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la biblia de gutenberg

Es uno de los libros más bellos que jamás se hayan impreso. No fue el primero, pero sí el que sirvió para difundir el nuevo invento de la imprenta por el considerable número de copias que salieron al mercado. A su valor histórico se le unen el detalle y exquisito acabado: fue iluminado y delicadamente rubricado por sus autores. La razón es que los impresores, incluido Gutenberg, imitaron la obra de los pacientes calígrafos medievales, que hasta entonces habían copiado los libros a mano, posiblemente con la intención de vender los volúmenes a mayor precio. Por eso los incunables  -todos libros impresos hasta el año 1500- son prácticamente iguales a los confeccionados con punzón, cálamo y piedra pómez. Traemos a la biblioteca virtual de Biblioluces nuestro propio tomo, conformado por páginas sueltas pertenecientes a los dos ejemplares (uno en papel y otro en pergamino) conservados en la British Library. No podremos oír el crujido de los folios entre nuestros dedos, pero sin más esfuerzo que el de manejar el ratón con pericia, podremos admirar la extraordinaria traza de un libro irrepetible.

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animalario universal

Fruto de un exquisito trabajo taxonómico y descriptivo es este compendio, que bajo el título genérico de Animalario Universal, recopila buena parte del bestiario fantástico hallado en las selvas de Africasia y Oceamérica. El promotor de esta magna obra es el profesor Revillod  (abajo, en la foto), un biólogo apasionado por la rica fauna que habita los rincones de la imaginación. El lector curioso se maravillará con la imponente figura del CECETE (Primitivo branquiado de piel blindada de las selvas de la India) o el porte majestuoso del ELECHIGRE (Formidable paquidermo de hábitos omnívoros de los bosques malayos). Esta joya literaria de la zootecnia moderna le permitirá tener en su mano la friolera de 4096 fieras diferentes, con la descripción de sus hábitos y modos de vida. Todo un monumento al cortar y pegar, de tanta raigambre entre nuestro alumnado más refractario, que sin duda hará las delicias de los que veneran el rigor de procedimiento y la atenta observación de cuánto les rodea.

nina lee a yeats

Nina es una alumna de primero de la eso. A la hora del recreo baja las escaleras como una exhalación, camino del patio. O de la biblioteca. Nina puede expresarse correctamente en dos idiomas diferentes. También lee estupendamente, tanto en inglés como en español. Dice que la poesía no es su fuerte, pero tiene un libro de Yeats en casa y recita con naturalidad «The Stolen Child». Por eso le pedimos que nos regale su voz, cosa que hace de mil amores. El resultado es esta pequeña grabación con la que completamos el homenaje al poeta irlandés. Para que no se sienta sola, hemos rescatado un registro en directo de Loreena McKennit. Esta canadiense pelirroja cuenta con un caudal de voz que pone la piel de gallina… Os dejamos en la compañía de la una y la otra. No importa que no entendáis nada… escuchad, simplemente…

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veinte libras de yeats

Otro poeta impreso en un billete de banco. La notoriedad de William Butler Yeats no se debe a su nombre (Butler es “Mayordomo” en inglés), ni a su obsesiva naturaleza enamoradiza. Ni siquiera al Premio Nobel, galardón que recibió en 1923, concedida por la oportunista academia sueca. La relevancia de la poesía de Yeats radica en su profunda identificación con irlanda y lo irlandés. Desgraciadamente, la complejidad de su obra no otorga concesiones a los que debemos leerle en traducciones más o menos acertadas. El poeta nunca escribió verso libre, y eso hace particularmente difícil trasladar la musicalidad y el sentimiento del inglés al español, a pesar de que la riqueza de nuestro idioma se presta a todo tipo de contorsiones líricas. Es una pena que en la biblioteca no haya nadie que esté en condiciones de llegar al alma de su palabra… ¡Un momento! Acaba de pasar una muchacha con un pequeño libro bajo el brazo… ¿Y si fuera de Yeats? ¿Y si quisiera leernos algún poema? ¡Oye! ¡Aguarda! ¡No te vayas!…

«Tus ojos que antaño nunca se cansaron de los míos,
se inclinan hoy con pesar bajo tus párpados oscilantes
porque nuestro amor declina».

