Categoría: escribiendo por escribir (Página 9 de 19)

la tabla periódica, la literatura y la vida

tabla_periodica_wl

La Tabla Periódica de los elementos representa el orden natural, la armonía de la materia. Más allá de la apariencia, el reino de lo muy pequeño se muestra tan enigmático como el oscuro y vacío Universo de galaxias y estrellas que tan solo podemos intuir a través de esa ventanita diminuta que llamamos cielo. Sin embargo, hemos podido establecer de que están hechas las cosas y las leyes que determinan las distintas combinaciones, lo que ha proporcionado al género humano un inmenso poder para transformar su entorno y obrar en provecho de unos intereses en ocasiones poco claros. La engañosa simplicidad de la tabla de Mendeleiev es uno de sus atractivos, y por eso su elegante arquitectura ha inspirado a otros para crear sus particulares clasificaciones «periódicas», con sus propios números, colores y símbolos, aunque no tan rigurosas e incontestables. De entre ellas, nos ha llamado la atención esta Periodic Table of world literature, un ejercicio anglosajón que agrupa a los escritores más influyentes de la historia, y en el que comparten grupo Charles Baudelaire (Ba) con Bob Marley (Bo), por ejemplo; o Dostoiesky (Fd) y J. K. Rowling (Jk). Quizá entre el Hidrógeno (H) y el Praseodimio (Pr) no haya tanta diferencia como entre cada uno de estos pares, eso suponiendo que todos pertenezcan a la misma entidad química que podríamos denominar literatura. Otra conocida tabla periódica es la del siempre interesante Primo Levi, una obra dividida en veintiún capítulos dedicados a distintos elementos y donde esboza historias en las que la química (las profesión del autor) y sus experiencias en los campos de concentración nazis se funden en un relato apasionante, incluso para los que no tienen idea de lo que es el número atómico o la teoría de los orbitales moleculares. Ni falta que hace. En el capítulo dedicado al Vanadio (V), una partida de barniz defectuoso propicia el contacto con un antiguo carcelero que pretende limpiar su mala conciencia…

¿Qué hacer? El personaje Müller se había entpuppt, había salido de la crisálida, se perfilaba nítido, bajo los focos. Ni infame, ni heroico. Dejando aparte la retórica y las mentiras de mejor o peor fe, lo que quedaba era un ejemplar humano típicamente gris, uno de los no escasos tuertos en tierra de ciegos. Me hacía un honor que no merecía al atribuirme la virtud de amar a mis enemigos. No, a pesar de los lejanos privilegios que me deparó su trato, y aun cuando no hubiera sido un enemigo mío en el estricto sentido del término, no era capaz de amarlo. Ni lo amaba, ni tenía ganas de verlo. Y sin embargo me despertaba un conato de respeto; ser tuerto no debe resultar cómodo. No era un cobarde ni un sordo ni un cínico, no se había adaptado, estaba ajustando cuentas con el pasado y las cuentas no le salían; se esforzaba por hacerlas coincidir, aunque fuera haciendo algunas trampas.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=71NkR1Mtolk]

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=-C5ChmoDBeo]

el poder de la lectura

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=y8_Bj-SBBRU]

No es la primera vez que relacionamos aquí la relación entre la competencia lectora y el éxito personal y académico. Parece que esta conexión está fuera de cualquier debate. Pese a todo, en la escuela no hay una presencia tangible de la lectura como la poderosa herramienta que es y el papel fundamental que juega en el aprendizaje. Aceptando que el conocimiento a granel es bueno y conveniente para formar al ciudadano de este siglo —premisa tan potente como dudosa—, convendremos que la solución a todas nuestras carencias formativas no tiene misterio alguno: seleccionar el material más conveniente y proceder a su lectura y asimilación. ¿Que usted no sabe la diferencia entre una borrasca y un anticiclón? No problem. Se busca el libro adecuado (NUNCA un libro de texto) y se lo empolla. Así de fácil. Pero, ¿y si no es capaz de buscar la información relevante? ¿Y si ni siquiera está en condiciones de ordenar y dotar de sentido a todo ese arsenal de palabra escrita que amenaza con explotarle a uno en la cabeza? Así es que colegimos que potencialmente le aguarda un futuro más prometedor al escolar ignorante pero avezado en la lectura y la escritura que al otro que amalgama una amplia gama de conocimientos memorísticos e inconexos, fruto de complejas fijaciones artificiales y escasamente funcionales. Pero aprender a leer y escribir (o a ver cine, o a escuchar música…) no es sencillo: requiere de método y dedicación, y no tiene por qué ser una actividad necesariamente placentera. La aproximación a determinados textos requiere voluntad y perseverancia. El disfrute pleno y la percepción de las cualidades literarias no llegan sino al final de un largo camino de aprendizaje, que pasa por rechazos, lecturas truncadas, intercambio de ideas y formación de un criterio estético propio, pero flexible y abierto al descubrimiento. El mejor de los legados de una generación a otra pasa por enseñar a leer y escribir BIEN a nuestros escolares. Y hacer que esa actividad fértil y enriquecedora se prolongue durante toda la vida como una dimensión más de nuestra personalidad.

