El otro día en el almacén, remontando montañas de papeles inútiles y cajas apiladas en orden inverso al de su llegada, descubrimos una colonia de cronopios. Por fortuna, nada dice nuestra legislación autonómica sobre conservación y protección de seres blandos y aceitunados. Suponemos que hasta que ningún ocioso académico les describa, califique y catalogue, estos ejemplares no tienen nada que temer. Los cronopios son unos sujetos desconcertantes porque a veces se comportan como personas. La escuela les gusta, pero prefieren escuchar lo que se dice a discreción, del otro lado de la pared, evitándose el tedio de las clases más soporíferas. Al no tener que cortarse las uñas o hablar por teléfono móvil, disponen de mucho tiempo libre para conversar o dar saltitos de a metro, preferiblemente sobre pavimento frío de cerámica o gres. Su presencia puede pasar desapercibida, porque al contrario de lo que ocurre con humanos, roedores y cucarachas, no son gregarios, en fin, que les da tal cual estar solos que acompañados, y mejor estar solos, que dicen ellos, que mal acompañados, que decimos el resto. Los cronopios de Luces son sumamente esquivos, verdes, pero menos, y tienen una larga nariz que no les sirve para nada, porque no necesitan respirar. Su morfología recuerda a la de un director general o a la de un cesante del ministerio de seguridad y desagravio. Pero no se confundan: no son peligrosos ni exudan venenos como la Phyllobates terribilis de las selvas amazónicas. No. Resultan tan inofensivos que hacen de la inofensa su forma de proceder habitual. Eso no quiere decir que se escondan o titubeen cuando se les muestra un bate de béisbol o una botella de vidrio seccionada de golpe por la base. Simplemente se sientan, con la cabeza (o algo parecido) apoyada en uno de sus apéndices, y aguardan a que la mala baba del oponente, generalmente idiota, disuelva el soporte muscular hasta la extrema licuefacción, tras lo cual prosiguen su camino cantando o tarareando algo parecido al adiósmuchachos de Gardel. Por testimonio propio, sabemos ahora que los cronopios de Luces ya han sido desahuciados de varios inmuebles por jueces ecuánimes y honestísimos, y que los servicios sociales les persiguen encarnizadamente para colocarlos en urnas asépticas, manutenidos hasta fin de existencias; pero de momento prefieren estar aquí con nosotros, disfrutando de un ventajoso contrato enfitéutico a cambio de un razonable laudemio. Y es que, como ellos dicen, ¿qué más se puede pedir? Seguiremos informando.
Segunda parte de este encuentro virtual con nuestra amiga ilu Ros para hablar de libros, arte, literatura y poesía…. Mucha poesía… (Leer aquí la primera parte)
Bl• A ese estudiante con inquietudes artísticas, ¿le dirías que se dejara llevar por su vocación o le aconsejarías una opción más, digamos, pragmática?
I.R.• Creo que nunca le diría que traicionara su vocación, eso está claro… Yo me dejé llevar… pero creo que una cosa no está peleada con la otra… Vivir del arte, no os voy a engañar, es algo complicadillo, y no es por culpa de los artistas o los creativos, sino de cómo está estructurado este mundo. Pero aun así es posible. Si se quiere algo hay que pelear por ello, y muchísimo más si estamos hablando de estudiantes que están en el colegio, en el instituto, en la universidad, que son todavía jovencísimos y les queda mucho por delante. Así que, ¡por supuesto! ¡A por ello! En cuanto a ser “pragmático”… Siempre hay trabajo para los creadores… pero hay que buscarlo y ver dónde te puedes situar. Aun así, también se pueden compaginar trabajos distintos, como he hecho yo, porque ya he dicho que hay que pagar facturas… Los comienzos pueden ser duros, pero siempre, siempre hay que seguir la vocación.
Bl• ¿Cuáles han sido tus maestros o maestras inspiradores en esto de la ilustración?
