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alicia en el corazón

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Resulta difícil hablar de un personaje que ha sido analizado desde tantos puntos de vista, aunque si nos aproximamos a la Alicia de Carroll como corresponde, es decir, como lectores y no como críticos eruditos, las posibilidades de escribir algo original se multiplican notablemente. Para los más jóvenes esto quizá sea difícil de entender, pero Alicia y el país de la Maravillas ha formado parte de nuestra infancia. Las peripecias de la niña, por más veces que resultaran repetidas, vivían en la imaginación y aún en los sueños, alimentándose de una ingenuidad que aún no había sido expoliada por los canales temáticos o los juegos electrónicos. Los de mi generación aprendimos a darle forma a los fenómenos y los horrores en los cuentos ilustrados de héroes, príncipes, flautistas, hadas y brujas en un momento en que la tradición oral empezaba a declinar bajo el influjo de la televisión.  Y fue a través de este medio por el que nos llegó la particular interpretación, a veces un tanto edulcorada y perversa, de los dibujantes y guionistas de la factoría Disney, que animaron gestos y expresiones inéditos y pusieron voz con acento hispanoaméricano a nuestras fantasías. Ahora que ya somos mayores, asomamos la patita de la nostalgia para que se nos reconozca como gente sensible aunque algunos lean a Izaguirre o a Suso de Toro, para defender ante vosotros, que os parapetáis tras los incontables volúmenes de la factoría Rowling y Asociados, la talla humilde de los héroes y heroínas de antaño, el atractivo de cada uno de sus matices y su disponibilidad inagotable para inspirar a los modernos creadores. Sin embargo, si tenéis interés por explorar esa quinta dimensión (las otras son las tres de toda la vida más el tiempo) que descubrió Alicia en el interior de una madriguera de conejos, os aconsejo que leáis la versión original (no las adaptadas) de Lewis Carroll: os aseguro que, en algún momento de vuestra vida, vosotros mismos sentiréis el impulso irreprimible de leérsela a vuestros hijos. Como yo he hecho con los míos.

Alicia en el país de las maravillas: el autor y su obra

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¡Vuelven los clásicos!. La meca del cine, más conocida como Hollywood, parece que se ha quedado sin ideas originales y como una industria no puede parar, guionistas, creativos, productores ejecutivos y mandamases en general, se lanzan a la adaptación de obras de la literatura universal. Ahora es el turno de “Alicia en el país de las maravillas” de Lewis Carroll, pero que no cunda el pánico, es el gran Tim Burton el responsable de llevar la historia a la grana pantalla ¡y en 3D!.Pero antes de hablar de la película ¿qué sabemos del autor y su obra?.

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Lewis Carroll es el seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson -el sobrenombre lo creó a partir de la latinización de su nombre y del apellido de su madre, Lutwidge fue latinizado como Ludovicus, y Charles como Carolus y posteriormente traducido al inglés como Lewis Carroll- (1832 -1898), sacerdote anglicano, matemático, fotógrafo y escritor británico. Fue el tercer hijo del matrimonio Dodgson, y el primer varón. Su padre era sacerdote y vivieron durante 25 años en la rectoría de North Yorkshire. Estudió en la universidad de Oxford donde destacó como matemático. En 1857 logra un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church, trabajo que desempeñaría durante los 26 años siguientes (aunque no parece haber disfrutado especialmente de su actividad). Cuatro años después fue ordenado diácono. En 1856, Carroll descubrió la fotografía, una de sus grandes pasiones. La obra definitiva acerca de su actividad como fotógrafoLewis Carroll, Photographer» de Roger Taylor, 2002), documenta exhaustivamente cada una de las fotografías que se han conservado, Taylor calcula que algo más de la mitad de su obra conservada está dedicada a retratar a niñas. En 1856 publicó su primera obra con el seudónimo que le haría famoso: un poemilla romántico, «Solitude«, que apareció en The Train. También en 1856, llegó a Christ Church Henry Liddell, trayendo con él a su joven esposa y a sus hijas, que tendrían un importante papel en la vida de Carroll. Éste entabló una gran amistad con la madre y con los niños, especialmente con las tres hijas, Lorina, Alice y Edith. Parece ser que se convirtió en una especie de tradición llevar a las niñas de pic-nic. Fue en una de estas excursiones, concretamente, el 4 de julio de 1862, cuando Lewis Carroll inventó el argumento de la historia que más tarde llegaría a ser su primer y más grande éxito comercial. Después de la excursión, Alice le pidió que escribiese la historia. El manuscrito se titulaba «Las aventuras subterráneas de Alicia»Alice’s Adventures Under Ground») y estaba ilustrado con dibujos del propio autor. Se especula que la heroína de la obra está basada en Alice Liddell, pero Carroll negó que el personaje estuviera basado en persona real alguna. La obra se publicó finalmente en 1865 como «Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas»Alice’s Adventures in Wonderland»). Las ilustraciones de esta primera edición fueron obra de Sir John Tenniel. El éxito del libro fue tan grande que Carroll escribió y publicó una segunda parte, «Alicia a través del Espejo»Through the Looking-Glass and what Alice Found There»).