De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación. En César y Cleopatra de Shaw, cuando se habla de la biblioteca de Alejandría se dice que es la memoria de la humanidad. Eso es el libro y es algo más también, la imaginación. Porque, ¿qué es nuestro pasado sino una serie de sueños? ¿Qué diferencia puede haber entre recordar sueños y recordar el pasado? Esa es la función que realiza el libro.
Jorge Luis Borges, Borges oral.

huero y la enfermedad

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=LfBsioyxe6E]

En su libro Recogiendo tempestades, segundo tomo de memorias del políglota Carlos Huero Caín, el autor recoge las impresiones de la larga convalecencia hospitalaria a consecuencia de un misterioso acceso que lo mantuvo paralizado en cama durante meses:

La piel blanda, teñida de un color ruin y salpicada por huellas cárdenas que firmaban decenas de agujas, envolvía una especie de sarmientos retorcidos que apenas sujetaban los huesos en su sitio. Las manos yacían a los lados del cuerpo, aguardando el aliento de una voluntad que se resistía a navegar por el cauce seco de los nervios dormidos…

Los médicos nunca confiaron en su recuperación e incluso se entabló una sonada disputa entre sus amigos poetas por ver quién redactaba el epitafio más sublime. De aquel suceso Huero siempre guardó recuerdo amargo: Ruines y mezquinos [los amigos]. Y lo fueron no tanto por cruzar apuestas sobre la fecha de mi muerte como por dedicarme atroces frases lapidarias, algunas de las cuáles llegaron a mis oídos: «Espíritu libre, observador atento, poeta mediocre», «guardaremos como un tesoro la memoria de tus silencios», «te recordaremos aun a nuestro pesar»… Sin embargo, la infatigable actividad creativa y epistolar nunca cesó por completo merced a los buenos oficios de su tía Luisa, que transcribía todo lo que el eminente sobrino le dictaba. Un tal Iglesias fue ejemplo de fidelidad y devoción hacia el artista en tales momentos de zozobra; y a él le dedicaba Huero estas frases de aliento en una carta fechada por aquellos días: «Te agradezco sentidamente el balón que me enviaste. Es enternecedor que la plantilla del primer equipo haya accedido a firmar el cuero. Pero me disgusta que consagres tu vida a un deporte tan sucio, sobre todo cuando llueve. Ni la canción ni el balompié han de darte de comer. Dedícate a cultivar los talentos que tienes, que alguno habrá [… ] Si es tu voluntad dedicarte al cuento, mi camarada Barísnicov puede echarte una mano». Cascanueces, la grabación que hoy presentamos, es el resultado de aquella mediación.

la biblioteca de Borges

soñando_biblioluces

Si tienen tiempo y gana de visitar la ciudad autónoma de Buenos Aires con billete de turista virtual, en el barrio de Boedo, entre Muñiz y Avenida La Plata, se van a encontrar con la Biblioteca Pública Miguel Cané, donde trabajó como catalogador Jorge Luis Borges. En la planta baja, escurrida hacia el fondo, se ubica la sala principal, amplia, presidida por la bandera y la figura del escritor y periodista que le da nombre al complejo. Los macizos de estantes se parapetan estableciendo el territorio de la lectura, mientras el aire caliente que se adhiere a los altísimos techos se entibia, para caer después en forma de ráfagas frescas, proyectadas a través del pasillo imaginado que comunica los dos accesos situados en ambos extremos de la sala. En esta biblioteca no es raro ver aparecer escritores y académicos que se repasan hasta el último desconchón en las paredes para descubrir huellas de la presencia del maestro, pero también de aficionados que respiran profundo en el interior, como para embeberse de espíritu borgiano. Con intención de curar de la decepción a unos y otros, la municipalidad armó una pequeña sala con un viejo escritorio y algunos objetos que recuerdan al autor de El Aleph; allí los crédulos se santiguan y hasta los más agnósticos rezan por el alma del mago de las palabras. La vida y obra de Borges estuvo profundamente ligada a las bibliotecas, el espacio físico donde los libros nos recuerdan que dios es solo un capítulo de entre todos los que componen la inacabada enciclopedia del ingenio humano. Puede ser que en esta biblioteca de barrio, donde no parece concebible que la urgencia de la actividad cotidiana comprometiera todos y cada uno de los minutos laborables del catalogador, puede, decimos, que allí mismo compusiera Borges La biblioteca de Babel, un cuento con alusiones matemáticas relacionadas con la combinatoria y la infinitud, y donde se describe el lugar donde se atesoran todos los libros escritos y por escribir, que dispuestos de manera azarosa ocuparían tantos estantes como átomos hay en el universo. Una metáfora sobre el conocimiento que hoy identificaríamos con internet, la apoteosis mística de todo el saber humano, obscenamente expuesto al deterioro, la trivialización y el olvido.

