Categoría: el escritor (Página 18 de 19)

Montse Rubio, ilustradora

Nos pusimos en contacto con ella y nos atendió con gran amabilidad. Sabíamos de su buen hacer a través de la red y quisimos formularle algunas cuestiones porque estábamos seguros que tenía cosas muy interesantes que decirnos. Y no nos equivocamos. Además, acaba de publicar un libro del que ya os hablaremos en su momento. Esta es lo que le preguntamos y lo que nos respondió:

Ahora que estamos estudiando los preciosos manuscritos medievales y los “libros de horas” del siglo XVI, hemos descubierto en la ilustración un arte principal, de calidad sobresaliente, que actualmente vuelve a estar en una fase de esplendor. Y usted es un ejemplo de ello ¿Cree que estas maravillosas producciones pasan desapercibidas?
Para mí la ilustración está constantemente en nuestras vidas, ya sea a través de los anuncios, la literatura, ¡y hasta en los envoltorios de los alimentos!. Que se le dé el mismo grado de reconocimiento que a otras disciplinas artísticas, evidentemente no: sólo hace falta mirar cuántos ilustradores expone el Prado, por ejemplo.

¿Cuál es el secreto de una buena ilustración?
En mi opinión debe complementar el texto y a la vez ser clara y original; terriblemente complicado hoy en día con tanto bombardeo visual.

Inventar con la palabra o con el pincel: ¿Qué resulta más complicado?. Un ilustrador que trabaja sobre sus propios textos, ¿tiene ventajas frente al que se inspira en creaciones ajenas?
Yo soy ilustradora, no escritora. O sea que en mi caso todo parte del dibujo y de la idea original que tengo en la cabeza, pero siempre es recomendable dejarle a cada uno su trabajo y, a ser posible, delegar el trabajo a un escritor. El hecho de que escriba las pequeñas reseñas en el caso de los mitos es porque me resulta mucho más práctico enseñar una maqueta montada que las ilustraciones sueltas. Además, es mucho más barato (a no ser que conozcas a un buen escritor).

Usted es una ilustradora independiente. ¿Cómo promociona su trabajo?
Aquí internet es una herramienta imprescindible porque si no, tendría que estar constantemente desplazándome e intentando que los editores me recibieran. Yo particularmente siempre estoy inventando nuevas propuestas y no quedándome con un sólo contacto de trabajo. Intento abarcar lo máximo posible dentro de mis posibilidades.

Los buenos ilustradores imprimen en su obra algo que la hace fácilmente identificable, inconfundible… ¿Cuándo se adquiere ese sello personal?
Yo creo que el sello personal se adquiere con los años y la paciencia, aunque a menudo puede ser el trabajo de toda una vida. Lo importante es trabajar mucho y no desanimarse, porque dibujar es muy personal y cada vez que entregas un dibujo das una pequeña parte de ti…

Nos podría describir un poco su proceso creativo ¿Recurre a las nuevas tecnologías? ¿Es partidaria de la utilización del ordenador para hacer bocetos, dibujar, pintar…? ¿Cuál es su técnica favorita?
Como se puede ver en mis ilustraciones, soy una persona muy “clásica” trabajando: me gusta el término de artesano y que nos consideren así. Yo trabajo en lápiz y acuarela y sólo utilizo el ordenador cuando no tengo otra opción. No considero el ordenador una mala herramienta, pero sí creo que, a veces, se hace un mal uso de él saturando el mercado. Y no precisamente de un producto de calidad…

Sabemos que hay artistas que “venderían su alma” por ilustrar un libro en particular. En su caso, ¿cuál sería ese título y por qué?
No tengo un título en particular. Quizás envidio más la época en que cada libro era una pequeña obra de arte y que todo el proceso (incluida la impresión) era artesanal. Para mí, esos son los libros que no pasan de moda y perduran en el tiempo.

¿Hay diferencias entre la ilustración para niños, para jóvenes y para adultos?
Existen diferencias preestablecidas que marcan todo el mercado aunque para mí, un buen libro (siempre que la comprensión del texto lo permita) sirve para cualquier edad.

¿Qué consejos le daría a una chica o a un chico de secundaria que quiera dedicarse a la ilustración?
Creo que es una experiencia de crecimiento personal fantástica y nunca me he arrepentido de tomar este camino. Sí que es cierto que económicamente puede ser complicado, y más en los tiempos que corren. Mi consejo es que luche por hacer en la vida lo que le gusta y que desde el primer día se sienta ilustrador o ilustradora.

