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bajo el influjo de jon bilbao (primera entrega)

Interesados como estamos por este autor, sometimos su paciencia a una dura prueba de la que salió victorioso: conociéndole como le conocíamos a través de algunas entrevistas y apariciones en los medios, le preparamos algunas cuestiones alimentadas por la curiosidad de los que quieren saber de primera mano qué es eso de ser escritor, cómo se forja uno y que derroteros toma la obra cuando está sometida al severo escrutinio de editores, colegas y lectores. El resultado de esta incursión en el mundo literario de Jon Bilbao es la que a continuación os ofrecemos (en dos entregas). Disfrutadla.

  • Imagínese que le toca dirigir el aprendizaje literario de un lector adolescente que aun no sabe si desea serlo… ¿Cuál sería, al menos, el primer paso que daría?

Que no aborde el proceso como un aprendizaje sino como una forma de diversión; que comienza por leer lo que más le apetezca y luego se deje conducir por las lecturas, que unas lo lleven a otras.

  • En el instituto se proponen lecturas “obligatorias” que ilustran eso que hemos llamado la historia de la literatura. ¿Cree que es esa una buena forma de acercarse a la lectura? ¿Cómo vivió de muchacho esa experiencia?

La verdad es que no me parece la mejor forma. Sin duda hay que dar a los chavales unas nociones de historia de la literatura, lo que incluye algunas lecturas; pero habría que alternar tales lecturas con otras más modernas y apetecibles, que fomenten la curiosidad del alumno y le descubran que leer es entretenido. Yo quisiera haber tenido profesores menos preocupados por cumplir el temario y más por crear lectores.

  • En su caso, ¿es cierto eso de que el oficio de escritor se aprende como lector autodidacta?

En gran medida, sí. Un escritor nace de un buen lector.

  • Nos gustaría saber más sobre su proceso de creación… Hay escritores que escriben del tirón y otros confiesan que cada frase es un lento y doloroso alumbramiento ¿En qué grupo se incluiría?

Tomo muchas notas antes de empezar a escribir, de forma que cuando me pongo a ello ya tengo clara la trama, los personajes y el final hacia el que tengo que avanzar. Esto no significa que luego la escritura sea una mera trascripción de mis notas, sino que es un proceso creativo en sí mismo: se me ocurren ideas nuevas, descubro que algunas de las que tenía no funcionan… Luego viene el inacabable proceso de reescritura, tan importante como el anterior.

  • Tenemos la intuición de que con esto de Internet son muchos los que se dedican a escribir y muy pocos a leer… ¿es necesario conocer (de verdad) a los clásicos para innovar?

Creo que sí, aunque muchos se me lanzarán al cuello por decirlo.

  • Hace poco escuchábamos un viejo discurso de D. Francisco Ayala en el que afirmaba que:

Hoy, otros nuevos obstáculos nos amenazan. Aludo, claro está, al progreso pujante e irresistible de los medios de comunicación audiovisual, cuyos servicios han sustituido, tanto para la información como para la recreación de las grandes masas, al recurso de la palabra escrita. Por su causa, las gentes abandonan la práctica de la lectura, y pierden la costumbre de sentarse con un libro en la mano para ejercitar la mente y cultivar la imaginación interpretando su contenido. Y así, el centro de la autoridad idiomática se desplaza desde la letra impresa hacia posiciones desde donde se difunde una oralidad desaliñada, regida por criterios de urgencia.

¿Qué opina de ello?Prefiero evitar las opiniones catastrofistas. Siempre ha habido y siempre habrá alternativas de ocio que roben tiempo a la lectura. Pero no podemos olvidarnos de que el cine y la televisión, con sus lenguajes particulares, han ejercido una importante e interesante influencia en la escritura. Y gracias a Internet, se lee y se escribe más que nunca.

caligramas

A las puertas de otro verano refulgente, os vamos a proponer algunas ideas para disfrutar leyendo, escribiendo, inventando y, en fin, haciendo todas esas cosas que se asocian con el uso indiscriminado y espontáneo de la creatividad, capacidad consustancial al género humano, asociada, por si no lo sabéis, a los éxitos personal, académico y profesional. En otras palabras: pensar puede ayudarte a mejorar un poco tus calificaciones. Y hacerte la vida más agradable.

A lo que vamos: un caligrama es una gamberrada visual, una recreación gráfica de un mensaje en el que las letras, las palabras o las frases se disponen de manera sugerente para llamar la atención del lector. Generalmente el contenido del caligrama está relacionado con la imagen evocada; un ejercicio que permite fundir en el mismo cuenco el chocolate blanco de la imagen con el negro de la palabra escrita, sin más límite que el que imponga la imaginación de cada uno. Por la red puedes encontrar ejemplos notables de esta curiosa manera de presentar la creación literaria. Únete al nutrido grupo de caligrameros que en el mundo somos.

