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traduttore traditore

¿Conoce alguien un oficio más ingrato que el de traductor? Y si no que se lo pregunten a ellos: es bien triste que lo mejor que te pueda pasar como profesional de las letras es que nadie repare en tu muy necesaria mediación. Para la mayoría de lectores, el conocimiento de la literatura o la ciencia en lenguas foráneas se hace posible gracias a la traducción, un fenómeno que revolucionó el acceso a la cultura escrita casi tanto como la invención de la imprenta que, de hecho, fue la gran promotora de aquellas. Si bien las traducciones han sido una constante a lo largo de la historia, fue en el siglo XVI cuando se produjo la dinamización del mercado editorial: gracias a la imprenta de tipos móviles, los libros comenzaron a resultar asequibles o, por lo menos, accesibles. La misma disponibilidad de textos fomentó la alfabetización, y con ello el número de personas capaces de leer y aprender. Pero esta incipiente industria era incapaz de mantenerse con las producciones vernáculas (sobre todo en España), y tenía que surtirse en otros mercados. Y claro: para ello se precisaba de traductores. Se puede decir, pues, que los traductores han tenido (y tienen) la llave de cuanto creemos saber y entender de gran parte de lo que leemos durante nuestra vida. Por ello, las normas y reglas de la traducción son estrictas, y el oficio de traductor ha de combinar el conocimiento de dos idiomas con buenas dosis de técnica, creatividad, sensibilidad y erudición. La correcta proporción entre condimentos es la responsable de una buena traducción. Con esta entrada pretendemos llamar la atención sobre los traductores: su nombre siempre figura en las primeras páginas de un libro (muy pocas veces en la portada, que es donde debiera). Búscalos e identifica a los mejores: es posible que, en buena parte, el libro que tengas entre las manos sea de tu agrado gracias a uno de ellos.

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una de greguerías

Las greguerías consisten en frases breves, de tipo aforístico, que no pretenden expresar ninguna máxima o verdad, sino que retratan desde un ángulo insólito realidades cotidianas con ironía y humor, a base de expresiones ingeniosas, alteraciones de frases hechas o juegos conceptuales o fonéticos.

Las greguerías juegan con las palabras, recuperando de nuevo la magia que un día tuvieron.  Surgen de un choque casual entre el pensamiento y la realidad. Tienen algo de travieso juego infantil.

El principal promotor de la greguería fue Ramón Gómez de la Serna, que dio la siguiente fórmula:

HUMORISMO + METÁFORA = GREGUERÍA

Ramón Gómez de la Serna dijo en cierta ocasión, refiriéndose a él:

No soy ni un escritor, ni un pensador; soy un ‘mirador‘, la única facultad verdadera y aérea. Miro. Y nada más.

Después de leerlas y paladearlas, podemos llegar a la conclusión de que las greguerías son una mezcla de múltiples cosas. Una mezcla hecha con imaginación, ese territorio que pisamos ya tan pocas veces los adultos.  Una mezcla hecha con la mirada limpia del que se asombra al ver las cosas por primera vez. En definitiva, un regalo para el pensamiento.

Estos son los tímidos intentos de alguien que jugando con las palabras, quiere recuperar por un momento la patria olvidada de la infancia.

La A es un cohete a punto de despegar.

La D es el arco que un día Robin Hood olvidó en el bosque de Sherwood.

Es difícil pretender entender sin atender.

Sin recuerdo no hay acuerdo.

Hay que estar muy cuerdo para llegar un acuerdo.

Gracias por tu grácil gracia que espanta la desgracia.

Inspirado, expiró el espíritu. Y respiró aliviado.

Emprendió y no comprendió. Se sorprendió y al fin comprendió.

los que más saben

En esta estantería encontrarás nuevas adquisiciones, pero también libros que forman parte de nuestro fondo hace ya tiempo. De algunos de estos autores, como Hugh Thomas, Marvin Harris o Jon Bilbao, escribiremos largo en entradas posteriores. Pero nunca está mal saber qué opinan los que realmente saben ―es decir, los lectores― sobre este buen montón de páginas impresas (Si tienes el gusto, pincha sobre la foto y verás).

otras agriculturas, otros libros

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En Francia también encontramos un libro destacado para entender esta explosión de nuevas agriculturas, que nacen como rechazo a la «agroquímica», a la agricultura industrial.  En este caso se trata de «El Huerto Biológico» (Le jardin potager biologique) escrito por  Claude Aubert. Es la publicación más conocida de este ingeniero agrónomo que hoy dirige la revista francesa Les quatre saisons y el centro de educación ambiental  y de investigación en agricultura ecológica Le terre vivant.