Recomiéndenos tres obras para nuestra biblioteca escolar.
He intentado buscar tres ramas diferentes de la ilustración que están presentes en la vida cotidiana, pero que no lo están de manera obvia (aunque todos conocemos estos dibujos, muchos de nosotros no sabemos de quiénes son): En primer lugar he de recomendarles a un gran ilustrador: Norman Rockwell, que como buen artesano trabajó durante toda su vida haciendo portadas de revistas y publicidad en Estados Unidos. Cualquier libro recopilatorio de su obra es una absoluta maravilla. Otro sería un fondista de películas de animación llamado Oga Kazuo, que casi toda su vida ha trabajado para el estudio Ghibli en Japón. A todos nos suenan las películas que hacen como El Castillo Ambulante, pero no muy a menudo apreciamos la calidad de los fondos (en mi opinión a la altura de obras maestras) y el artista que hay detrás. Por último, una pareja rusa llamados Dugin y Dugina que, pese a dedicarse parcialmente a la ilustración y editar un libro cada varios años, para mí son joyas dignas de un museo. ¡Muchas gracias, Montse!

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el alma de los libros (de texto)

Protegidos por una cápsula de aparente inocuidad, los libros de texto son los que determinan los contenidos y desarrollos de la mayoría de las programaciones escolares. La identificación es tal que, con frecuencia, los creadores de opinión confunden unas cosas con las otras. Y es que lo que debió haber sido una herramienta de apoyo y consulta, se ha tornado faro y guía del conocimiento en Primaria y Secundaria, con el aval de las administraciones públicas que tácitamente reconocen su conveniencia subvencionando su adquisición. Pues muy bien, queridos niños: hay libros de texto buenos y otros, por el contrario, rematadamente malos y tendenciosos. Y ambos se venden por igual. La ley universal aplicable a cualquier otro producto editorial (lo bueno o lo bien promocionado tiene mayor éxito comercial) no se cumple en este caso: en bastantes ocasiones resulta evidente que la calidad no fue el objetivo prioritario de los promotores. Desde la biblioteca hemos querido saber algo más sobre los que intervienen en el proceso de elaboración de los libros de texto. De los libros de texto con alma. Comenzamos con una ilustradora brillante, de estilo inconfundible. Montse Rubio ha iluminado no solo libros escolares, sino publicaciones de todo tipo. En la próxima entrada os ofreceremos una entrevista con ella. Suyos son el dibujo de la cabecera y el que ilustra este artículo.

la patria del hombre

Durante más de cien años, Francisco Ayala sometió su tiempo a un lúcido escrutinio del que dejó fe en una copiosa obra literaria y ensayística. A muy pocos se les ha concedido la gracia de sobrevivir a dos guerras mundiales, una guerra civil, dos dictaduras, una república y una transición. Poniendo a su servicio memoria, experiencia y coherencia, Ayala fue un aventajado pensador de la época que le tocó en suerte, una de las más convulsas y apasionantes de la historia de la humanidad. Como escritor, fue defensor a ultranza de la cultura escrita, de la palabra impresa. Su prosa se templó leyendo a Cervantes y a los grandes narradores de fines del XIX. Público su primer libro a los dieciocho años, y desde entonces no cesó de producir, sirviendo ora a la narrativa, ora al pensamiento y la reflexión sociológica y literaria. Algunos de sus relatos fueron ponderados por los más reputados creadores del siglo XX. El mismo Borges dijo de su cuento el hechizado que era uno de los mejores jamás escritos en lengua española. Don Francisco, que vivió muy de cerca los catastróficos efectos de los nacionalismos, hizo del idioma español su patria, del que decía era el gran patrimonio común que juntos debíamos defender y cultivar. Hoy, los ecos vigorosos y siempre vanguardistas de su pensamiento siguen escuchándose incluso entre las paredes de una pequeña y remota biblioteca escolar, donde algunos de sus volúmenes más conocidos esperan con paciencia ser objeto de atención por parte del lector. Nosotros te invitamos a conocer a este autor, fallecido hace poco más de un año, y a disfrutar de su mirada sosegada y profunda, a la que debemos reflexiones como ésta, perteneciente al discurso leído al serle entregado el premio Cervantes del año 1991:

Hoy, otros nuevos obstáculos nos amenazan. Aludo, claro está, al progreso pujante e irresistible de los medios de comunicación audiovisual, cuyos servicios han sustituido, tanto para la información como para la recreación de las grandes masas, al recurso de la palabra escrita. Por su causa, las gentes abandonan la práctica de la lectura, y pierden la costumbre de sentarse con un libro en la mano para ejercitar la mente y cultivar la imaginación interpretando su contenido. Y así, el centro de la autoridad idiomática se desplaza desde la letra impresa hacia posiciones desde donde se difunde una oralidad desaliñada, regida por criterios de urgencia.