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bajo el influjo del cometa

El joven apareció muerto a la mañana siguiente. Lo descubrió su hermano, en el jardín de su casa. El cuerpo descansaba en el césped amarillento, brazos y piernas extendidos formando un aspa, y en su vientre se abría una cavidad roja. Debía de haber sido sorprendido al amanecer, antes de subir a su todoterreno para ir al trabajo. Nadie había oído nada. Nadie había visto nada. En el sendero de piedra que atravesaba el jardín había huellas de sangre. En ellas era posible reconocer, sin espacio para la duda, las…

No es habitual que podamos leer y disfrutar literatura de alguien vinculado a nuestro entorno más inmediato. Así que cuando se produce esa conjunción entre lo bueno y lo familiar no podemos dejar pasar la ocasión de traerlo a nuestra página. Este es el caso de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972). No se trata de un autor novel. Ni mucho menos. Es posible encontrar en internet varias reseñas de libros y cuentos que le han valido reconocimientos y premios como el Tigre Juan. Pero sí es un escritor en busca de una identidad, de un estilo propio que comienza a descollar sobre todo en relatos cortos, en su mayoría notables ejercicios de una encomiable agilidad narrativa. Llegó a nuestra biblioteca de la mano de Bajo el influjo del cometa (Salto de Página, 2010), una serie de cuentos de distinta factura y sin ninguna relación formal, a no ser la inquietante atmósfera que sobrevuela cada uno de ellos, y que no dejará indiferente al lector, por muy prevenido que esté acerca de la deriva inesperada que suelen tomar los acontecimientos que alimentan las fábulas de Jon Bilbao. Como somos curiosos por naturaleza no dejaremos pasar la oportunidad de saber un poco más de este autor, de su estilo y del proceso creativo que le ha llevado, por ejemplo, a colocar otro título en los expositores de todas las librerías: Padres, hijos y primates.

quiero pedirles que lean…

Hace poco tiempo que nos dejaba Ernesto Sábato. En nuestra pequeña biblioteca hay estos días un ruego insistente que el escritor argentino dirigía a los jóvenes: Leer les agrandará, chicos, el deseo, y el horizonte de la vida. Siguiendo su consejo, me pregunté: ¿Por qué leer? ¿Para qué leer? Y casi sin darme cuenta, estaba intentando encontrar una respuesta. Mi contacto con las historias de piratas no vino por el capitán Jack Sparrow, protagonista de la famosa saga de Piratas del Caribe. Me aficioné a ellas siguiendo las aventuras del joven Jim Hawkins y de un viejo bucanero llamado John Silver, embarcados en la Hispaniola, a la búsqueda de un tesoro… Recuerdo enfrascarme en la lectura de “La isla del tesoro” en las mañanas del verano en el que tenía doce años. Aún en la cama, recibiendo las primeras luces del día a través de la ventana, y engañando al estómago que ya pedía desayunar.Por un tiempo yo era el joven Jim y me enfrentaba a peligrosos piratas tras la pista de un cofre lleno de doblones de oro, en una isla desierta del Caribe. Y mientras, en mi mente sonaba esta vieja canción: Quince hombres sobre el baúl del muerto… ¡Yujujú, y una botella de ron!Quince hombres sobre el baúl del muerto… ¡Yujujú, y una botella de ron!

infidelidades

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Los romances o poemillas populares que recitaban los juglares de pueblo en pueblo buscaban atraerse la atención del público, tendente a mostrarse más agradecido cuanto más le gustara aquello que le ponían en los oídos. Los ciegos, caminantes sin rumbo, difundían historias morbosas y violentas, adornadas con detalles y sucesos que excitaban la imaginación del respetable. A menudo exhibían cartelones con viñetas para ilustrar los momentos estelares. Al concluir, solían vender ejemplares del texto (los llamados pliegos de cordel), lo que permitía la relectura y favorecía la memorización y difusión oral, a veces no con todo el rigor necesario, lo que a la larga desencadenaba un aluvión de versiones diferentes.

La infidelidad entre esposos era uno de los temas preferidos. En una época en la que la mujer era poco más que un apéndice del hombre, resultaba sumamente provocador que fueran ellas las que llevaran la iniciativa, se mostraran rebeldes, casquivanas o conspiradoras. Y así, de esa forma, se aprovecharan de los previsibles deseos de los varones, que rendían su voluntad a los encantos de la dama. Los dos romances que os traemos a Biblioluces son buena muestra de cuanto hemos dicho. Ni el uno ni el otro nos revelan la suerte final de las protagonistas, aunque es probable que el autor omitiera dicha información a sabiendas de que los oyentes de ambos sexos se harían una atinada composición de lugar.

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la historia de la imprenta

Abrir ME LLAMO JOHANNES GUTENBERG

No es una exageración afirmar que la imprenta revolucionó la historia de la producción y difusión del conocimiento, lo que es lo mismo que decir la historia de la humanidad. El invento en cuestión venía a satisfacer la clamorosa necesidad de surtir de libros a los curiosos, investigadores, profesores y eruditos del siglo XV, y la lenta y cara reproducción por copia directa encarecía los costes y no satisfacía la demanda. Gutenberg, cuyo verdadero nombre era Johannes Gensfleisch zur Laden (nada que ver con el tipejo ese que hoy está en boca de todo el mundo), empeñó hasta el sombrero para imprimir la biblia que os presentamos en la entrada anterior. Pero como quiera que el proyecto se retrasaba, Fust (que así se llamaba el socio capitalista que puso la pasta) se cansó de esperar resultados, y él y su yerno, el calígrafo Schöffer (el otro padre de la imprenta) se adueñaron de todo el tinglado. Disuelta la sociedad, Gutenberg quedó relegado, y a partir de ese momento malvivió de chafarle la exclusiva a los otros dos. Hoy se le reconoce como el promotor de una innovación más trascendente, si cabe, que el omnipresente microchip, porque sin la una difícilmente se hubiera llegado hasta el otro.
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