I.R.• Por formación, hice Bellas Artes durante cinco años y después Comunicación Audiovisual. Así que mis referencias primeras no vienen tanto de la ilustración como del video-arte, como Bill Viola. También me encanta (Lucian) Freud, Miró… Me inspiro también en el cine, el documental… me gusta mucho Agnes Varda. Como ilustradores, a los que conocí posteriormente, me gusta mucho Elena Odriozola, Rébeca Dautremer o Paco Roca. No sé. Estoy segura de que si dentro de diez minutos me volvéis a preguntar, me acordaré de otros igualmente interesantes porque encuentro inspiración en el trabajo de muchas personas, e inspiración también en otras disciplinas como el cine. Pero también es importante la observación de lo que me rodea, lo que pasa en la calle… No sé… Muchas cosas.
«Federico es un autor universal, su lenguaje es válido en todas las partes del mundo y para todas las edades. Federico García Lorca habla de lo humano».
Bl• En tu caso dibujar también te ha llevado por el camino de la escritura. ¿Te ves como creadora de historias de ficción?
I.R.• Realmente yo me veía solo como ilustradora. Pero es verdad que siempre he escrito. Se trataba de diarios cuando era más niña, o cosas que pensaba. Sí que tiendo bastante a escribir… mi padre escribe y de siempre me ha gustado la lectura. En casa de mis padres había muchísimos libros. ¿Si me veo como creadora de historias de ficción? Hummm, ¡podría ser! Los ilustradores pueden ser los autores de sus propios libros, aunque algunos cuentan con un guionista o un escritor, y trabajan en tándem. Yo hasta ahora he escrito mis propias historias porque lo veía necesario. El libro anterior, Cosas nuestras, va sobre en la relación intergeneracional entre nieta y abuela. Yo quería hablar de mi relación con mi abuela, así que consideraba necesario describirla yo misma. Es posible que algún día escriba historias de ficción. De todas formas, siempre hay algo de ficción… Aunque Cosas nuestras, por ejemplo, es una obra autobiográfica, no lo es del todo. Hay partes ficcionadas…
Bl• ¿Qué cualidades ha de tener una ilustradora para garantizarse el éxito o, al menos, para ganarse la vida con los pinceles?
I.R.• ¡No tengo ni idea! Todavía estoy intentando llegar a conocer qué es lo que garantiza el éxito (Ríe)… No lo sé… Yo creo que hay gente muy buena intentando ganarse la vida dibujando y no consigue hacerlo… La clave está en no tirar la toalla, ser muy constante. Y trabajar mucho. Cualquiera que se haya instalado como ilustrador o se gane la vida en este mundo de la creación ha tenido que trabajar duro para ello. Aunque haya gente que considera que lo artistas no tienen méritos, no es así. Son gente muy constante y pelean mucho por conseguir lo que buscan.
Bl• ¿Crees que ya has consolidado un estilo propio?
I.R.• Pues no lo sé… Me dicen que mi estilo gráfico es muy reconocible, pero creo que esto al final es algo que se va haciendo durante el camino. Yo percibo la diferencia entre mis dibujos de ahora con los de hace dos años o los de hace cuatro, por supuesto. Así que supongo que ha de ser algo que está en constante evolución.
Bl• Como lectora, ¿qué tres libros ilustrados nos recomendarías para nuestra biblioteca?
I.R.• Pues no voy a ser muy original… Creo que en cualquier biblioteca pública o de instituto tiene que estar Persépolis de Marjane Satrapi. También recomendaría Mariquita de Juan Naranjo, un libro ilustrado de 2020, y seguramente añadiría Arrugas o La casa, de Paco Roca.
Bl• Echando mano de ese espíritu lorquiano que todo lo ilu-mina, ¿qué le dirías a los jóvenes lectores adolescentes que a veces miran al futuro con recelo y desconfianza?
I.R.• ¡Pues les diría que ellos pueden cambiarlo! Que son ellos los que tienen el futuro en sus manos… Si desconfían de él, si hay cosas que no les gustan, que hagan por cambiarlas, porque son ellos los que pueden hacerlo.
