Categoría: naturalmente leyendo (Página 4 de 6)

ingeniería de papel

«Arte pop-up»

Cuando se popularizaron en España a mediados del siglo pasado recibieron el nombre de ilustración-sorpresa, aunque se tiene noticias de estos libros-juguete desde el siglo XVI. Quizá la definición de «ingeniería de papel» sea la que más les va a estas obras de arte, pequeñas piezas de elaborada concepción que amplían una dimensión las ideas contenidas entre las páginas de un libro. Jugando con nuestro cerebro, la técnica del troquelado móvil es una fuente inagotable de pasmo para niños y mayores, un juguete inesperado que reclama la atención del lector llamándolo al interior de sus entrañas de papel. Los autores suelen repartirse las tres tareas necesarias para realizar una obra de estas características: la «arquitectura», la ilustración y el texto, aunque hay ocasiones en las que la creación en su conjunto se la debemos a un solo artífice. Los que ahora se dicen pop-up siguen siendo caros, pero no tanto, si tenemos en cuenta el diseño avanzado y su indiscutible mérito estético. Los coleccionistas buscan ejemplares raros y sorprendentes en un mercado cada vez más saturado. Nosotros no disponemos de libros tales entre nuestros fondos, aunque sí podemos encontrarlos en las bibliotecas públicas, normalmente desvencijados y viciados por el uso. A los padres les debemos muchos de esos «primeros auxilios» que requieren los delicados mecanismos. Pero generalmente cuando forzamos un pliegue y lo le damos el margen de holgura necesario, toda la escena se desmorona… Y lo que es peor: la rehabilitación ya no es posible. Como la vida misma.

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poe y la tecnología

Nunca presumimos de puristas, si bien es cierto que el libro como objeto siempre nos pareció que emparentaba más con el mundo de las letras que cualquier publicación digital. Alguna vez incluso reivindicamos los pixeles frente a la tinta, conscientes de que la progresiva banalización de la literatura y el conocimiento en general exigía un soporte capaz de evitar un innecesario gasto de papel y, por consiguiente, de recursos útiles para otro tipo de empresas de más fuste. Pero con el paso del tiempo y la aparición de nuevos cachivaches, hemos de reconocer que la revolución, aunque no consumada aún, está comenzando a remover los cimientos de la cultura popular. Y ya no solo por esa atracción casi obsesiva por la imagen y la interactividad, sino por la calidad extraordinaria de algunas producciones que al buen amante de las historias le dejan, sencillamente, anonadado. Tal es el caso de la iPoe colectión, un puñado de relatos adaptados de Edgar Allan Poe, primorosamente ilustrados por David García Forés y disponibles en inglés, francés y español. Es difícil imaginarse una conjunción tan bonita y elegante, donde los efectos visuales y sonoros se confabulan para construir una ambientación poetiana en extremo atractiva: gritos, rayos y truenos, corazones palpitantes… combinado con el familiar soniquete de las películas de terror. Reconocemos el mérito de primorosas ediciones adaptadas como la de «La carta robada» y su indudable tirón estético, pero cuando la llamada iPoe colectión nos pone en comunión directa con la obra y la biografía de un clásico de una forma tan divertida, los ojos se nos van hacia la pantallita luminosa, es verdad. Y además gratis, por lo menos en el día y la hora en el que lo encontramos y lo «bajamos» de la red. Del mismo ilustrador y con las mismas trazas hay todavía alguna otra cosilla que nos interesaría revisar, pero el tiempo da para lo que da, y necesitamos de tan importante recurso para hacer otras cosas también muy interesantes y convenientes como, por ejemplo, pasear, escribir una carta, dar un beso, recitar la tabla de multiplicar o… leer.

agricultura, fuente inagotable de abundancia y de felicidad

Ya están en la calle los pregoneros de las grandes  ideas y proyectos para salir de la crisis y para mejorar de la situación de la agricultura y del medio rural:

¡Traigo desarrollo sostenible, ofrezco custodia del territorio por la gente del campo!

¡La agricultura, la ganadería y la selvicultura son las conservadoras del paisaje, la flora y la fauna!

¡Manejemos el territorio con técnicas basadas en el sentido común y no en la ambición!

Alguno  incluso se sentirá orgulloso de su agudeza, creyendo que son ideas propias, de los suyos, y que cuenta con la solución para el sector agrario y la población rural.

Deberíamos conocer nuestra historia y aprender de lo andado por los que nos precedieron. Si en 1795 ya había alguien capaz de plasmar en una publicación la riqueza de la biodiversidad de nuestro territorio y su influencia beneficiosa en la agricultura y el bienestar de las gentes, lo que debemos preguntarnos es por qué seguimos retrocediendo. Responder esta pregunta y reflexionar sobre la respuesta es el primer paso para hallar la soluciones.

En nuestras recomendaciones de lecturas que nos ayuden a comprender la agroecología hoy traemos la obra de Antonio Josef Cavanilles Falop, «Observaciones sobre la Historia natural, geografía, agricultura población y frutos del Reyno de Valencia».  En ella el botánico Cavanilles describe el medio natural, cómo se ha formado y cómo influye en los procesos naturales que se desarrollan en el entorno, y cómo la ordenación del territorio, basada en sistemas de aprovechamiento sostenibles, crea paisajes ricos en flora y fauna, siendo a la vez bellos y productivos. Puedes ver, leer, consultar, descargar, admirar el libro en la biblioteca digital del RJB.Acceder a documento

A pesar de la abundancia, variedad y riqueza de las cosechas del reyno, la mayor parte de sus vecinos viven en necesidad ó pobreza. Este hecho constante parecerá increíble á quien no considere que son innumerables los que disfrutan el reyno. Ademas del prodigioso número de sus habitantes, hay otro muy grande de Señores que extraen quantiosas sumas correspondientes á sus rentas. Sería feliz el reyno si en él viviesen los que lo disfrutan , ó si á lo menos alguna buena parte de sus rentas se emplease en fomentar las fábricas y la agricultura, y en socorrer las necesidades de aquellos labradores.

