Categoría: escribiendo por escribir (Página 4 de 19)

le gout de lire

¿Que tiene en común el placer de leer con ese otro deleite tan reconocible como es el de comer bien o, como le dicen ahora, la emoción gastronómica? Entre ambos hay conexiones evidentes: la buena mesa atrae a gourmets y comilones, cada uno con expectativas e intereses bien diferentes; mientras unos se acercan con curiosidad y paladean los platos, los otros se llenan la andorga y apuran la última miguita sin miramientos; cuando los primeros están a punto de conectar ese último tramo neuronal que les llevará a discriminar sabores, los segundos completan la faena mojando con los dedos, hundiendo con indecible complacencia trocitos de pan en el último, suculento rastro que deja la salsa deliciosa. La lectura no debe ser tediosa y sí fuente de placer inagotable. La oferta es tan amplia que pocos han de ser los que no descubran lo que se amolda a sus hechuras. Si algo podemos hacer desde aquí, desde la escuela, es cultivar ese gusto, orientarlo hacia preferencias que amplíen horizontes y tracen nuevas derrotas, singladuras insospechadas para el joven espíritu juvenil, inagotable procesador de intuiciones donde amor, vida y aventura se confunden en una suerte de sinfonía de los sentimientos que a los que hemos perdido memoria de esos años, en ocasiones nos suena a monserga exasperante. «Yo he sido profesor de literatura (…) y siempre les aconsejé a mis estudiantes: si un libro los aburre, déjenlo, no lo lean porque es famoso, no lean un libro porque es moderno, no lean un libro porque es antiguo. Si un libro es tedioso para ustedes, déjenlo… ese libro no ha sido escrito para ustedes. La lectura debe ser una forma de la felicidad». Así se expresaba Don Jorge Luis (Borges) en unas conversaciones informales que recogemos en esta misma entrada. Es la recomendación de un lector voraz, con el que nos topamos casi por casualidad paseando por un pueblecito de la Normadía, sobre la misma línea del meridiano de GreenwichL’Aleph et autres contes se hospedaba en una casita de madera, similar a esas que se cuelgan de los árboles para atraer a pajaritos-okupas que han renunciado a sus instintos y prefieren de la engañosa hospitalidad de sus caseros humanos. En el interior no encontramos plumas ni trinos, pero sí una generosa provisión de libros. En la parte de arriba una leyenda rezaba así: Cultivons le goût de lire. Nos llevamos L´Aleph y depositamos los cuentos de Guy de Maupassant que por casualidad (o no tanta) llevábamos en el bolso. Cuando empezamos a hojear, un alboroto de fondo nos advirtió de un puesto de gofres… ¡Qué caramba!, el placer de leer puede esperar…

http://www.youtube.com/watch?v=e0EdcdiVnHI

sobre la utilidad de juntar una biblioteca

La tradición de «La Escurialense» como biblioteca pública no tiene parangón. Hoy, mientras paseamos por la Sala Principal de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial admirando los maravillosos frescos de la bóveda, nos embarga una emoción que bien pudiera ser completa si fuera posible abrir los anaqueles e inspeccionar a nuestro antojo los volúmenes que se agolpan en los estantes, un legado documental de valor incalculable que empezara a juntar Felipe II, y que fue enriqueciéndose merced a compras y aportaciones particulares. La providencial retransmisión del evento deportivo nos permite estar a nuestras anchas, ignorados por los guardas, con patente para llegar más allá y más cerca de los maravillosos objetos que nos rodean: bargueños, esferas armilares, mesas de mármol pardo, globos terráqueos… aunque no liberados del todo, pues la mirada escrutadora y melancólica de Su Católica Majestad nos sigue allí donde vayamos. En el silencio total,  los atropellados conjuros radiofónicos se confunden con imaginados diálogos entre académicos y estoicos, alumnos frívolos que ignoran olímpicamente a sus maestros, y los gritos apagados de la muchedumbre futbolera con los murmullos de aquellos que siguen el encuentro de Salomón con la deslumbrante y coqueta Reina de Saba. Y los libros. Allí reposan ¡ay! el Apocalipsis de la Casa de Saboya, el Beato de Liébana, el Códice Aureo, el Códice Emilianense… La cercana vecindad de los volúmenes nos erizan la piel. Y si bien la pública condición de esta biblioteca se ha mantenido desde los tiempos del promotor Páez de Castro («Memorial sobre los libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella se ha de tener«), los visitantes ocasionales no tienen vela que poner entre tanto libro dorado y han de conformarse con lo que se intuye entre las telas metálicas de las estanterías de palo negro. Quizá a más de uno llame la atención este particular paseo, que más tiene de peregrinaje que de visita turística. Pero merece la pena recrearse de vez en cuando en la contemplación de este tesoro de todos y que a todos concierne, aunque solo sea en las ocasiones magnas en que una semifinal o siquiera una eliminatoria de cuartos nos permita encontrarnos en la intimidad con nuestro inmenso patrimonio cultural.

