Categoría: escribiendo por escribir (Página 14 de 19)

el gato se pone las botas

Todo el mundo conoce la historia de El gato con botas, ahora que está tan de moda por la película y la cargante publicidad. El animalito es un elemento de cuidado, y lo que más define su personalidad no son, como suele pensarse, las botarras esas que le llegan a la ingle. No. Lo que caracteriza al gato de marras es su capacidad para la oratoria. El felino de Perrault es un liante que se libró de ser devorado por su amo por ese piquito de oro que dios le dio. Con tanta rata suelta, este bicho da el perfil perfecto de buen gobernante: inteligencia y facilidad de palabra combinadas en cuerpo de gato. Pero no nos hagamos ilusiones: Biblioluces ha localizado al legendario personaje en su hacienda vitivinícola de Beaujolais donde, a decir de los expertos, elabora unos caldos de gran carácter y raigambre. Después de varias gestiones hemos obtenido unas reveladoras declaraciones en exclusiva. Para escucharle, aprieta el botoncito del play.

 

ruedas de molino

Alguien dijo una vez (no sé si con mucho conocimiento de causa) que la plena realización del ser humano pasa por plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. La primera tarea es llevadera: la dificultad radica en preservar el arbolito y mantenerlo sano y vigoroso; pero de ésto último el proverbio se desentiende. Al personal del género masculino, la segunda faena se le puede antojar un poco complicada, pero todo se andará. Y llegamos a la tercera que, en contra de lo que pudiera parecer, es la más fácil de todas: cualquiera puede escribir un libro. Y de hecho, las estanterías de las librerías están repletas de obras presuntuosas, retahílas de palabras o sucesos que no encierran más saber del que evocan sus tapas duras. Sin embargo, poderosos intereses comerciales intentan convencernos de lo contrario: grandes biografías de personajes sin sustancia, éxitos clamorosos antes siquiera de ser publicados, novelas imaginativas redactadas si pizca de imaginación, textos de autoayuda perversos y ñoños, memorias interesadas y oportunistas, segundas malas partes de peores primeras… Todo ello dispuesto entre títulos inspirados por el talento y el trabajo que, sin embargo, pasarán prácticamente desapercibidos. De entre los diez, los veinte o los cien libros más vendidos cada temporada, muy pocos se salvan de la mediocridad. Pero eso poco importa: la clave está en vender muchos ejemplares al precio de la novedad, promocionar la imagen del mercachifle de moda y lanzar algún derivado comercial que se venda igualmente bien. Antes de comprar un libro piensa que el título en cuestión ha de ganarse el mérito de figurar en tu biblioteca: los libros que no se leen ocupan sitio y acumulan polvo. Déjate aconsejar. El gusto por la lectura se alimenta de buenas historias y siempre hay algún autor capaz de hacernos crecer como lectores. No te fíes de los premios y los laureles, que en su mayoría están amañados. Acércate a lo nuevo sin prejuicios y a lo viejo sin complejos.

Como para muestra vale un botón, vamos a reproducir aquí dos fragmentos de sendas novelas que fueron finalistas del Premio Planeta, tomados ambos de la misma página; una de ellas escrita por el poeta gaditano Fernando Quiñones (La Canción del Pirata, 1983) y la otra firmada por un señor del que ahora mismo no recordamos cuál es su gracia (Villa Diamante, 2007). El estilo genuino, rico y evocador de Quiñones puesto al mismo nivel de la redacción chapucera del otro, que posiblemente también encierre su mérito, pero desde luego no el literario…

 

Soy ahora un casco en desguace o leño a la deriva, las greñas blanqueando, esa zanja fea de la frente que me entrecierra el ojo, encorvado el lomo y a medio desdentar: lo que se dice empezando ya a buscar la tierra como si fuese bien anciano, aunque no he de haber cumplido más de cuarentiséis, según mi cuenta, ni menos de cuarentitrés. Pero de mozo, y de hombre en todo su brío, fui trigueño, moreno de la mar y de ojos vivos, no porque yo lo diga; de los que calan muchas cosas antes de tenerlas vistas ni aprendidas, y bien memorioso, que eso me ha ido a más en vez de a menos. Si le caí en gracia a mucha gente, fue por salir a mi madre en el donaire, y a mi padre en la buena planta y el agrado del semblante, aunque todo lo haya ido perdiendo aun antes de llegar a viejo.