el nobel de literatura

¿No has leído nada de Mario Vargas Llosa? Puedes confesarlo, sin rubor. De hecho, muchas personas normales y corrientes, de esas que caminan haciendo oscilar un paraguas cerrado y miran hacia lo alto con desconfianza, tampoco lo han hecho. Y eso que se trata de un autor popular, frecuente en las estanterías y sobresaliente por la cantidad y calidad de obras de las que es artífice. La concesión del premio Nobel motivará la lectura apresurada de los más expuestos (periodistas, docentes, políticos, sabihondos de mesa camilla…) y las falsas declaraciones de inquebrantable adhesión literaria de los más necios/necias. Vargas Llosa no es autor para presumir de lecturas sino para ser leído, cosa que no ocurre, por ejemplo, con las últimas hornadas de premios Príncipe de Asturias. Su apabullante dominio de la lengua, su español criollo y sofisticado y su instinto para la narración de cualquier tipo justifican con creces la concesión de un premio como el Nobel de Literatura. Y, desde luego, una visita a la biblioteca para llevarse en préstamo uno de sus libros. ¿Cuál? ¡El que quieras! ¡Todos son buenos!

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¿quiere conocer a José?

Fue después de una conferencia sobre el compromiso del escritor. Un puñado de personas, no muchas, nos habíamos congregado en el salón de actos de alguna extinta caja de ahorro. Mi amigo Enrique, profesor de lengua española, un punto jacobino y buen conocedor de la cultura portuguesa, me había invitado a un encuentro con José Saramago que se celebraba a dos kilómetros de la frontera. Por aquel entonces el escritor ya estaba instalado en Lanzarote y ultimaba “Ensayo sobre la ceguera”, que apareció aquel mismo año. Tomamos asiento en la primera fila. O en la segunda. No lo recuerdo bien. En cualquier caso, disfrutamos de cerca, eso sí, de la palabra del orador. Como si desvelara ante el auditorio una intimidad celosamente oculta durante años, disertó sobre la obra literaria sometida a tensiones contrapuestas, de los principios e incertidumbres de un creador atrapado en su tiempo que se revela ante la iniquidad y la injusticia que otros niegan, subliman o simplemente ignoran. Yo, que había dejado de leer a Borges hastiado de sus contradicciones, formulé una cuestión un tanto confusa referida al escritor argentino y participé en un coloquio posterior a tres o cuatro bandas. Mientras Enrique y un buen puñado de romeros hacían cola sobre la tarima para solicitar la firma del maestro, una mujer ―que identifiqué con la persona que había alentado el debate anterior― se me aproximó y juntos continuamos conversando hasta que la sala quedó prácticamente vacía. Enrique regresó, con su recién bautizado “Evangelio según Jesucristo” bajo el brazo, más contento que unas pascuas. Al tiempo de despedirnos, la dama nos preguntó si deseábamos conocer a José  personalmente. Mi amigo y yo nos miramos con sorpresa. Pero para Pilar, su esposa, la maniobra no presentaba mayor dificultad: se adelantó con discreción y le confió su propósito al fatigado marido, tras lo cual, y a requerimiento de ambos, nos unimos a la pareja para prolongar la conversación unos minutos más. Quizá para el escritor portugués, estrechar mi mano no resultara tan emotivo como tomarle de la suya al rey Carlos Gustavo durante la ceremonia del Nobel, tres años después. Pero he de decir para mí sí lo fue. Continué leyendo sus artículos y ficciones imaginando complicidad con el autor, como si tras nuestro encuentro en Badajoz, Saramago escribiera pensando en garrulos como yo. Al cabo de unos meses me trasladé al norte. Enrique embarcó para el Brasil, donde le esperaba una vacante en una legación consular del Mato Grosso. De vez en cuando me topaba con Saramago en el periódico o en la radio con motivo de una conmemoración, la firma de algún manifiesto, la presentación de un libro o la concesión de un premio. He de confesar que en ocasiones me resultaba críptico y pesado, y que no me agradaba que su marcada militancia de izquierdas atrajera como un imán a un rebaño de admiradores y epígonos intelectualmente desnutridos, que lo paseaban a hombros como a un Cristo de las Cadenas. Pero como aprendí aquella tarde pacense hablando de Jorge Luis Borges, hay que juzgar al hombre por un lado y al escritor de talento por el otro. En este caso, y pese a todo el mérito literario que soy capaz de reconocerle, yo me quedo con el hombre. José Saramago: descanse en paz.

contando bajo la lluvia (y 2)

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Nueva entrega de la entrevista con José Ramón Sánchez. En la cabecera incluimos un avance de “Cantabria: La Epopeya”, una película basada en los textos de Jesús Herrán y los dibujos del propio José Ramón, y que ha sido realizada con la colaboración de su hijo, Ignacio Sánchez Arévalo.