Bl• Si te confesáramos que has conseguido que alguien rebusque por los anaqueles de la biblioteca y lea a García Lorca, ¿tú que nos dirías?
I.R.• ¡Os diría que me pone contentísima! Porque creo que es una de las cosas que pretendía hacer… Que se vuelva a leer a Federico García Lorca, que se revise, que lo volvamos a escuchar, a leer, a analizar, a disfrutar… porque es un autor universal, su lenguaje es válido en todas las partes del mundo y para todas las edades. Federico García Lorca habla de lo humano. Y creo que es una lectura muy necesaria hoy en día.
Bl• Por último, una pregunta frívola: Federico ha sido un éxito editorial… ¿Has sucumbido a la tentación de hojear tu propio libro en la librería?
I.R.• ¡Por supuesto! (Ríe). Bueno, a ver, no hojearlo por dentro porque ya sé lo que me voy a encontrar, pero sí mirarlo así, como a lo lejos, y decir “¡Ah! ¡Está ahí!”. Eso ya me pasó con Cosas nuestras, y me pasa también con Federico: cada vez que me lo encuentro en alguna librería pues me pongo muy contenta, me da emoción, claro.
Pues más emoción nos da a nosotros haber compartido un ratito con una de nuestras autoras favoritas en la salita virtual de nuestra humilde bitácora. Le deseamos a Ilu todos los éxitos del mundo, prometiéndole que estaremos ahí detrás para disfrutar de su buen hacer y, sobre todo, de su talento.
Leer, escribir, dibujar en confinamiento. Esta fue la tarea que se impuso Ilu Ros con Federico, una biografía muy personal del poeta fuenterino Federico García Lorca, y que vuelve a este rinconcito precisamente de la mano de aquella que lo hizo posible. La creación de esta obra nos llamó la atención porque conciliaba una visión particular de una reconocida figura de nuestras letras con un enfoque fresco y jovial en tiempos difíciles: el confinamiento fue el refugio de muchos autores recluidos que domesticaron las horas dibujando pequeños mundos personales. Ahora estos mundos ocupan los estantes de las librerías, establecimientos de encuentro que de nuevo se abren a los lectores, sin recelos ni (casi) restricciones. Advertidos de su disposición y de su generosa amabilidad, nos pareció interesante hablar con la autora de esta aventura editorial sometida a los rigores de la pandemia, y recabar sus impresiones sobre la figura y la obra de su Federico, el que ella tanto conoce y que nos presenta en un bonito libro que podemos leer y releer cuantas veces queramos.
Este es el relato de de nuestro encuentro, en su primera parte:
Bl• Someramente, ¿cómo es el proceso creativo de un libro como Federico y cuánto tiempo te ha llevado?
I.R.• El proceso creativo de Federico o de cualquier libro ilustrado por el estilo como Cosas nuestras, una publicación anterior, es largo y no podría describirlo solo con una frase porque al final se pasa por muchas fases. Lo más emocionante se produce al principio, cuando empiezan a surgir todas las ideas y se vive con la emoción de lo que se va a hacer. Pero luego hay que trabajarlo bien, poner los pies en la tierra y empezar a darte cuenta de que realmente en el mundo de las ideas es muy complicado llevarlo todo al papel, escribirlo, dibujarlo… entonces hay altibajos creativos, digamos, pero en general creo que es un proceso bonito… También es verdad que a mí me gustan los libros y disfruto mucho de estos vaivenes, aunque en algunos momentos me lleven a sufrir un poco. Federico en conjunto me llevó hacerlo un año y algo. Dicho así es un poco injusto, porque no describe la situación: Federico no es un libro que se haga en ese tiempo… en condiciones normales requeriría bastante más. Pero bueno, el trabajo fue en medio de la pandemia, así que lo terminé en un año y poco. Hay que decir que estos proyectos que llevamos a cabo los y las ilustradoras suponen trabajar simultáneamente en otras cosas, así que los tiempos se suelen alargar más o menos dependiendo de otras realidades, de las facturas que haya que pagar o si debes compaginarlo con otros encargos. Pero en este caso, yo me encerré solo con Federico; aunque comencé a darle vueltas a la idea un poco antes de la pandemia, me consagré en serio durante el primer confinamiento.