Ana Elisa deseó en su silencio poder tener la capacidad de contemplarse desde lejos, como si fuera otra, como si estuviera frente al proyector de su padre viéndose en la pantalla junto a ese ser que por fin tenía un rostro y un cuerpo en verdad completamente distintos de aquellos con los que fantaseaba en los dibujos que enviaba en sus cartas y su imaginación completaba hace ya tanto tiempo. Las aves, espectadoras impávidas de cada respiración, de cada gesto entre los dos humanos presentes, volvían a quedarse quietas, su silencio presionándole las sienes, mientras observaba la sonrisa, los labios, el eco de la profunda voz del hombre que movía suavemente sus manos bajo el agua, ante ella.

un punto negro

Un puntito negro suspendido sobre un rectángulo que se inclina ligeramente a la izquierda; como era de esperar, la retrospectiva sobre Malevich atrajo a muchos japoneses ávidos de experiencias artísticas ultraterrenas, curiosos capaces de reconocer el arte decadente y exquisitos amantes del suprematismo, que alababan cada vértice, cada tetrágono concebido por la inagotable imaginación del maestro. De entre todos ellos, uno fue el que llamó la atención de los vigilantes, que hacían la ronda sin esperar mayores entusiasmos que un dedito peligrosamente levantado a pocos centímetros del lienzo sucio o las toses convulsas de quien había preferido visitar la exposición a quedarse encamado toda la tarde. Después de tres horas contemplando el cuadro, resultaba evidente que el peculiar visitante estaba atrapado por el magnetismo de la pintura. El sujeto, de gruesas lentes, vestido con sombrero de ala corta y un abrigo gris que le llegaba hasta poco más arriba de los tobillos, no se conmocionó ni cuando una conocida presentadora de televisión se asomó a su hombro para compartir la turbación que alguien pudiera experimentar a la vista de tamaña obra maestra. Tal y como el vigilante de sala temía, cumplida la hora del cierre, el tipo de los anteojos seguía instalado en una especie de ausencia hipnótica; ni las palabras amables ni otras más gruesas fueron capaces de sustraer su atención, sostenida durante más de cinco horas de pasmo estético. Alertada por los encargados, la comisaria de la exposición optó por evacuar rutinariamente todas las salas antes de solicitar la intervención del personal de seguridad. Rodeado por un grupo cada vez más furibundo que le observaba como a un bicho raro, el visitante movió ligeramente la cabeza, elevando un tanto la barbilla como para enriquecer la agotada perspectiva. Esta leve profanación de la quietud fue la señal que los presentes aguardaban desde hacía más de media hora.
—Realmente cautivador… ¿no le parece?, le espetó la comisaria interponiéndose bruscamente entre la obra y el observador.
La tez del hombre tornó al rojo para volverse después ligeramente azul antes de que la respuesta le brotara como un aullido desde lo más profundo de la garganta:
—iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii…

Carlos Huero Caín. Malevich, incluido en el volumen Cuentos con Arte

Y es que, como dicen que sobre gustos no hay nada escrito, vamos a publicar algo que cubra este enorme vacío hablando de buena y mala literatura, sin afán de hacer escuela ni de mover conciencias. Escribir por escribir… Eso es… De igual forma que otros que se dicen escritores hablan (y redactan) mal («Mi palabra favorita en español son muchas«) y encima salen en el canal del Instituto Cervantes.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=Bb5a-WYrD8k&feature=related]

novela gráfica

«los leones de baghdad»

Hace justamente dos años nos asomábamos a la obra de Marjanne Satrapi por la especial relevancia de Persépolis, que había sido llevada con éxito al cine. Hoy volvemos a retomar el tema de la novela gráfica como opción interesante para todos aquellos que deambulan por la biblioteca sin saber qué partido tomar. La consolidación de este género obedece a un decidido intento editorial por reprogramar a los habituales lectores de literatura seria que de otro modo nunca se aproximarían a las estanterías del cómic tradicional. Aunque hay teóricos que establecen diferencias, la frontera entre la historieta y la llamada novela gráfica es muy difusa: las similitudes formales entre la una y la otra son totales, si exceptuamos el modo de presentación y ese algo subjetivo como es la aspiración del autor, que en el caso del de novela gráfica se conjuga con argumentos y guiones más comprometidos. También resultan muy gratas las aproximaciones a las grandes obras de la literatura universal, en las que se prepara el terreno para el asalto definitivo a la novela original. En este momento, todas las librerías y las bibliotecas tienen su sección de novela gráfica, donde abundan tanto las novedades como las reediciones. Un libro-historieta-cómic tiene todos los atributos de un buen presente para estas fiestas del derroche que están por llegar: es atractivo a la vista, interesante por lo que contiene y provechoso para el que lo disfruta… Una excelente alternativa para los que han decidido abandonar el irracional vicio de regalar por regalar…

amanecerá, que no es poco

libro «filosofía para principiantes»