http://www.youtube.com/watch?v=IAaSxyVxqFk

que por hablar no quede

http://www.youtube.com/watch?v=bJLeBq9IcdA

Durante este curso un nutrido grupo de alumnos se ha sumado a Liga de Debate escolar en sus diferentes fases. La palabra hablada ha recobrado el protagonismo que se merece de manos de un pequeño pero animoso grupo de profesores que han apostado por el noble juego de la persuasión. Durante esta pequeña aventura, hemos descubierto el poder de la elocuencia iniciándonos en las técnicas más elementales para expresarnos en público de forma fluida y elegante, sometiendo las palabras al escrutinio de la razón, moderando el desenfreno y la verborrea y desvelando los mil y un subterfugios que los charlatanes utilizan para mover voluntades, enredar, y confundir tensando la semántica y reinventando la gramática. Nuestros alumnos han aprendido que la fuerza de la palabra radica en su capacidad para generar consenso, mover al diálogo constructivo y establecer la confianza mutua. Una fuerza que a muchos se les escapa… por la boca.

http://www.youtube.com/watch?v=oxP8v_9FOwg

leer historia

La Historia es una materia fundamental. Las matemáticas o la Lengua Española también lo son. Pero la Historia así, con mayúsculas, lo es en sí misma porque encierra no solo las claves del pasado, sino también las del futuro, nos enseña por qué somos lo que somos e interpreta las quebradas líneas del progreso a la luz de las evidencias, las pruebas o los hallazgos. Leer historia es apasionante. Pero conocer la historia es algo crucial en una sociedad abierta y democrática. Casi diríamos que es deber de todo buen ciudadano vacunarse contra la demagogia y la información tendenciosa, contra las falsas ideologías y los tahúres televisivos que secuencian un pensamiento pesado y vacío en breves e insustanciales sentencias de tuíter.  Puede ser que algo de culpa tengamos nosotros, los docentes, de que la estulticia se haya instalado en casi todos los ámbitos del poder, pero debemos apelar a un compromiso de ciudadanía responsable que implique saber de los antecedentes remotos y de los más recientes, conocer los orígenes de España, valorar la autoridad de las fuentes e identificar dudas e interrogantes abiertos donde otros prohíben, censuran o sencillamente inventan o tergiversan. Los libros de texto, los verdaderos promotores del saber estático y acrítico, no han contribuido precisamente a este objetivo. Los reinos de taifas autonómicos han encargado textos a la medida de sus ambiciones o delirios, distribuyendo a su gusto en el convulso tablero de los anales etiquetas de «buenos» y «malos», consideraciones morales difíciles de documentar porque la conciencia de los hombres y los determinantes de sus conductas no están sujetos a ningún teorema, pero mueven al odio y el revanchismo con una facilidad pasmosa. Ahora que todos los esfuerzos por descifrar las claves de la convivencia se van al traste, que el nacionalismo vuelve a sacrificar en el ara de de la corrupción política todo lo que hicimos o quisimos hacer, mucho nos tememos que ya no será posible que las nuevas generaciones se muestren orgullosas del trabajo colectivo de un país que, más o menos avenido, siempre deseamos que fuera el de todos. Porque una vez más esa Historia que no conocemos, esa Historia que nos han escamoteado, que han falseado y contaminado, la Historia de España al fin, está condenada a repetirse.