Bl•Suponemos que metida en un proyecto tan prolijo como éste, alguna vez te has topado en sueños con el poeta. ¿Has tenido la oportunidad de “hablar” con él?
I.R.• Uff…Bueno… (Ríe). Creo que desde el mismo momento en el que empecé con este libro, que fue durante el confinamiento, me encerré con Federico García Lorca. Yo vivía con mi pareja, pero en la casa éramos tres (Ríe): nosotros dos y Federico García Lorca. Desde luego no diría que he “conversado” con él, pero sí que ha formado parte de mi vida en esos meses, básicamente porque también el trato con el resto del mundo se hacía más difícil… También me dediqué a leer toda su obra, las cartas… y aquí sí que pude escuchar su voz. Sumergirme es su poesía era una forma de acceder a su intimidad, y la correspondencia con amigos y familiares revelaba como pensaba en realidad. Cuando abría su corazón era como escucharlo a él directamente… Así es que, definitivamente, hablar con Federico, no… pero sí que lo sentí muy cerca.
Bl• ¿Qué te resultó más difícil, dibujar (y relatar) los dos actos en color o ese terrible tercer acto en blanco y negro?
I.R.• En cuanto a peso de trabajo, lo que se dice trabajo de lápiz, creo que fueron los actos primero y segundo, que tienen mayor longitud y un trato específico: tenía que hacerlo en color y yo trabajo en papel, con acuarela, así que fue más laboriosa esta parte… Ahora bien: sí es verdad que el tercer acto tenía un mayor peso emocional… relata el último mes del poeta. Sabemos que trata de su regreso a Granada, y que esa estancia anticipaba lo que será el momento de su muerte. Esta resolución trágica era difícil de plantear porque quería ser justa con la memoria del poeta, y personalmente no deseaba que eso transformara el libro en algo excesivamente dramático, aunque sí que estuviera reflejado el dolor de la guerra, de todo lo que provocó un golpe de estado y el sufrimiento que trajo consigo para toda la población. Era un trabajo que tenía que documentar muy bien para “no colarme”, y tampoco dejarme llevar por mis sentimientos, sino intentar ser objetiva y aun así transmitir la tensión de la muerte anunciada de Federico, de los padecimientos tanto de sus amigos como de sus familiares en un ambiente de guerra civil.
«Federico ha formado parte de mi vida en esos meses, básicamente porque también el trato con el resto del mundo se hacía más difícil».
Bl• De todos los “Federicos” que nos has dibujado en el libro, ¿con cuál te quedarías?
I.R.• ¡Me quedaría con todos! Me gustó muchísimo descubrir al Federico niño, porque creo que es la faceta biográfica menos conocida. Pero me encanta el Federico creativo, la alegría del Federico de la residencia de estudiantes, del Romancero gitano… Del Federico que hacía piña con todos los que fueron sus amigos, como Buñuel. No sé. Me quedo también con el Federico del teatro, de La Barraca… esa es una de las facetas de la vida del poeta que más me gustan. Me lo imagino danzando por todos los pueblos de España, en aquella caravana tan especial.
Bl• ¿En algún momento pensaste que esta semblanza que haces del poeta granadino pudiera ser un valioso material para las clases de literatura en el instituto?
I.R.• Pues si digo la verdad, nunca me lo planteé, pero sí que es cierto que cuando estaba leyendo y documentándome sobre la Generación del 27, sí que pensé en mi adolescencia, cuando estaba en el instituto y me presentaban a la Generación del 27 en gruesos libros de texto, donde aparecían esas fotos en blanco y negro, poetas con semblante hosco, y ese rictus, y esas corbatas… Me hubiera gustado más que la presentación no se hubiera quedado aquí. Me quedé con la impresión de que se trataba de académicos graves y serios… Investigando sobre Federico empecé a vislumbrar quién era toda aquella gente, y me di cuenta de que quizá en mis tiempos de estudiante no llegaron a transmitirme lo que realmente significó creativa y artísticamente esta generación para España y para nuestra cultura contemporánea. Ahí sí que pensé que quizá habría que plantearse otra manera de hacer llegar ese conocimiento a los niños y a los adolescentes, no sé cuál, pero revelar que estos escritores estaban constantemente jugando con las palabras, innovando, pasándoselo bien, creando sin parar como una forma de progresar. Eso es lo que los hizo tan grandes, la interacción entre poetas, escultores, pintores, futuros cineastas… Desde luego no era un reflejo de las estampas grises que yo recordaba.
