Categoría: música y literatura (Página 7 de 7)

nina lee a yeats

Nina es una alumna de primero de la eso. A la hora del recreo baja las escaleras como una exhalación, camino del patio. O de la biblioteca. Nina puede expresarse correctamente en dos idiomas diferentes. También lee estupendamente, tanto en inglés como en español. Dice que la poesía no es su fuerte, pero tiene un libro de Yeats en casa y recita con naturalidad «The Stolen Child». Por eso le pedimos que nos regale su voz, cosa que hace de mil amores. El resultado es esta pequeña grabación con la que completamos el homenaje al poeta irlandés. Para que no se sienta sola, hemos rescatado un registro en directo de Loreena McKennit. Esta canadiense pelirroja cuenta con un caudal de voz que pone la piel de gallina… Os dejamos en la compañía de la una y la otra. No importa que no entendáis nada… escuchad, simplemente…

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el amigo otelo

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La historia de el moro de Venecia es sobradamente conocida: implacable con el turco, galante y seductor con las damas, Otelo es un general negro (o quizá deberíamos decir afro-veneciano…) que sirve a la pequeña ciudad-estado con sanguinaria diligencia. Pero tras esta fachada de bravucón se esconde un petimetre, un personaje débil e inseguro que sufre ataques epilépticos y no ve más allá de la punta de su alfanje. La terrible intriga que urde contra él su alférez Yago da prueba de su poco juicio; el castigo al que somete a la bella Desdémona, la dama noble y pura que sirve al amor con amor, revela su bestialidad indómita. Os diremos que esta buena mujer terminará pagando los platos rotos en todo este enredo shakesperiano. Pero como no nos da la gana desvelar el final de la historia, al amable lector se le proponen varias alternativas: buscar una síntesis en la red (en su mayoría inextricables), leer la obra de teatro en la biblioteca o reservarse unos boletos para el próximo pase.  Pero si lo que le interesa es conocer a dos bellas Desdémonas que cantan como los ángeles, eso ya es otro cantar (nunca mejor dicho). Las obras de William Shakespeare han inspirado muchas composiciones maravillosas. Y Otelo no es una excepción. Es más: el argumento ha servido al libreto no de una, sino de dos óperas, una de Verdi y otra de Rossini. Breve muestra de ambas son estos fragmentos interpretados por Renee Fleming (¡qué deslumbrante Desdémona!) y Joyce Didonato. Si eres de los que no te gusta la ópera, pincha aquí.

¿Es éste el noble moro a quien nuestro Senado proclama por voto unánime capaz de cuanto sea posible? ¿Es ésta la naturaleza en quien no hacen mella las pasiones? ¿Cuya sólida virtud no podían rozar ni herir la bala del accidente ni el dardo de la ocasión?

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música y literatura: ítaca

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Bien: empecemos diciendo que Ítaca (Ιθάκη) existe. Es una isla pequeñita, como Nava poco más o menos, que no se ganó la fama por su paisaje, sus bebidas espirituosas o sus ruinas, que las tendrá, digo yo. En el imaginario de todos los lectores homéricos, Ítaca es la patria perdida ―después recobrada― de Ulises, el héroe griego valiente, fiel, inteligente y constante, artífice de la victoria aquea sobre los irreductibles troyanos. El viaje de ida y vuelta de este guerrero infatigable es el paradigma de la existencia, de la fortuna esquiva, de la lucha por la supervivencia y, sobre todo, de la defensa de los ideales que inspiran el derrotero de nuestras vidas. La referencia a la isla excede el ámbito puramente geográfico: la vuelta a Ítaca es el retorno a la pureza, la armonía y el amor, asediados por las fuerzas perversas de la ambición y el poder… Un conocido poema de Kavafis traducido por el filólogo Carlos Riba, le da pie al músico español Lluis Llach para componer una preciosa canción con indudable sabor mediterráneo. Todo aquel que escuche «Viaje a Ítaca» sentirá el embate del mistral en la cara y el suave vaivén de las olas bajo sus pies… O por lo menos eso creemos nosotros que, pese a que nos vamos aproximando inexorablemente, nunca, nunca hemos viajado a Ítaca…

Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:

llegar allí, he aquí tu destino.

Mas no hagas con prisas tu camino;

mejor será que dure muchos años,

y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,

rico de cuanto habrás ganado en el camino.

música y literatura: el tango

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No hay quien niegue la íntima conexión entre música y literatura; pero si hay un estilo evocador, poderosamente expresivo, lírico y sentimental, ese es, sin duda, el tango. Las letras de los tangos nos hablan de amor, pero también de frustración, de fortuna, de soledad, de amargura, de felicidad, de los pájaros, de los caminos, del sol, de la vida del tendero de la esquina, de la dueña del lupanar, del mundo, de la gata en celo, del vino, del tren de hierro que se detiene en la estación abandonada… Son muy pocos los palos que no toca esta música de origen porteño con vocación universal. Los grandes compositores y letristas de tango alcanzaron la inmortalidad gracias a intérpretes raciales, voces de rotunda personalidad que derrochaban crudeza arrabalera, vertiendo en cada canción hasta la última gota del incienso acre que ha de consumirse en el horno de nuestras almas atormentadas. El más grande de todos, Carlos Gardel, es el que traemos a esta página para ilustrar lo antedicho. Hoy, su estilo y su acento les resultan familiares tanto al australiano como a la chipriota (ambos un poco ilustrados, aficionados a la música y que no vivan en la inopia). Gardel nació en Francia. Desde su juventud vivió con una bala alojada en el pulmón. Pero ni una cosa ni la otra le impidieron convertirse en el artífice del tango, que nació, como el propio Gardel, desheredado, clandestino y sin padre conocido. El ejemplo lo servimos aquí en bandeja de plata con incrustaciones de youtube: se trata del tango «Al mundo le falta un tornillo«, una composición que, como se puede comprobar, ha ganado con los años. No hay que desesperar si a la primera no se entiende ni papa: moviendo graciosamente cualquiera de nuestros deditos hábiles, nos es posible acceder al diccionario de lunfardo, el idioma del tango. Pues eso: que venga un mecánico. ¿que pa qué? Pues pa qué va ser…. ¡pa ver si nos puede arreglaaaaaar…!

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no solo de pan vive el hombre

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Éstas son unas sabias palabras que el poeta Federico García Lorca dijo al inaugurar la biblioteca de su pueblo:

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros? ¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Locución de Federico García Lorca al Pueblo de Fuente Vaqueros (Granada), Septiembre 1931

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