https://www.youtube.com/watch?v=N5FNZoT-DMc

humillos o el innegable mérito de no saber leer

https://www.youtube.com/watch?v=Bc1QGF0t91c

Sigue faltando la buena lectura que nos haga malos los que por malos tenemos, y mezquinos y tontos los que pintan rubor en las mejillas de tan solo oillos, por lo mucho que yerran y lo poco que atinan en el gobierno de la república, que alardean de las coces y los rebuznos como si fuera idioma universal, cuando solo a ellos les atañe. Y para que todo lo escrito se entienda, vendré a decir que no hay mayor osadía que imitar a Cervantes y tomarle la palabra como si fuera propia, pues no hay dos que escriban y describan tan bien los vicios pasados y presentes, como lo son la ignorancia de los que nos gobiernan y la mayor y sobrada querencia al asta de la burricie de los que aspiran a sucedellos, que no hay más que oír la jerigonza de estos telesúcubos sobrados para ver lo mucho que desprecian el saber, y con él, a todos los que acuden a ellos para reclamar justicia, discreción, gobierno y mesura, pues no hay nada más lejos de su lugar de origen que tales conceptos, rebozados en lodo pegajoso, tan ocultos en la negrura de su corteza que apenas distinguirse pueda una lezna de cordura o de buen juicio. Y para el que de esto dude, siga por extensión ponerle remedio a la duda leyendo los Entremeses cervantinos, obritas jocosas que los escolares estudian pensando que su lectura es casi imposible, y que ponderan en las pruebas de saber sin saber siquiera si hay letras bajo el epígrafe. Y vaya si las hay, que siendo piezas bien cortas y medidas, enseñan más de lo que pudo enseñarle un asno a otro con solo leerlas, si se sabe, o verlas y escucharlas en las muchas representaciones que se paran en la pantomina de los personajes, tan reconocibles por necios que sus nombres les delatan antes siquiera de pisar la escena: Pedro Estornudo, Juana Castrada, Humillos, Mostrenca, Trampagos, Teresa Repolla, Alonso Algarroba… Pasen y vean pues, ahora que hay tiempo, que todos los vicios que nos hacen españoles, seamos andaluces, vizcaínos, extremeños o catalanes, ya hubo quien los describió con pluma lúcida y certera hace cuatrocientos años, señalando a los que no leen ni tienen trazas de aprender como los únicos candidatos a ocuparse de la cosa pública que ahora dan en llamar de interés general: «¿Sabéis leer, Humillos? No, por cierto, ni tal se probará que en mi linaje haya persona tan de poco asiento, que se ponga a aprender esas quimeras, que llevan a los hombres al brasero, y a las mujeres a la casa llana. Leer no sé, mas sé otras cosas tales, que llevan al leer ventajas muchas. Sé de memoria todas cuatro oraciones, y las rezo cada semana cuatro y cinco veces. Y ¿con eso pensáis de ser alcalde? Con esto, y con ser yo cristiano viejo, me atrevo a ser un senador romano».

https://www.youtube.com/watch?v=4_Geju4DjLk

el bestiario de Rochester

Dos asnos. El que está pintado de azul es un onagro, recia estirpe de équidos con fama de indómitos. Su porte es imponente y mira al frente con orgullo. El otro es un asno común. Con la cabeza gacha y la expresión triste es la viva imagen de la sumisión. Ambos llevan los arreos propios de la doma. Dos hombres. Son muchachos de mofletes sonrosados vestidos con túnicas largas, sin aberturas, que en el caso del que está de pié deja ver unas calzas bermejas. Por sus prendas se diría que pertenecen a un estrato social bajo. El primero de los chicos está subido a la grupa del animal en singular equilibrio. Sujeta un flagelo en lo alto dispuesto a descargarlo sobre el lomo de la bestia, mientras que con la mano izquierda le toma de las riendas. En su cara se dibuja la firmeza con la que sujeta a la bestia. Su compañero esta de pié y porta al hombro una verga gruesa, que agarra por un extremo con la mano derecha. El gesto del brazo izquierdo extendido incorpora a la escena la somera fórmula que parece sugerirle al compañero: «Si no obedece, que sienta en sus carnes quién es el que manda. Así lo hice yo». Los onagros provenían de Asia y África. Considerados más fuertes y fogosos que sus primos, los jumentos domésticos, se tenía por cierto que su tenaz voluntad salvaje era difícil de doblegar. Recogiendo en parte los testimonios de fuentes clásicas, el Bestiario de Rochester ilustra en otra miniatura la brutalidad de los machos dominantes: se decía que castraban a mordiscos a los oponentes sometidos e incluso a los borricos recién paridos (f. 39v). Las cuatro figuras componen una escena enmarcada que contrasta sobre fondo dorado, en este caso deteriorado. Los colores de la viñeta son semitransparentes, aplicados dentro de los contornos negros que marcan los pliegues de la ropa y delimitan las formas de los personajes. Las luces y las sombras se obtienen aplicando doble capa de color o con toques de pigmento blanco que destacan los músculos de los animales, en un estilo característico de este anónimo maestro iluminador. De él se conocen otras obras, entre ellas dos delicadas biblias que aun se conservan. Este bestiario se custodia en la British Library, que lo exhibe virtualmente en la sección de manuscritos. Con el objetivo de conocer mejor las técnicas de los maestros medievales, estamos preparando un panel a escala que reproduce la escena comentada, con el afán de que su pública exposición libere al menos a una de estas magníficas imágenes de su obligada clausura, entre los folios centenarios de un códice de principios del siglo XIII, como por otra parte también han hecho los autores de este vídeo, que está inspirado en la imagen f. 45 de la ya citada obra.

El bestiario de Rochester en la British Library

Otro bestiario: Incipit liber de natura bestiarum (s. XIII)

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