  • Ahora recordamos, sobre todo, sus series sobre cine… Había algo en aquellas estampas que se nos quedó impreso para siempre… Usted, que es el autor ¿sabría decirnos qué era ese “algo”?

Ese “algo” es el efecto de las “estampas”, como vosotros las llamáis… Estampas emocionadas, entrañables… Yo todo lo trato con amor. Si no, no lo haría. Y todo lo que sale de mi mano, incluso lo mediocre o convencional, siempre ha tratado de resultar apasionado, sincero y cercano. Ese es ese “algo” que me hace ser yo mismo. Y si soy algo es que resultó casi siempre sincero, cercano y apasionado…

  • Podríamos decir que su estilo es “clásico”… Muchos de los ilustradores de ahora combinan las técnicas de siempre con el ordenador ¿Qué le parece eso? ¿Piensa que en el mundo de la ilustración, las llamadas “nuevas tecnologías” pueden franquear el paso de artistas sin demasiado talento para la pintura o el dibujo?

Vivimos épocas de confusión: ilustrando libros con ayuda de la técnica; creando imágenes que ya existen en archivos a los que todo el mundo puede acceder. Cada cual tiene su camino. Para llegar a que te consideren “clásico” hay que gastar dos tercios de tu vida. Me parece muy bien que cada uno se nutra o se apoye en lo que tiene a mano. Soy profundamente conocedor de que mis útiles de trabajo siguen siendo los de hace 60 años: un lápiz, un folio, un pincel, un lienzo o una tabla, un libro, una foto, una película, un impuso, una iluminación, un concierto… Soy ya setentón como para engancharme a Internet, los programas de imágenes, las nuevas técnicas, las tres dimensiones… No tengo necesidad de ellas. Solo necesito una idea, un enamoramiento y un tiempo para el cortejo. Todo lo demás será bueno para los demás, será imprescindible. Lo único que yo necesito para mi trabajo son horas… y salud.

  • En nuestra biblio conservamos un ejemplar de La Isla del Tesoro ilustrado por Junceda, facsímiles de Alicia en el País de las Maravillas con las ilustraciones de Sir John Tenniel o, sin ir más lejos, “su” Quijote ¿Qué aporta una gran ilustración a un gran libro clásico?

Si “lustras” un libro clásico puedes aportar poca cosa. Pero si “te comes” el libro, lo digieres en tu estómago y lo expulsas en su momento, la porquería se irá con el agua de la cisterna y pondrás ponerte al tajo… Y cambiarás los papeles, porque ya no serás un ilustrador. Serás un poeta.

  • Para los más curiosos, nos podría describir brevemente cómo planifica y desarrolla su trabajo a la hora, por ejemplo, de realizar la ilustración de un libro…

Lo primero: leer el libro en cuestión dos o tres veces. Una para emocionarse con la historia, para comprenderla y hacerla tuya. Otra para bocetar cosas ligeras como un personaje, un interior, una acción… Y la última inmediatamente antes de ilustrarla de verdad. El Quijote necesita de cuatro lecturas. El Beato de Liébana solo una porque no te vas a enterar por muchas veces que lo leas… Con la Divina Comedia pasa algo parecido. Stevenson necesita solo un par de lecturas. Con Shakespeare podrían pasarte la vida leyendo y releyendo. Nunca estarás a la altura de su grandeza. Después de 50 años de “ilustrador” lo mejor que me queda es haber leído mucho y bien.

  • Aunque la elección de unos suponga la no inclusión de otros, ¿nos podría decir que obras y autores marcaron las lecturas de su juventud y cuáles de ellos seguiría recomendando hoy a las muchachitas y muchachitos de la secundaria?

No creo en “autores infantiles” o “autores juveniles” y cosas por el estilo. Los grandes escritores lo son para niños, para adolescentes, para los adultos y para los viejo: Twain, Stevenson, London, Dickens, Dumas, Wilde… yo sigo con ellos a los 73 años. Por supuesto que Thomas Mann, Tolstoi, Dostoievsky y Shakespeare necesitan ser leídos más tarde. Pero no nos engañemos: no hay escritores para niños y autores para adultos. Solo existen los buenos y los malos escritores.

  • Ahora que estamos de compras (casi siempre en rústica y apurando el presupuesto…) recomiéndenos tres volúmenes que no deberían faltar en nuestros anaqueles y tres películas en nuestra videoteca.

Tres libros: “El Príncipe Feliz” de Oscar Wilde. O su colección de cuentos. Todos son obras maestras. “David Copperfield” de Charles Dickens y “La flecha negra” de Robert Louis Stevenson. Tres películas: un western: “La diligencia”. Una comedia: “La quimera del oro”. Un musical: “Siete novias para siete hermanos”.###

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