Categoría: atrapa al personaje (Página 9 de 10)

expurgo

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Ahora que está tan de moda hablar de reyes y de monarquías, rescatamos del expurgo inclemente que ha sufrido nuestra biblioteca un libro escrito por el mismísimo Luis XIV de Francia, el Rey Sol. No es el primero de los escritores de sangre regia que sacamos a colación en esta humilde página. Cuando los reyes escriben, lo hacen generalmente para sentar cátedra jurídica o para transmitir a sus sucesores la crónica de lo que ellos consideran un buen gobierno. El Capeto más conocido heredó la corona de Francia antes de cumplir los cinco años y reinó durante más de setenta. Tenía la firme voluntad de ejercer de vicedios, como dijo alguien; durante gran parte de su reinado hubo pocas cosas que se escaparan al control directo de este hombre que había asumido el papel de Padre y Señor de todos los franceses. El refinado, guapo y culto Luis no solo le dio su nombre a un estilo de mobiliario o a un inhóspito paraje a orillas del Mississippi… Fue el más recio representante borbónico y antecesor del actual rey de España. Pero no fue para su hispánico bichozno para el que escribió sus Memorias sobre el arte de gobernar, sino para su hijo. Por azares del destino y de las poco ventajosas combinaciones genéticas, a Luis XIV le sucedió su biznieto y a éste su nieto Luis XVI, un personaje alelado y glotón a quien la Revolución terminaría por descabezar. El libro de Luis XIV es sobrio y, teniendo en cuenta los cánones de la época, rebosa sabiduría: «Los soberanos, a quienes el cielo ha hecho depositarios de la fortuna pública, seguramente proceden en contra de sus deberes cuando disipan el erario de sus súbditos en gastos inútiles», «es conveniente que sepáis que en el alto puesto que ocupamos las menores faltas tienen siempre lamentables consecuencias. Quien las comete siempre tiene la desgracia de que jamás conoce las consecuencias hasta que no hay lugar a remedio alguno» o «el fuego de las más nobles pasiones, como el fuego de las más oscuras, siempre produce un poco de humo que ofusca nuestra razón». Y qué me dicen de «como el príncipe siempre debe ser un perfecto modelo de virtud, sería conveniente que se garantizara de manera absoluta de las debilidades comunes al resto de los mortales, sobre todo teniendo en cuenta que es seguro no permanecerán escondidas». En honor a la verdad, hay que apuntar que el tirano de Luis fue el primero en saltarse sus propios preceptos, haciendo bueno el dicho tan español, que no francés, «haz lo que yo digo y no lo que yo hago». Pero eso no le quita un ápice de valor a la colección de sentencias que milagrosamente se salvaron de la quema, y que hoy se despiden para siempre de sus potenciales lectores adolescentes.  Luis XVI (1947). Memorias sobre el arte de gobernar (2ª edición). Traducción de Manuel Granell. Buenos Aires. Espasa-Calpe: EXPURGADO.

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homenaje a Luis Humberto Soriano

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Hace un par de días recibimos noticias de nuestro amigo Luis Soriano. La verdad es que las novedades nos dejaron un sabor amargo porque no son las que esperábamos. Sabemos que al frente de empresas y propósitos solidarios hay personas, que son las que marcan la senda y contagian de entusiasmo a quienes les rodean. Luis ha pasado por un mal momento, pero su determinación sigue intacta. Sin embargo, las esperanzas en las que se cimenta el proyecto no se aguantan solas, y se impone ayudar un poco, aunque sea en la distancia. Esta es la misiva que nos llegó del caribe colombiano, toda ella sin faltarle una coma…

 Cordial saludo.

Primeramente le quiero agradecer por el mensaje tan significativo que me envió, la verdad es algo motivante para seguir con esta bella tarea social que va en aras de contribuir al bienestar de la comunidad, especialmente de los niños quienes son el futuro de nuestro país.

No sé si es de su conocimiento para el año pasado en el mes de Junio me fue amputada la pierna izquierda por un accidente que tuve en uno de mis burros, ha sido un proceso complicado pero gracias a Dios he podido salir adelante. Mi labor con el Biblioburro no la dejo por nada; sigo ejerciendo este maravilloso trabajo con ahínco y procurando ser mejor cada día.

