Categoría: escribiendo por escribir (Página 18 de 19)

televisión y literatura

Os invitamos a ver un vídeo. Se trata de un fragmento extraído de un programa infantil-juvenil que se emitía la mañana de los sábados, allá por 1981. En la ingenuidad de las formas, la corrección de las expresiones, la precisión del lenguaje y el envaramiento de la presentadora notaréis lo añejo de la cinta. En espacios como aquellos, dirigidos a gente como tú, se hablaba con naturalidad de libros y literatura. El formato es sencillo, pero original: la presentadora (Mayra Gómez Kemp) no se tambalea ni mueve las manitas de arriba abajo como si estuviera alisando una columna de hormigón. El ilustrador (José Ramón Sánchez) interviene oportunamente, llamando la atención del espectador con sus dibujos, mientras ambos desgranan al alimón un guión muy bien documentado (hay que tener en cuenta que en la década de los ochenta todavía no existía San Guguel) para un público al que no se le supone mayor de quince añitos. Muchas cosas han cambiado desde entonces, aunque no nos atreveríamos a decir si para bien o para mal (cuando decimos que «no nos atreveríamos» queremos decir eso, que no nos atrevemos, vaya, aunque sabemos muy bien la respuesta).  A muchos les parecerá que el diálogo que mantienen los dos presentadores es profundo, y hasta críptico. Otros pensarán que la información es irrelevante. Y otro porcentaje se extrañará de que durante cuatro minutos nadie hable de fútbol y de los dos goles que Quini le metió al Sporting en la final de copa de aquel año…

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un paseo por la escuela de atenas

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La semana pasada nos dimos un paseo a la hora del recreo por el patio de la Escuela de Atenas (foto adjunta). Allí nos encontramos con toda la clase: el bandarra de Epicuro, el liante de Heráclito, el maestro Platón, el pelota de AristótelesHipatia la soñadora, Sócrates, el cínico de Diógenes, el buscapleitos de Alejandro, el inquieto Arquímedes… Con su ayuda desinteresada (nunca mejor dicho) montamos una pequeña actividad para sopesar el alcance de nuestro apego (o desapego)  por los libros. Como solo pudieron participar unos pocos alumnos, prometemos volver sobre nuestros pasos y retomar el juego cuando los hados nos sean propicios, de lo cual informaremos oportunamente a las tutoras para que no les pille desprevenidas.

correspondencia

Conservamos con cariño las cartas y mensajes que intercambiamos, allá por el año 2006, con el maestro Don Miguel Delibes. Los documentos autógrafos del escritor castellano, que con su letra cruda y angulosa nos acercaron al alma de su producción literaria, adquieren ahora un valor sentimental apoyado en  la ausencia, inevitable, sí; pero no por ello menos lamentada.

Hasta hace relativamente poco tiempo (aunque tendremos que remontarnos algunas décadas antes de vuestro nacimiento), escritores, científicos, cineastas, políticos e intelectuales intercambiaban pareceres a través de interminables cartas en las que daban cuenta de inquietudes, hallazgos o proyectos, combinando el discurso formal con sus peripecias vitales y los «chismes» de la época. El algunos casos, los herederos de los receptores les jugaron una mala pasada y consintieron en publicar textos que los autores nunca proyectaron difundir; en otros casos, se dejaron instrucciones a los albaceas para que a su muerte hicieran pública la correspondencia personal y, con ella, todo aquello que en vida les hubiera ruborizado comentar. Pero lo que no cabe duda es que toda esa producción tiene un interés intrínseco, no solo por sus dimensiones literaria, científica o histórica, sino por lo reveladora que puede ser de la catadura moral e intelectual de sus autores.
Adjuntamos aquí un interesante ejemplar del género en cuestión: Las relaciones y cartas de Cristóbal Colón, con la recomendación que se lea la página 22, donde el propio descubridor desvela, como quien no quiere la cosa, que fue él mismo el que intuyó antes que nadie la proximidad de la costa americana y cómo, merced a este dudoso testimonio de auto reconocimiento, el pobre Rodrigo de Triana (el que gritó aquello de «tierra a la vistaaaaaa» o su equivalente) se quedó sin los prometidos diez mil maravedíes para aquel que primero avistara tierra firme. Eso sí: Colón consintió en que, al menos, se quedara con el jubón de seda.

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8 de marzo

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La alusión es ya obligada: hoy 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer trabajadora o Día  Internacional de la Mujer, en el que se conmemora la lucha de las mujeres por conseguir su participación, en condiciones de igualdad con el hombre, en todos los estamentos de la sociedad.Debemos remontarnos a 1910,  a la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, donde se proclamó el Día Internacional de la Mujer Trabajadora a propuesta de la dirigente comunista alemana Clara Zetkin, como una jornada de lucha por los derechos de las mujeres. Un año más tarde se celebra por primera vez en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, exigiendo para las mujeres el derecho al voto y el derecho a ocupar cargos públicos, al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.Aunque la historia más extendida sobre la conmemoración el 8 de marzo hace referencia a lo sucedido en el año 1908 cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por el propietario ante la negativa de las trabajadoras de abandonar el encierro con el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían. También se reconoce como antecedente  las manifiestaciones protagonizadas por obreras textiles el 8 de marzo de 1957 en Nueva York.Y una vez relatado de donde viene y qué significa este día, vamos a terminar con algo más dulce  y dedicado a todas las mujeres  (trabajadoras en el hogar y/o fuera de él); es este precioso poema del gran Mario Benedetti titulado «¿Y Si Dios Fuera Mujer…?»:

¿Y si Dios fuera mujer? pregunta Juan sin inmutarse,vaya, vaya si Dios fuera mujeres posible que agnósticos y ateosno dijéramos no con la cabeza y dijéramos sí con las entrañas.Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez para besar sus pies no de bronce, su pubis no de piedra, sus pechos no de mármol, sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos para arrancarla de su lontananza y no habría que jurar hasta que la muerte nos separe ya que sería inmortal por antonomasia y en vez de transmitirnos SIDA o pánico nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría lejana en el reino de los cielos, sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno, con sus brazos no cerrados,su rosa no de plástico y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío si hasta siempre y desde siempre fueras una mujer, qué lindo escándalo sería, qué venturosa, espléndida, imposible, prodigiosa blasfemia.

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