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la voz del maestro

Rescatamos de la serie «Documentos» de Radio Nacional de España una excelente semblanza de Miguel Delibes que convierte en vano cualquier intento de hacer algo mejor. Me gustaría destacar una cita que resulta particularmente esclarecedora del fondo humano y literario de D. Miguel: «Tras medio siglo de ejercicios, sigo considerando la literatura una dedicación seria, una dedicación más seria y responsable que hace cincuenta años. Entonces se pensaba, un poco frívolamente, «voy a escribir una novela, a ver qué sale», le decía a un amigo. El autor responsable debe pensar hoy que va a escribir algo que valga la pena. Y si no, mejor no escribir nada».

Miguel Delibes, in memoriam

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Por aquel entonces, los de la primera fila estirábamos el cuello y afinábamos el oído para saber qué tesoros ocultaba la profesora en el interior de su bolso, del que solía extraer libros grandes y pequeños, seleccionando párrafos que después leía ceremoniosamente. Había decidido no proponer ninguna lectura «obligatoria», pero cada día llevaba a clase dos o tres ejemplares y, tras una pequeña introducción, nos leía alguna cosa con ese entusiasmo que es incapaz de transmitir el que solo finge que le gusta la literatura. Un día nos enseñó un libro, «Mi idolatrado hijo Sisí», una vieja edición de los años 60 firmada por un tal Delibes. Nos contó cómo había obtenido el autógrafo y por qué ese libro significaba tanto para ella. Lo manejaba con mimo, haciendo que las páginas se deslizaran suavemente por las yemas de sus dedos. De repente cruzó su mirada con la mía y me espetó: «¿Lo quieres leer?» Por la tarde, de camino a casa, sentí cómo dentro de la mochila palpitaba el alma de una historia que se me había entregado en custodia. Hasta que no llegué a casa no quedé aliviado de la pesada carga de la responsabilidad, pero superada la ansiedad inicial, tomé el libro con el máximo cuidado y comencé a leerlo, empezando por la dedicatoria: «Con todo mi afecto. Miguel Delibes». Durante tres días me entregue a la novela con una rara combinación de placer, curiosidad y avidez, sin afán por el lucro de una buena nota o una palmadita aprobatoria en el hombro. «¿Te gustó?» me preguntó cuando el libro regresó a manos de su legítima dueña. «Si», le respondí. «Y este autor, Delibes, ¿ha escrito más cosas?». Asintió levemente, escamoteándome lo que parecía una sonrisa contenida, mientras revolvía el fondo de su enorme bolso. «Esto es para ti». Era una edición reciente de una novela: «Los Santos Inocentes». En el recreo me oculté en el último rincón del patio; mi libro y yo solos, a la sombra de un enorme plátano grueso y elevado, que en las alturas coqueteaba con el viento. En la primera página rezaba una inscripción: «Con todo mi afecto. Pilar». Entonces supe que aquella profesora no me había regalado un libro, sino su gran pasión por la literatura.