Nos encontramos trabajando un proyecto llamado Biblioburro Digital que pretende llevar algo de tecnología a las zonas recónditas del Departamento del Magdalena; la idea es que los niños y también muchos adultos puedan aprender a usar un computador, tener acceso a programas educativos y a Internet, pienso que ellos también tienen derecho y lo justo es que se haga de manera oportuna. Es triste saber que los gobernantes no nos ayudan sino por el contrario nos tienen olvidados.

Mis burros aparte de libros llevarán tecnología en sus lomos para ofrecer un nuevo programa, también Cine al Campo con la consigna que la comunidad pueda ver películas, documentales de alto impacto social y puedan tener espacios de cultura y recreación.

Todo lo que conseguimos es gestionando y tocando puertas, se abren muy pocas pero tratamos en lo posible de aprovechar todo lo que tenemos, con mi pequeña Fundación Biblioburro y un gran amigo estamos sacando esto adelante, no nos vamos a detener y Biblioburro dejará mucho de qué hablar en términos positivos. Desearíamos de ustedes su contribución a este nuevo proyecto digital que hace varios días lo tenemos paralizado mientras recogemos algunos fondos para financiar y comprar cosas que nos hacen falta, además cada vez entran más personas de la comunidad y no le podemos negar la entrada al aprendizaje y la cultura.

Gracias por su solidaridad y si está en su corazón hacer un aporte al proyecto, con amor y mucha expectativa lo estaremos esperando.

Pues muy bien, Luis. Cuenta con nosotros. Y si alguien más quiere sumarse y colaborar, pueden seguir los proyectos de Luis Soriano por twitter como FUN_BIBLIOBURRO y en facebook como Biblioburro Sin Fronteras  (tiene más de 1500 miembros) de esta manera podrán informarse, echar un cable o simplemente estar al tanto de los progresos.

a lomos de un rucio

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La historia es bien conocida; la imagen del maestro colombiano a lomos de sus burritos trotones ha dado la vuelta al mundo. Se mueve de acá para allá en compañía de dos simpáticas bestias, llevando en las alforjas un cargamento de libros. En Sierra Nevada de Sta. Marta (Colombia) las comunidades dispersas y aisladas sobreviven como pueden en el más completo desamparo. El bueno de Luis conduce la reata por cañadas y veredas polvorientas, sorteando los accidentes geográficos y humanos, bien identificado para que los salteadores, narcotraficantes, pistoleros, paramilitares, milicianos o la mismísima Santa Compaña no le confundan con un salteador, narcotraficante, pistolero, paramilitar, soldado o alma en pena. De tanto en cuando alguien se interpone en su camino y antes de hacerse a un lado, requisa los libros peligrosos, los que hablan de Arcadias libres y felices, de niños que no temen la oscuridad de la noche, no sea que la legión inocentes lleguen siquiera a intuir de qué calaña están hechos sus ángeles custodios. El mecenazgo de Luis no pasaría a mayores si no pusiera en evidencia a gobiernos y autoridades, a traficantes y criminales en el seno de una sociedad joven, aturdida por la pobreza y la violencia y tan bien dispuesta para el aprendizaje como para la aventura virtual que cada semana Luis Soriano alimenta con libros de estampas y modestos ordenadores.

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tiene narices

Cyrano, que no era de Bergerac, antes de ser personaje fue autor; tiempo atrás había sido soldado; casi al final de su vida se interesó por la ciencia y la alquimia. Y a buen seguro que la cosa no hubiera quedado ahí, pero un voluminoso leño caído del cielo le partió la crisma sin concederle turno de réplica. Tenía treinta y seis años. Y toda una vida por delante… mejor dicho… por detrás. Cyrano fue un tipo libertino —un radical que diríamos ahora—, espadachín arrojado y corajudo, habitual de la vida bohemia; congeniaba con la filosofía y la matemática, y fue uno de los que plasmaron literariamente el nuevo pensamiento racionalista de su contemporáneo Descartes, otro mercenario reconvertido en intelectual. Se dice que Cyrano ha sido el precursor de la ciencia-ficción; y es que a nadie sino a él se le hubiera ocurrido describir un viaje a la Luna despreciando todas las convenciones morales y religiosas de la época. «El otro mundo», que así se llama la trilogía, fue publicada póstumamente y aunque tuvo mucho éxito, se retocó sensiblemente para rebajar el tonillo herético que emanaba su contenido. El otro Cyrano, el personaje, se lo debemos a Edmond Rostand. Se puede decir que el narigudo protagonista de su tragicomedia tenía poco que ver con el Cyrano histórico, pero la aportación de Rostand ha sido determinante para que finalmente su apéndice nasal y su romántica gallardía se hayan impuesto a la dimensión literaria e intelectual del bravo espadachín. Actualmente reconocemos a Cyrano de Bergerac en la figura de un popular actor francés que lo encarnó en la gran pantalla. Con más del primer Cyrano que del segundo, este cómico ha sido noticia de actualidad porque ha decidido tributar en otro país, lo que le ha granjeado la antipatía de algunos compatriotas. Desde luego que no ha sido el primero ni será el último que se ponga a salvo de la voracidad recaudatoria de los estados, pero curiosamente su determinación parece estar inspirada en la famosa frase de Cyrano: “Un honnête homme n’est ni Français, ni Allemand, ni Espagnol, il est Citoyen du monde, et sa patrie est partout”.