Este es el bosquejo del pais delicioso que he procurado examinar, recorriendo por espacio de tres años los montes, barrancos, marina y campos cultivados, para dar á conocer algo de lo mucho que contiene acerca de la historia natural y agricultura. Hablaré de lo que he visto; pero quedará aun mucho que añadirán otros más instruidos, contentándome con haber tirado las primeras líneas del quadro.

otras agriculturas, otros libros

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En Francia también encontramos un libro destacado para entender esta explosión de nuevas agriculturas, que nacen como rechazo a la «agroquímica», a la agricultura industrial.  En este caso se trata de «El Huerto Biológico» (Le jardin potager biologique) escrito por  Claude Aubert. Es la publicación más conocida de este ingeniero agrónomo que hoy dirige la revista francesa Les quatre saisons y el centro de educación ambiental  y de investigación en agricultura ecológica Le terre vivant.

En «El Huerto Biológico», publicado en 1973, se describen las técnicas empleadas en la agricultura denominada biológica, muchas ya conocidas en sistemas convencionales o tradicionales: elaboración de compost, asociaciones y rotaciones de cultivos, el acolchado, los abonos verdes, el trabajo de la tierra…

La edición de 2008, de RBA, se presenta ampliada y actualizada, incorporando los nuevos conocimientos adquiridos por investigadores y agricultores, que poco a poco desentrañan el complejo funcionamiento del suelo y de los ciclos biológicos de los organismos que cultivamos o que intervienen en el cultivo, de una u otra manera.

Y te ofrecemos aquí el proverbio chino que encabeza el prólogo:

Si quieres ser feliz una hora, embriágate;

si quieres ser feliz un día, mata un cerdo;

si quieres ser feliz una semana, haz un bonito viaje;

si quieres ser feliz un año, cásate;

si quieres ser feliz toda tu vida, cuida tu huerto.

rachel, los pájaros y la primavera

Hay algo nuevo en el aire. Es un vientecillo leve, pero con un poco de sensibilidad se percibe que andan por ahí revoloteando cambios, ideas y proyectos. ¡Ah, será la agroecología! La primera promoción de productores agroecológicos ha comenzado su andadura y nos contagia  a todos, que vamos buscando un poquito de sostenibilidad en cada gesto.  Pero, como hoy lo ecológico ya es comercial y políticamente correcto, nos llueve de los medios, de la política, de la publicidad, en forma de chaparrón de términos que nos empapa y nos deja confusos de pie en un charco, sin saber si hemos entendido el mensaje:

Biodiversidad, agricultura sostenible, neorural, paisaje agrario, producto ecológico, biodinámica, alimento natural…

Como comemos todos los días nos interesa saber que está pasando  y por que surgen estas etiquetas para las  labores tan antiguas de cultivar la tierra o criar animales. Porque, ¿qué es la agricultura ecológica? ¿Siempre ha sido lo mismo? ¿Desde cuándo existe más de una agricultura? ¿Hay una  tradicional y otra ecológica? ¿O la ecológica es, en verdad, la tradicional?

Por eso vamos a intentar descifrar esta lluvia de ecología en la agricultura. ¿Cómo? Naturalmente, leyendo.

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Hoy nos vamos a remontar a 1962, cuando Rachel Carson escribió Primavera silenciosa (Silent Spring). La publicación de esta obra está considerada como el comienzo del ecologismo. El libro denuncia  los efectos de lo biocidas sobre el medio ambiente y la salud. Esto desató, en plena época del DDT,  la ira de algunos agricultores, industriales y científicos. Rachel Carson fue tachada de alarmista e incluso demandada. Pero nada pudo impedir que su denuncia sobre el impacto del desarrollo en la naturaleza se extendiera y se convirtiera en el germen de un movimiento mundial de defensa del medio ambiente. Su título hace referencia a una primavera sin pájaros, como resultado de la intervención humana con productos tóxicos en  los ecosistemas agrarios y naturales.

un libro para comer en el campo

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¡El libro no, hombre!

No me digas que no te ha pasado. A veces cuando  paseamos  por el campo, lejos de ciudades o pueblos, empezamos a fantasear con la idea de convertirnos en robinsones y utilizar lo que encontramos a nuestro alrededor y sólo eso para sobrevivir. Y claro, en seguida empezamos a pensar en que podríamos comer y que no. Y empezamos a mirar los pequeños frutos de los árboles, las plantas del borde del camino, las hojas… con otros ojos, con ojos de recolector del paleolítico. Nuestros antepasados no disponían de libros, así les iba, pero tú si. Basta con que te acerques por la biblioteca y nos pidas:

Guía de campo: Frutos silvestres de la Península Ibérica de Ángel M. Romo, editorial Planeta.

Luego tú lo metes en la mochila y listo. A ser de nuevo recolector. ¡Qué tiempos aquellos!

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