exposición

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Hemos rescatado de anaqueles recónditos novelas que ustedes nunca hubieran podido imaginar; hemos visto lectores ávidos de historias fantásticas más allá de los límites del instituto, miradas vivas y alegres, hojeando un libro a la puerta del Tanhäuser, según se entra a Colunga, a mano derecha… Deseamos que todos esos momentos no se pierdan en el tiempo, y se conserven como la huella de una lágrima en el blanco infinito de una página aún por descubrir. Es hora de leer…

Holmes, Sherlock

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Sherlock Holmes, aunque algunos no lo creáis, es un  personaje ficticio creado en 1887 por Sir Arthur Conan Doyle y protagonista de una serie de 4 novelas –Estudio en escarlata(1887), El signo de los cuatro o la marca de los cuatro (1890), El sabueso de los Baskerville (1902) y El Valle del Terror (1915)- y 56 relatos reunidos en lo que se llama elCanon holmesiano y que fueron publicados en su mayoría por The Strand Magazine. Todos lo asociamos a un gabán, un sombrero de caza y a una pipa,  pero ¿qué más sabemos de él?

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William Sherlock Scott Holmes, nació un 6 de enero de 1854, su padre era un hacendado inglés y su madre descendía de una estirpe de pintores franceses, tiene un único hermano siete años mayor,  Mycroft, que trabaja como asesor del gobierno inglés.  Holmes cursó sus estudios universitarios en la universidad de Oxford y tras su graduación, se alojó cerca del Museo Británico para poder estudiar las ciencias necesarias para el desarrollo de su carrera profesional (botánica, química, anatomía y leyes), es un virtuoso del violín (un Stradivarius que toca a horas intempestivas) además de un excelente boxeador y un maestro en el arte del disfraz. Conoce a Watson en 1881, en el Hospital Saint Bartholomew y juntos viven en el 221B de Baker Street, en Londres. Su gran enemigo es el profesor Moriarty; rehusó el título de sir, pero aceptó la Legión de honor y tras una carrera de 23 años, de los que Watson compartió 17 con él, Holmes se retiró a Sussex, donde se dedicó a la apicultura. Posteriormente a su jubilación como detective, dedicó dos años a preparar una importante acción de contraespionaje poco antes del inicio de la Primera Guerra Mundial y su pista se perdió a partir de 1914.

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Experiencia profesionalComenzó su carrera de detective a los 24 años, en 1878. Pero fue en 1882 cuando se asoció con el Doctor Watson para trabajar. Sólo entre 1878 y 1889 investigó unos 500 casos de «importancia capital». Hasta 1891 se dedicó a desenmascarar la organización criminal del Profesor James Moriarty, y que acabó con la muerte de éste último. En 1894, tras tres años sin ejercer, vuelve al servicio, recibiendo la Legión de Honor ese mismo año por el arresto de Huret, el asesino del bulevar en París. Entre 1894 y 1901 llevó cientos de casos más y es en esta época cuando Watson logró quitar a Holmes de su adicción a la cocaína. Entre 1903 y 1904 empezó su retiro en Sussex, revisando los registros de casos y destruyendo aquellos que pudieran comprometer a clientes de la alta sociedad. La proximidad de la guerra de Alemania, sin embargo, hizo que pusiera su sorprendente combinación de habilidades prácticas e intelectuales al servicio del gobierno ofreciendo mucha información falsa a los alemanes y logrando el arresto del espía prusiano Von Bork.Sherlock Holmes ha sido vencido alguna vez, según ha declarado – «He sido vencido 4 veces: tres por hombres, y una vez por una mujer«.

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