«Cyrano de Bergerac»

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Can you see anything?

¿Quién no ha soñado alguna vez con encontrarse un tesoro? Este recurrente argumento onírico ha alimentado durante siglos la imaginación de cientos de autores. Pero muy pocos experimentaron en carne propia la indescriptible emoción de un hallazgo tal. En un día como éste, hace ahora noventa años, Howard Carter no tenía ni idea de que el desierto estaba a punto de revelarle la situación exacta de la anhelada tumba de Tutankamón, un faraón adolescente que vivió y padeció un tumultuoso tiempo de cambios en el antiguo Egipto, hace aproximadamente treinta y cuatro siglos. No vamos a insistir en el detalle porque internet hierve de información, pero sí queremos advertir que cualquiera que se aproxime al tema se va a sentir irresistiblemente atraído por todos los pormenores del mismo: la historia de una civilización deslumbrante, la evolución del método arqueológico —desde la rapiña y el expolio consentido hasta el moderno procedimiento historiográfico—, la biografía de los célebres estudiosos e investigadores y sus mecenas, las maldiciones, los conflictos diplomáticos, las intrigas políticas… Una invitación para adentrarse en sombríos corredores y asomarnos a la cámara en la que yace uno de los más valiosos tesoros del conocimiento humano: la egiptología. Hoy los libros nos ofrecen la posibilidad de revivir estos descubrimientos, sentir la incontenible excitación infantil de Lord Carnarvon y experimentar la emoción de Carter cuando, a través de un agujero abierto en la pared, vislumbró lo que sería el mayor descubrimiento arqueológico del todos los tiempos: «Veo cosas maravillosas».

«Los descubridores del antiguo Egipto»

«Historia de los egipcios»

los no-muertos

Cuando Bram Stoker publicó en 1897 Drácula o, como él hubiera preferido, Los no-muertos, no se imaginaba siquiera que su personaje seguiría, ciento quince años después, fresco y resuelto a dar mordiscos como el primer día de su no-muerte. Porque el conde bebe-sangre es un personaje literario que ha impuesto su estrafalario estilo gótico tanto en los sueños como en la gran pantalla del cine. Eso por no hablar de los imitadores, remedadores, inspiradores y cómplices que le han salido a lo largo de este último siglo, monsterjais incluidas. El vampiro es, en esencia, una criatura que se regenera alimentándose de la esencia vital de otros seres vivos (Sí, ya sé en quién están pensando, pero no…). Se le reconoce como un ser maligno enraizado en el folclore de muchas culturas bien diferentes. Por eso no es raro que Stoker diera forma a su aristocrático chupóptero a partir de historias que circulaban por su Irlanda natal, aderezadas con testimonios y relatos centroeuropeos que le llevaron a fundir el mito del vampiro con la historia del príncipe rumano Vlad III El Empalador, un gobernante que, de no ser por el escritor irlandés, habría pasado a la historia como un europeista convencido, al que otra aberración como Ceaucescu declaró «Héroe de la nación rumana» en 1976.  Stoker, muy influido por la corriente psicoanalista de su época, sublimó el espíritu mismo de la maldad y lo materializó en un personaje que, curiosamente, se prodiga poco en la novela. Dicen los que saben que Don Abraham es un autor irregular y mediocre, pero eso importa poco si tenemos en cuenta cuál es su aval para la posteridad: Drácula el Drácula de Stoker para ser exactos, porque los que no se han asomado a la lectura de este libro tendrán ahora mismo en la cabeza las siluetas de los dráculas que otros creadores como MurnauLugosiFisherCoppola o los dibujantes de la Marvel imaginaron para nosotros. Y eso, claro, no es lo mismo…

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