Y responde ella:
«Aunque nuestro amor se desvanezca,
permanezcamos junto al borde solitario de este lago,
juntos en este momento especial
en el que la pasión, pobre criatura cansada, cae dormida.
¡Qué lejanas parecen las estrellas,
y qué lejano nuestro primer beso,
y qué viejo parece mi corazón!».

Pensativos caminan por entre marchitas hojas,
mientras él, lentamente, sosteniendo la mano de ella, replica:
«La Pasión ha consumido con frecuencia
nuestros errantes corazones».

Los bosques les rodeaban, y las hojas ya amarillas
caían en la penumbra como desvaídos meteoros,
entonces un animalillo viejo y cojo renqueó camino abajo.
Sobre él, cae el otoño; y ahora ambos se detienen
a la orilla del solitario lago una vez más.
Volviéndose, vio que ella había arrojado unas hojas muertas,
húmedas como sus ojos y en silencio recogidas
sobre su pecho y su pelo.

«No te lamentes», dijo él, «que estamos cansados
Porque otros amores nos esperan,
odiemos y amemos a través del tiempo imperturbable,
ante nosotros yace la eternidad,
nuestras almas son amor y un continuo adiós».

Versión de Luis Zalamea.

marco polo y…

El gran rey Kublai es muy apuesto, de estatura mediana, ni muy grueso ni muy flaco; tiene la cara redonda y blanca, los ojos negros, la nariz muy hermosa, y en toda la complexión de su cuerpo está muy bien proporcionado. Tiene cuatro mujeres a las que da el nombre de legítimas. El primogénito de la primera le debe suceder en el trono. Cada una de estas cuatro dispone para sí de una corte real en su propio palacio, pues posee trescientas doncellas escogidas y muchos criados eunucos, y otros servidores sin cuento, de suerte que el séquito de cada una de ellas se compone de cerca de diez mil hombres y mujeres.

Algunos dicen que en las memorias de Marco Polo confluyen historias reales con fantasías, relatos de terceros e invenciones más o menos verosímiles para los lectores de su época. Según él, fue emisario y privado del Khan, que le tenía por hombre prudente. Sin embargo, los registros chinos de la época no recogen el encuentro entre ambos hombres. Sea como fuere, el texto de Marco Polo obtuvo una relevancia que va más allá de su rigor histórico o geográfico y, en ese sentido, no se le debe escatimar el mérito por lo mismo que nadie discute la influencia posterior de los ingeniosos relatos futuristas de Julio Verne, por ejemplo. En la China que visitó don Marco, la transmisión del conocimiento y la información en forma de documento escrito ya existía desde el segundo milenio antes de Cristo. El libro de seda, descubierto en 1973, es un tratado de astronomía realizado alrededor del 400 a.d.C. En la época de Kublai, los chinos eran expertos en la elaboración del papel, fabricado con distintas fibras vegetales procedentes del bambú, la morera, la paja de arroz… Aunque no gozó de mucha popularidad, los chinos del siglo XIII conocían desde hacía doscientos años el sistema de tipos móviles, reinventado en Europa por Gutenberg a mediados del siglo XV. Y no se queda aquí la relación de novedades y avances tecnológicos en los que China fue precursora. En aquellos tiempos, el esplendor cultural del oriente eclipsaba al de la cuitada Europa, que acababa de salir de un largo período de oscuridad. Kublai Khan terminó sus días alcoholizado y deprimido, preso de una terrible melancolía. Siete siglos después, las viejas democracias se vuelven hacia el gigante totalitario y protocapitalista, en el que ven al maravilloso inversor que ha de sacarnos del atolladero. Y como antaño, los marcopolos modernos nos describen lo aparente: una corte rica y suntuosa, una administración eficiente e implacable y unas capacidades de producción y crecimiento infinitas. Los chinos tendrán que esperar.

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