No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=UMIMvZ3hW2A]

empezando por la cubierta

portada_borges_gil

Decía Daniel Gil Pila, diseñador gráfico, que antes de pensar la cubierta de un libro, se lo leía para hacerse una idea precisa del contenido. El fruto de este desvelo lector son las cuatro mil portadas que Don Daniel realizó para las distintas colecciones de Alianza Editorial, fundamentalmente para el libro de bolsillo, un formato que hoy resulta de lo más habitual, pero que en su momento estableció un nuevo paradigma del libro como objeto, una concepción reducida, manejable y, sobre todo, económica del más reconocible transmisor de la Cultura, así, con mayúscula. Las imágenes evocadoras de Daniel Gil contribuyeron a ponerle «rostro» al volumen, reconocible al paso del tiempo como algo propio, enriquecido con los pliegues y las cicatrices del uso, mérito que se añadía al libro y que dejaba en evidencia a los lectores que ofrecían los suyos con la impecable presencia del primer día. Daniel Gil firmaba sus trabajos en la contracubierta, aunque su estilo se reafirmó y consolidó tanto que bastaba una breve inspección para identificar en la imagen de la tapa el buen hacer del diseñador cántabro. El prolífico catálogo de Alianza, las numerosas ediciones y reediciones unido al éxito de la fórmula de bolsillo hacen difícilmente concebible una biblioteca, pública o privada, que no cuente entre sus fondos con ejemplares iluminados por la prolífica imaginación de Gil. Siguiendo la senda abierta, Manuel Estrada retoma las técnicas y los ambientes del maestro aunque, a nuestro juicio, sin llegar a colmar el vaso de la creatividad con la soltura y la economía de medios del primero. A todo aquel que quiera revisar el trabajo este artista gráfico, le invitamos a pasarse por esta página con casi un millar de las cubiertas de Daniel Gil.

[youtube][/youtube][youtube=http://www.youtube.com/watch?v=y4f1d1LRWDU]

[youtube][/youtube][youtube=http://www.youtube.com/watch?v=rwML-ziTC8Q]

mola

mola_biblioluces

Esta es la consigna que luciremos durante el presente curso para animar a la lectura a nuestros queridos estudiantes. No les vamos a decir que leyendo se aprende mucho, porque hay gente muy leída que es sumamente ignorante. Tampoco les vamos a decir que leyendo así, sin más, se lo pasarán en grande, porque eso es una falacia más grande que el Peñón de Gibraltar, con monos y todo. Animar a la lectura es invitar a degustar todo tipo de guiso literario, husmear historias, contagiarse del mal de la palabra y, sobre todo, ejercitar esa maravillosa disposición humana que nos acerca al conocimiento sin más mediadores que nuestra propia inteligencia. Todo lector es, en potencia, una máquina de aprender. Y quizá ahí resida el quiz del éxito académico… Los lectores expertos no han de temer al fracaso escolar, porque tienen el entendimiento y la palabra a su servicio. Somos partidarios de aquellos que afirman que la lectura es la asignatura más importante. Pero mientras los planes de lectura sean meros apósitos que se subliman en el aire, la cosa no tiene remedio. Aunque las evidencias nos señalen el camino, nosotros, los mayores, seguimos empeñados en invertir miles de jornadas lectivas en inculcar unos conocimientos que, por otra parte, un perito lector asimilaría en un puñado de horas, para volver luego a constatar que nuestros jóvenes no desarrollan sus habilidades de lectura y escritura. Como este año nos han encargado que tratemos de encontrar aunque sea solo un poquito de agua azucarada en medio de todo este yermo de propósitos, nos vamos a poner a la tarea. No disponemos de muchas horas, pero como hay ganas de sobra, trataremos de compensar. Ya veremos…

« Entradas anteriores Entradas siguientes »

© 2026 . Alojado en Educastur Blog.