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ahora que llegan las vacaciones…

…observad cuanto hay a vuestro alrededor. Es posible que haya cosas que se os han pasado por alto. Quizá durante los últimos meses de frenética actividad escolar, la rutina os ha privado de percibir los matices de la vida, y ahora, volcados panza arriba sobre un cálido lecho de hedonismo y arena fina, tenéis al fin la oportunidad de contemplar durante horas el vuelo errático de las gaviotas o el tránsito lento y silencioso de una colada de nubes limpias. Eso por no hablar de las innumerables oportunidades de darle tregua a la mente, abotargada de sintagmas y ecuaciones, con una o varias historias maravillosas de esas que otros alumbraron en su imaginación, y  que ahora se nos ofrecen, turbadoras, bajo un sol de justicia: «Había sido normal hasta que cumplió veinticinco años. Entonces, durante unas infortunadas vacaciones en Estados Unidos, sobrevino el percance. En Chicago (…) el joven Adolfo había conquistado (creía él) a una señora en un cabaret, y ella se lo llevó a un hotel, y estaba en plena acción cuando sintió en la espalda la punta de un cuchillo.» (La tía Julia y el Escribidor de Mario Vargas Llosa). Porque con ayuda de un buen libro nos podemos remontar más allá, incluso, de ese horizonte azul y cierto donde el mundo se curva: «Una gota de agua sube los peldaños de una escalera ¿La oyes? Tumbado en la cama a oscuras, escucho su misterioso recorrido. ¿Qué hace? ¿Brinca? Tic, tic, se oye de forma intermitente. Después la gota se detiene y quizá durante lo que queda de la noche no vuelva a dar señales de vida.» (Una gota de Dino Buzzati).  Si has de aguardar a que el tedio y el aburrimiento te asedien, sea. Pero llegado ese momento, no lo dudes: toma un libro e intenta encontrar entre las palabras, que se preparan como un festín sobre el mantel de las páginas afiladas, lo que otros tantos lectores persiguieron y hallaron antes que tú: el placer de leer por leer: «Siempre la ha maravillado que sólo a ella el zapato le calzase a la perfección, porque su pie (un 36) no es en absoluto inusual y otras chicas de la población deben de tener la misma talla. Todavía recuerda la expresión de asombro de sus dos hermanastras cuando vieron que era ella la que se casaba con el príncipe y (unos años después, cuando murieron los reyes) se convertía en la nueva reina.» (La Monarquía de Quim Monzó).

jugando a iluminar

Durante una buena temporada os hemos acercado algunas joyas bibliográficas, manuscritos e incunables de esos que hacen afición a los libros. Ahora os proponemos jugar al «iluminador» invitándoos a que este verano hagáis vuestros pinitos en este arte. Para ello contamos con las impagables paletas que nos ofrecen los programas informáticos, y los finos y precisos pinceles de los ordenadores. De esta forma reviviremos los tiempos en los que los viejos libros que atesoraban la palabra escrita eran la síntesis perfecta del saber y la creatividad humana, un tesoro único que pasaba de mano en mano y constituía un codiciado objeto de deseo. Para ello os podéis servir de este texto, un incunable francés del año 1482, muy bonito y profusamente ilustrado.

incunable francés

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todas las caras de boris vian

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39 años. Como los 39 escalones de Hitchcock. Una vida muy breve para hacer muchas cosas: Boris Vian fue cantante, poeta, guionista, escritor, actor, técnico, crítico… No se puede decir que fuera un genio. Ni siquiera es correcto afirmar que todo lo que hacía lo hacía bien. Pero de lo que no hay duda es que era todo un personaje, un personaje de carne y hueso que protagonizó su propia y apretada existencia como nadie. Anticlerical con primera comunión, antimilitarista dispensado del servicio por problemas de salud, ingeniero con vocación de trompetista, blanco comprometido con la causa de los negros (americanos), escritor de novelas prohibidas por la cuarta República (francesa)… A nosotros nos interesa especialmente su dimensión literaria. Sus libros están escritos con la entraña. La pólvora que derrocha en todos sus escritos es una crítica demoledora al momento histórico que le tocó vivir. Sería por eso que sus libros no tuvieron demasiado éxito ni alcanzaron verdadera difusión hasta después de su muerte. Boris Vian falleció en un cine, en el patio de butacas, durante el estreno de una película basada en su novela más conocida: Escupiré sobre vuestra tumba. El escritor había renegado públicamente de esta adaptación a la pantalla y mostró su descontento muriéndose durante la proyección. Por si fuera poco, ese día los empleados del cementerio andaban de huelga (¡Aaaah! ¡Francia siempre será Francia), así que sus amigos tuvieron que enterrarle por su cuenta. ¿De verdad que no te apetece leer nada de este hombre?