En la Atenas del siglo V a. C., los teóricos que forjaron el pensamiento político occidental abordaron con precoz escepticismo tanto las ventajas como las enfermedades crónicas de la democracia. Todo el que hoy alabe o critique las fallas del sistema debe considerarse heredero de estos pensadores tan lúcidos que ya se plantearon el destino incierto de una sociedad gobernada por demagogos, aduladores, corruptos y torpes. Una corriente crítica que encabezaba Platón llamaba la atención sobre que «toda la democracia no había sido más que demagogia (…); y los demagogos, unos embaucadores del pueblo que, en vez de atender a la mejora de éste, habían cuidado sólo de su propio aventajamiento halagando y engañando a la multitud» (Manuel Fernández GalianoLa Génesis de La República). Platón no se cansaba de advertir la necesidad de un especial conocimiento para ejercer el poder: «le parecía locura que se designasen los magistrados por sorteo, siendo así que nadie querría seguir tal procedimiento para la elección de un piloto, un carpintero, un flautista u otro operario semejante cuyas faltas son menos perjudiciales que las de aquellos que gobiernan el Estado (Jenof. Mem.I 2, 9)» (Ibíd.). El célebre autor de Los Diálogos también veía absurdo que se sancione a un médico negligente que no guarda la salud de sus pacientes y que, sin embargo, no se castigue al que pretende dirigir un país sin haberse preocupado de formarse como estadista y ciudadano culto. No estaría mal que todos los que presumen de reinventar el mundo con ocurrencias de bombero echasen un vistazo hacia atrás y se reconciliaran con los que les precedieron en la preocupación por construir una sociedad justa, participativa y democrática, sea lo que fuere lo que esto signifique.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=D-o5bahaCv8]

los últimos días de pompeya

libro «los últimos días de Pompeya en cómic»

No hay fuerza humana capaz de contener la irrefrenable furia de la naturaleza. Cuando la Tierra se despereza, la civilización occidental se tambalea. Y es que cuanto más hundimos nuestros cimientos en el vientre de este mundo cruel, más próximos estamos a esa entraña incandescente sobre la que navegamos a todo trapo. Volcanes y terremotos son protagonistas de varios clásicos del cine y la literatura. Y no es por casualidad: las pasiones humanas se cocinan de maravilla al calorcito de la lava ardiente. Pompeya era una ciudad rica y pujante. Sus prósperos ciudadanos vivían en villas opulentas y solo tendían los brazos al cielo para reclamar el correo de las palomas mensajeras. Pero de repente se acabó la diversión: rugió el Vesubio y mandó a parar. Cuerpos y almas quedaron detenidos, petrificados y sepultados bajo toneladas de ceniza hasta que los restos de la urbe fantasma fueron redescubiertos a mediados del siglo XVIII. El Barón Lytton le puso letra a este drama en plena efervescencia arqueológica, y si bien su prosa es un pelín pesada, adivinamos en cada frase la intención de emocionar al lector con una buena dosis de romanticismo:

Lenta y dulcemente transcurrió la noche que precedió a los crueles juegos del circo y vio brillar la aurora del último día de Pompeya. El aire parecía tranquilo, pero singularmente pesado; una bruma transparente extendíase por los valles y barrancos de los vastos campos de la Campania.

De todas formas siempre nos quedarán otras ficciones más atrevidas o el cómic de las Joyas Literarias Juveniles que os enlazamos desde aquí mismo. Afortunadamente en la isla del Hierro la cosa no pasa (espero) de la creación acelerada de un palmo más de territorio patrio, que los científicos esperan ver emerger en breve y al que quizá, quién sabe, dentro de mil años le corresponda un nuevo diputado en Cortes.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=kxQIGu7eSpw]

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=c6-3VLZNSFU]

libro «el volcán»

« Entradas anteriores Entradas siguientes »

© 2026 . Alojado en Educastur Blog.