Bl• En relación con tu incipiente carrera como creadora, ¿qué has echado en falta durante los largos años de aprendizaje en el instituto y/o en la universidad?
I.R.• Cuando yo estudiaba en el instituto, el desarrollo del talento de los alumnos, de su parte creativa, tanto en artes como en dibujo, música, danza, interpretación… bueno, todo eso no se potenciaba en exceso, creo yo. Como a mí siempre me había gustado dibujar, posteriormente en la universidad me decidí por las Bellas Artes. pero fui la única de mi promoción que se inclinó por esta opción. Aun así, se debía hacer el bachillerato de Humanidades porque no existía el artístico, como ahora. Después ingresé en la universidad. En la especialidad de Bellas Artes sí que se potenciaba la creación artística, claro, pero no estaba específicamente dirigida a la ilustración. En mi caso, lo de pensar en ser ilustradora vino mucho después…
Los miembros de «La Barraca», en ruta. Dibujo de Ilu Ros.
Federico García Lorca (1898-1936) nació en el siglo XIX, pero su marca biográfica y literaria ha quedado impresa a hierro candente en el primer tercio del siglo XX. Desgraciadamente, la función de su vida se canceló abruptamente y antes de tiempo. La lista de las insignes figuras de la cultura hispana que de una u otra forma confluyeron en el impetuoso torrente lorquiano es extensa: Manuel de Falla, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Valle Inclán, Ramón Menéndez Pidal, Margarita Xirgu, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda… por citar algunos. De todos ellos hubo un poco en este granadino apasionado. Ochenta y seis años después de su muerte, seguimos honrando la memoria del poeta, aunque nos consta que son bastantes aquellos que lo reivindican sin haberlo leído siquiera, pero así son las cosas. Abundan los títulos, ensayos y artículos que analizan su contribución a la cultura y al idioma. De entre todos destacamos el libro recientemente publicado por la ilustradora Ilu Ros, quizá porque nos aproxima al autor de forma rigurosa, pero con un lirismo sutil que desvela la faceta más íntima del hombre, del amante, del creador, de niño chico que siempre fue. Ilu Ros “filma” con los pinceles un reportaje primorosamente ilustrado con un estilo muy personal, que en tres actos con su interludio nos lleva desde lo que fue la celebrada infancia, recobrada a través de los testimonios de cuántos le conocieron, hasta la brevísima madurez, que apenas tuvo oportunidad de ofrecernos una ínfima porción del caudal que el buen Federico prometía. Pasajes de sus obras, fragmentos de cartas, referencias de los amigos, recuerdos de familia… Una ordenada relación documental que nos invita a profundizar un poco más en su vida y en su obra (si es que acaso es posible separar la una de la otra). Dos eran las oportunidades que se nos presentaban de satisfacer tal pretensión. Y decidimos explorar ambas: por un lado, revisar la poesía y la producción dramática de Lorca con los ojos y la mente de un lector del siglo XXI. Por otro charlar con Ilu Ros, joven autora de este Federico, la biografía literaria y sentimental de la que venimos hablando y que tan buena impresión nos ha causado. Empezaremos por ésta última… Así que allá vamos, a ver qué tal nos sale.