En «El Huerto Biológico», publicado en 1973, se describen las técnicas empleadas en la agricultura denominada biológica, muchas ya conocidas en sistemas convencionales o tradicionales: elaboración de compost, asociaciones y rotaciones de cultivos, el acolchado, los abonos verdes, el trabajo de la tierra…

La edición de 2008, de RBA, se presenta ampliada y actualizada, incorporando los nuevos conocimientos adquiridos por investigadores y agricultores, que poco a poco desentrañan el complejo funcionamiento del suelo y de los ciclos biológicos de los organismos que cultivamos o que intervienen en el cultivo, de una u otra manera.

Y te ofrecemos aquí el proverbio chino que encabeza el prólogo:

Si quieres ser feliz una hora, embriágate;

si quieres ser feliz un día, mata un cerdo;

si quieres ser feliz una semana, haz un bonito viaje;

si quieres ser feliz un año, cásate;

si quieres ser feliz toda tu vida, cuida tu huerto.

cuando los libros son un arma

Si no fueran tan perversos, nos burlaríamos de esos espantajos ―con más pinta de bufones que de reyes― que aparecen agitando la mano desde del balcón de su gran palacio. Si no fueran tan crueles, no tendríamos reparo en mofarnos de sus discursos vacíos y previsibles. Si no fueran tan sanguinarios, nos compadeceríamos de su pagada autocomplacencia… Muchos de los que se han creído con el derecho de sojuzgar al pueblo y dirigir personalmente su destino tuvieron la tentación de justificarse ante sí mismos y ante el resto del mundo. Ningún dictador reconoce su régimen criminal: a menudo encuentran que sus desvelos responden a un designio superior, un destino escrito en las estrellas que les ha movido a revelarse en aras de un futuro mejor para los suyos. Y entonces redactan el ideario que inspira tal desinteresado sacrificio por los demás. Los libros de estos viles autócratas son panfletos desaliñados, portadores de consignas sencillas y mensajes confusos que el líder, el único con derecho a rectificación, interpreta a su conveniencia, según sople el viento. La importancia de estos libros radica en su enorme difusión y, por consiguiente, en el poderoso influjo que ejercen sobre la vida cotididana, las costumbres y los derechos de millones de personas. Los que afortunadamente tenemos libertad (¡bendita libertad!) y elementos de juicio para acercarnos críticamente a la lectura de estos volúmenes, no dejamos de asombrarnos de las dos caras antitéticas del espíritu humano: por un lado la sublime, promotora del pensamiento, las ideas y la creatividad; y por el otro la perversa, que niega la inteligencia y controla cualquier manifestación de individualidad disidente.

hércules, el portentoso

Todos los que están familiarizados con la mitología conocen a Hércules (o Heracles), héroe griego, fortachón y campechano, fruto de una infidelidad de Zeus con una tal Alcmena, lo que le valió al retoño la eterna inquina de Hera, la esposa agraviada. Las hazañas de Hércules se conocen y comentan del uno al otro confín, y son tantas y tan variadas que resulta imposible organizar cronológicamente su fantástica biografía. Se sabe, eso sí, que son muchos los que envidiaron ―y envidian― su vigor y ánimo aventurero, y otros tantos los que se admiran de sus muchas hazañas, entre las que destacan los Trabajos, doce encargos muy particulares y caprichosos que pasaban por despellejar un león, capturar un toro salvaje o exterminar una bandada de pájaros de bronce, entre otros. Hay que remontarse hasta el siglo VII a. C. para encontrar el origen de este ciclo de episodios que ha inspirado abundantes recreaciones posteriores. El libro que os regalamos hoy es un manuscrito italiano del s. XV. que fue ilustrado siguiendo los patrones iconográficos de la época, en la que se nos ofrece una imagen del héroe que contrasta con aquel otro que os presentamos al pie de este artículo, altivo, robusto, musculoso al extremo y pertrechado de su inseparable porra. Dos de las muchas imágenes de este personaje de mil caras que, aún hoy, goza de muy buena salud literaria.

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