trata de una copia del siglo XV, manuscrita e iluminada sobre pergamino. Y es que, como ya se sabe, la invención de la imprenta no eliminó de manera inmediata la confección e iluminación de manuscritos; desde mediados del XV los libros comenzaron a imprimirse, pero el resultado final aspiraba a parecerse a una copia hecha a mano. Los libros como objeto preciado y precioso, siguieron transcribiéndose artesanalmente durante un tiempo. Y el calificativo de «precioso» le va como anillo al dedo a esta joya, en la que se ilustran con profusión cada una de las tres cantigas que conforman el poema. Todo un deleite para la vista que apreciarán en mayor medida los iniciados en la apasionante vida de su autor.

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daalí (y II)

libro «Confesiones Inconfesables

La relación de Dalí con los escritores y la literatura de su tiempo fue muy intensa. A los quince años hacía pequeñas incursiones en la poesía, publicando algunas composiciones en revistas locales. De aquella época se conservan poemas como «Cuando los ruidos se duermen«: «Y es entonces cuando al pálido/fulgor de una estrella,/junto al portal de una casa/antigua, se oye conversar/en voz baja. Y luego los ruidos/se duermen y el fresco/oreo de la noche meciendo/las acacias del jardín/hace caer sobre los/enamorados una lluvia/de flores blancas». De su época de estudiante en la Real Academia de San Fernando se recuerda la relación que mantuvo con el poeta García Lorca, así como de la amistad que ambos cultivaron desde que coincidieran en Madrid a principios de los años veinte del pasado siglo. En la «Oda a Salvador Dalí«, que el poeta escribiera en 1925, el amigo del alma queda así retratado:

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala,

pides la luz que anima la copa del olivo.

Ancha luz de Minerva, constructora de andamios,

donde no cabe el sueño ni su flora inexacta.

Como ideólogo del movimiento surrealista, Dalí formó parte de la vanguardia en la que militaban Eluard, Breton o Max Ernst entre otros, hasta que en 1939 fue expulsado del grupo, hervidero de tensiones políticas, bajo la acusación de «pesetero». Por aquel entonces, la popularidad de Dalí no hacía más que subir y subir hasta el punto de ser reclamado por Hollywood para escribir un guión para los Hermanos Marx, los cómicos del absurdo más populares del momento; con el título de Jirafas en ensalada de lomos de caballo, este proyecto nunca se llegó a consumar. Durante los convulsos años treinta y cuarenta del siglo XX, los conflictos entre totalitarismos y democracias llevan al mundo a una confrontación total. Dalí  decide entonces poner tierra por medio: se exilia primero en Francia y después en los Estados Unidos, donde ya era una celebridad. En la Nota sobre Salvador DalíGeorges Orwell escribe: «Cuando se acerca la Guerra Europea sólo tiene una preocupación (Dalí): cómo hallar un lugar con buena cocina y desde el cual pueda huir rápidamente si el peligro se aproxima demasiado. Se decide por Burdeos y a su tiempo vuela a España durante la Bátalla de Francia. Permanece en España el tiempo suficiente para recoger algunos relatos de atrocidades cometidas por los rojos, y después cruza a Norteamérica. La historia concluye en una aureola de respetabilidad. Dalí, a los treinta y ocho años de edad, se ha convertido en marido devoto, está curado de sus extravíos, o al menos de algunos, y se halla totalmente reconciliado con la Iglesia católica. También, según se infiere, está ganando bastante dinero». Muchos piensan que este juicio orweliano es un tanto injusto si comparamos el caso de Dalí con el de otros artistas supuestamente comprometidos como Picasso que, y esto es bien conocido, convivió tranquilamente con los nazis durante la ocupación de territorio francés. Dalí también fue ilustrador de libros, algo muy de su gusto, con preferencia por las viejas joyas de la literatura universal como «Alicia en el País de las Maravillas« de Carroll, el Quijote o el teatro de Shakespeare. Trabajó también con su paisano Josep Pla, por el que sentía cierta simpatía, mutua al parecer a pesar de las diferencias entre el uno y el otro. Las incursiones delirantes se materializaron incluso en una colaboración para un cortometraje animado del celebérrimo Walt Disney, Destino, estrenado después de múltiples avatares en el año 2003. Concluimos con un fragmento de «Diario de un genio«, escrito entre 1953 y 1964. Y es que más allá de la leyenda que el pintor forjó de sí mismo, no está claro que Salvador Dalí fuera un genio en toda la extensión de la palabra, aunque para ser justos habría que añadir que se le parecía bastante.

Yo empecé haciendo cosas extravagantes y me lo acabé creyendo. Quizá tenía genio; pero no lo sabía;… Que soy un genio, es decir una mezcla de estructuras muy complicadas con cierto don angélico, lo vi claro en la estación de Perpignan. Allí también vi la tercera dimensión, por su superposición de lentes parabólicas, como en un ojo de mosca. El descubrimiento de esta tercera dimensión para la pintura es más importante que mis obras de arte.

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los viajes de gulliver

los viajes de gulliver en cómic

¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! De libros y literatura ¿verdad? Pues allá vamos: Si hay alguien que dude sobre la posibilidad de viajar a otras dimensiones (nunca mejor dicho) le recomendamos que se lea Los viajes de Gulliver, el fantástico relato de aventuras recogido por el intrépido (a su pesar) viajero Lemuel Gulliver, alter ego del irlandés Jonathan Swift, que como curiosidad os diremos que es el creador del nombre Vanessa. Por todos son conocidas sus andanzas en el reino de los pequeñitos (Liliput) y de los grandotes (Brobdingnag), y menos las visitas a los reinos de Laputa y a nuestro favorito, el país de los Houyhnhnms, una especie de caballos parlantes a quienes Gulliver asombra con su gracia e inteligencia. A los aficionados al séptimo arte no les costará encontrar semejanzas entre esta aventura y el remedo de «El Planeta de los Simios» de Pierre Boulle, que dio lugar a la famosa versión cinematográfica dirigida por Franklin J. Schaffner. Hoy día, las celebérrimas aventuras escritas por Swift hace casi tres siglos siguen inspirando numerosas creaciones, entre las cuáles está la pésima película de Rob Letterman.

«La palabra houyhnhnm, en su lengua, significa caballo, y por su etimología, la perfección de la Naturaleza. Dije a mi amo que me encontraba en gran apuro para expresarme; pero adelantaría lo más de prisa que pudiese, y esperaba poder decirle maravillas en breve plazo. Se dignó encargar a su propia yegua, sus potros, sus crías y los criados de la casa que aprovecharan todas las ocasiones de enseñarme, y todos los días se imponía él igual trabajo durante dos o tres horas. Varios caballos y yeguas de calidad del vecindario venían con frecuencia a nuestra casa, atraídos por la fama de un yahoo maravilloso que hablaba como un houyhnhnm y parecía descubrir en sus palabras y actos ciertos destellos de razón. Se encantaban de hablar conmigo; me hacían preguntas, a las que yo daba las respuestas que me era posible. Con circunstancias tan favorables, hice tales progresos, que a los cinco meses de mi llegada entendía todo lo que decían y me expresaba bastante bien.»

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