Las tragedias de Shakespeare nos acercan tanto al espíritu del hombre que no es fácil ver o leer sus obras sin sentir escalofríos, como si nos contempláramos por dentro, bajo la piel. La entraña palpitante que tanto nos perturba se llama Julio César, Otelo, Hamlet, Lear. O Macbeth. Parece ser que la historia que narra Shakespeare poco o nada tiene que ver con las verdaderas tribulaciones de este rey de Escocia. Como fabulador que era, el autor se sirvió de los testimonios que más convenían a su intención dramática, descuidando el rigor histórico. Sin embargo, el personaje que ha alcanzado inmortal notoriedad es este Macbeth teatral, y no el oscuro señor de la guerra que se alzó en armas contra Duncan, un soberano débil que también se había apropiado el trono de aquella manera. Los hijos de Duncan fueron desterrados, pero uno de ellos regresaría para arrebatarle de nuevo el cetro, o la porra, en un levantisco ciclo de traiciones y venganzas sin fin, que en la Escocia de aquella época era la modalidad preferida a la hora de hacer política. Con su habitual olfato dramático, Shakespeare se propuso componer una historia trufada de alusiones al frustrado magnicidio que estuvo a punto de proyectar literalmente por los aires a Jacobo Estuardo, a la sazón rey de Inglaterra, y que se dio en llamar, no por casualidad, la Conspiración de la Pólvora. La escenificación de los acontecimientos de la Escocia del siglo XI permitía al público del siglo XVII enfrentarse a una versión simbólica de este proyecto de atentado, y a presenciar el restablecimiento triunfal del orden. Muchos son, pues, los atractivos de esta obra para los espectadores de la época, a los que no se les pasaba por alto el mensaje subliminal del argumento, pacientemente hilvanado por el autor y por cuántos le sucedieron en los añadidos que no le son atribuibles. ¿Y para nosotros? Las siempre enriquecedoras disecciones humanas de Shakespeare proporcionan al público ávido de sensaciones una estimulante amalgama de belleza y pasión, y la densidad poética de los textos sigue fraguando con firmeza en la mente del lector moderno, inclinado como el de antaño a revolverse en la butaca cuanto detecta las fuerzas oscuras que desencadenan la tragedia, a sobrecogerse ante el triste espectáculo que ofrece el alma débil y manipulable, y a indignarse de igual manera por el impulso irracional que mueve a engañar, traicionar y asesinar para cumplir unos designios confusos, que en el caso de Macbeth y su esposa terminan siendo fatales.
Abundan las versiones de esta obra universalmente reconocida en casi cualquier idioma, pero es necesario algo más que saber inglés para traducir Macbeth. Con todo respeto discrepamos de Harold Bloom cuando advierte que las malas traducciones de Shakespeare aconsejan abstenerse al lector en español. Pues apañados estaríamos el común de los mortales si solo pudiéramos leer a los clásicos en el original. Si te acercas por la biblioteca encontrarás una versión de Ángel Luis Pujante y otra de Don Agustín García Calvo. Resulta interesante comparar el trabajo de ambos, descubriendo las soluciones estéticas que encuentran para cada verso, algo al alcance de muy pocos, es verdad, pero a prueba de los lectores más exigentes. Feliz Año Nuevo.
«De la naturaleza inmortal genio.
Y de su patria y siglo el ornamento».