Para la sección, seleccionamos El desertor, interpretado por Vian (cantante), todo un referente antimilitarista del siglo XX. La traducción no es buena y tiene faltas de ortografía de grueso calibre pero, en fin, ese es el peaje que hay que pagar en internet. El segundo vídeo es una canción de Diane Tell, con letra del mismísimo Boris Vian (escritor).

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Medio siglo sin Boris Vian

Was ist unser höchstes Gesetz?

Hace mucho, pero que mucho tiempo, existían dos Alemanias. No se puede decir que entre ambas hubiera muy buen rollo. De hecho, estaban separadas por un muro físico y político. Una de las alemanias era rica, floreciente, industriosa y tenía una buena selección de fútbol. La otra, la que se hacía llamar democrática, no era ni siquiera eso. Ésta última emitió en 1975 un billete con la efigie de un escritor reivindicado por las dos Germanias: Johann Wolfgang von Goethe. Goethe fue todo un personaje: además de literato de altura, ejerció de ministro y presumió de científico con ideas propias, de esas que no pasan a la posteridad, pero dan que pensar. Intelectualmente superdotado, se codeó con las personas más notables de su época, llegando a conocer a Napoleón, por el que sentía una gran admiración. Una de sus primeras novelas, Las desventuras de Werther, ocasionó una ola de suicidios entre jóvenes deprimidos aquejados de mal de amores. También es autor de Fausto, considerada una obra cumbre de la literatura universal. Goethe se pasó toda su vida revisando y corrigiendo el texto, hasta el punto de que la segunda parte solo se publicó después de su fallecimiento. El Fausto ha inspirado un montón de producciones literarias, pictóricas, musicales y cinematográficas (como prueba traemos aquí el de Murnau, una versión de 1926 aún no superada). Hijo de su tiempo, las ideas de Goethe eran un poquitín, cómo decirlo, acomodaticias: de él se dijo que «halagaba el egoísmo, la dureza de corazón; por eso lo aman los faltos de amor«. Se le atribuyen sentencias como aquella que reza «prefiero la injusticia al desorden» o ésta última, «Was ist unser höchstes Gesetz? Unser eigener Vorteil» (¿Cuál es nuestra ley suprema? Nuestro propio beneficio), divisa que, al margen de las ideologías, podría figurar en un billete de banco emitido por cualquier país.

El Instituto público que lleva su nombre tiene el misión de difundir por el mundo el conocimiento de la lengua germana y su cultura. Vendría a ser el equivalente a nuestro Instituto Cervantes. Ambos fueron laureados, (¡cómo no!) con el premio príncipe de asturias de hace unos años…

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bajo el influjo de jon bilbao (segunda entrega)

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Continuamos con la entrevista que le hicimos a Jon Bilbao, con reto incluido.

 

  • No hay duda de que su prosa cautiva. Tiene un algo que atrapa, que seduce desde la primera línea, que a la vez desconcierta por su aparente sencillez… De entrada parece un buen comienzo para alguien que busca un estilo propio… ¿Cree que ya lo ha encontrado?

No. La del estilo es una búsqueda continua. Nunca hay que decir: ya lo he conseguido, ya sé hacerlo bien. Eso sería el fin, sería empezar a repetirse.

  • Observamos que en el relato corto abundan las producciones en las que la historia, la buena historia, está ausente… en otras palabras: que echamos en falta el propio “cuento”. ¿Falta de imaginación o una perversión de la modernidad?

 Las dos razones y muchas otras. Pero un relato no tiene que seguir necesariamente la estructura: planteamiento, nudo y desenlace, ni tener una trama y unos personajes al uso. Los experimentos son necesarios, todos sacamos provecho de ellos, incluso de los fallidos.

  • Se dice que a John Cheever le expulsaron del colegio por fumar y que eso determinó, para bien, su futuro como escritor. ¿Es cierto que la rebeldía está en el origen de un buen narrador?

Yo más bien diría que el origen reside en la insatisfacción, que a su vez puede generar rebeldía.

  • En la mayoría de las entrevistas le preguntan sobre sus referencias literarias, y sus recomendaciones al respecto. En nuestro caso, vamos a invertir los términos: ¿qué libros o autores desaconsejaría a un adolescente que está reuniendo su propia biblioteca?

No le desaconsejaría ninguno. Que lea lo que más le apetezca. El tiempo, con un poco de suerte, irá refinando su gusto.

  • Y para terminar, le vamos a pedir algo que no sabemos si es muy ortodoxo: El comienzo, el pié, la primera línea de un relato cualquiera, comprometiéndonos a que nuestro equipo de creadores dotará de piel y entrañas al pequeño embrión hasta su alumbramiento. Entonces solo nos quedará regalársela con todo cariño por su paciencia y amabilidad.

“La pasada noche la vi arrastrarse por la playa.”

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