Como bien se sabe, la Histoire naturelle de Buffon (Georges Louis Leclerc) consta de treinta y seis volúmenes aparecidos de 1749 a 1789 (Histoire de la Terre et de l’Homme, Quadrupèdes, Oiseaux, Minéraux y Suppléments). El Traité de l’Aimant et de ses usages fue el último libro en ver la luz poco antes de la muerte del autor. El volumen de Suplementos titulado Servant de suite à l’Histoire des Animaux quadrupèdes se publicó póstumamente. Con posterioridad aparecieron ocho números más (Quadrupèdes ovipares et des Serpents, Histoire Naturelle des Poissons, Histoire Naturelle des Cétacés) con amplias aportaciones de su discípulo y continuador Bernard-Germain de Lacépède (1756-1825), empeñado en concluir la tarea recopilatoria del maestro en lo que se refiere al saber biológico y natural de la época, un afán enciclopédico muy propio de la ilustración que sirvió fundamentalmente para divulgar el conocimiento y establecer los cimientos de la moderna ciencia empírica. Buffon recurrió a un paisano y amigo suyo, Jean Marie Daubenton (1716-1800), para que le proporcionara sutiles descripciones técnicas de las especies. Todo lo que hay en anatomía en los primeros quince volúmenes de Buffon es de Daubenton. En la biblioteca disponemos de un tomo suelto de la primera época. Se trata del volumen séptimo de una de las incontables ediciones de la obra, en este caso en formato «de bolsillo» (lo que técnicamente se denomina formato en cuarto), aunque no menos lujosa que sus hermanas mayores: lomos con dorados, piel de becerro y grabados plegables de Jacques de Sève impresos en las últimas páginas. Las ediciones de la Histoire naturelle se sucedieron casi ininterrumpidamente durante más de un siglo, pasándose a llamar Œuvres complètes de Buffon. Con el tiempo fueron suplementadas y ordenadas atendiendo a los criterios imperantes, tanto prácticos como estéticos. Nuestro precioso volumen de 1818 tiene cortes dorados y pertenece a la serie de Minéraux, que tras una primera reorganización se constituyeron en los primeros tomos de la obra tras la Histoire de la Terre, pero sin formar parte de ella. A partir de 1820 las nuevas publicaciones incluyen la moderna clasificación del barón de Cuvier (orden, familia y género) en una tabla separada. Se dice que Georges Cuvier, otra gran gloria nacional francesa, respiró aliviado al saber de la muerte de Buffon: «Esta vez, el conde está muerto y enterrado». Dejando aparte el testimonio de ingratitud, para un buen número de sus discipulos directos o indirectos, Buffon representaba el pensamiento anquilosado y especulativo del antiguo régimen, lo que justifica en parte la ácida inquina del autor de Le règne animal distribué d’après son organisation, publicado en 1817. En lo sucesivo, tanto Cuvier como su obra ejercerían una poderosa influencia en el naturalismo y la biología francesas, a la sazón a la vanguardia en Europa. Con todo, a medidados de siglo XIX los contenidos de la Historia natural ya resultan un poco rancios. Los nueve tomos de las Œuvres complètes de 1850 que puedes consultar físicamente no cuentan con los añadidos de Lacépedè y están modestamente editados en media piel y tosca tapa dura. Sin embargo, abundan en grabados coloreados a mano (normalmente estas ilustraciones formaban parte de ediciones más exclusivas). Llama poderosamente la atención que a las puertas de la revolución científica como la que preparaba Darwin con On the Origin of Species (1859), los lectores se siguieran deleitando con las descripciones elementales de especímenes disecados en el extinto Gabinete Real. Para darse cuenta de la popularidad que alcanzaron dichos textos baste señalar que en 1847 salió el Petit Bouffon des enfants, libro de extractos ilustrado y dirigido al lector infantil, retoños de las contadas familias pudientes que tenían acceso a los libros y a la cultura. Se sabe que la Princesa de Asturias Dña. Isabel de Borbón, popularmente conocida como La Chata, conservaba un ejemplar en su biblioteca.
Abundan las versiones de la Histoire naturelle en otros idiomas. La primera traducción al español data de 1773, veintitrés años depués de que apareciera en lengua alemana. Esta temprana tentativa es muy tímida: se trata de un único volumen, convenientemente filtrado y censurado por el propio traductor. No hay que olvidar que las ideas de Buffon resultaban subversivas e incluso peligrosas para la salud física y espiritual de la España dieciochesca. El naturalista José Clavijo y Fajardo fue el primero en acometer rigurosamente esta labor entre 1785 y 1805. Sobre él Menéndez Pelayo escribió: «Había tratado a Voltaire y a Buffon, cuya Historia Natural puso en castellano con bastante pureza de lengua». Desafortunamente nosotros no contamos con ningún ejemplar escrito en nuestro idioma, pero el acceso a esta versión es muy sencillo y libre a través de la Biblioteca Nacional.
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