Categoría: el escritor (Página 6 de 18)

Bibliotheca Semiologica Curiosa, Lunatica, Magica et Pneumatica

http://www.youtube.com/watch?v=UoEuvgT1wBs

Caminar por Milán sin apremio y con tiempo bonancible es una actividad muy gratificante, al alcance de todos los bolsillos (¡ojo! ¡únicamente el paseo, sin extras!). Si uno está, por ejemplo, tomando un bocadillo a los pies del monumento a Leonardo, junto alla Scalla, y dejándose guiar por la fuerza del destino sigue el rumor del Va pensiero que le llega de la vecina calle Giuseppe Verdi («¡Ve, pensamiento, con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal!«), dará sin GPS ni nada con la calle Dell´Orso. Transitándola en sentido este-oeste topará con la oficina de correos. Atravesando Broletto por donde pueda, llegará a Vía Cusani. Y no hay nada más fácil una vez allí que orientar los pasos hasta la Plaza del Castillo. En el cabalístico número trece se encuentra el célebre apartamento-biblioteca de Don Umberto Eco. El profesor italiano era un acaparador de libros, coleccionista empedernido que atesoraba en este edificio singular más de treinta mil ejemplares, ochocientos metros lineales de tomos, tomillos y tomazos distribuidos por orden alfabético en estanterías que lo cubrían todo, de arriba a abajo. Vista desde afuera, la propiedad, sita en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, resulta imponente. A pocos metros de la sinagoga, uno se imagina a D. Umberto en este templo de idolatría pagana yendo y viniendo por pasillos flanqueados de libros que en la mayoría de los casos no fueron siquiera abiertos desde que salieron de la prensa. Eco no los había leído todos, claro. En primer lugar porque eso es imposible, pero también porque hubiera sido una fútil pérdida de tiempo y energía. Saber más no es proporcional a la cantidad de lo que se lee, sino a la calidad. Y el viejo erudito era maestro en separar el grano de la paja. Como bibliófilo había invertido los caudales que le reportaban sus derechos de autor en la adquisición de libros raros, códices e incunables. Guardaba la que él denominaba Bibliotheca Semiologica Curiosa, Lunatica, Magica et Pneumatica en una estancia climatizada, a prueba de cacos y polillas.  Quién sabe cuántos catarros pilló ese hombre contemplando sus mil doscientas joyas, pasando las páginas y descifrando las anotaciones que doctos lectores pretéritos dejaron de su puño y letra. Eco deseaba que su biblioteca, la nueva y la vieja, se mantuviera íntegra. Recientemente el Estado Italiano ha mediado para cumplir su voluntad, lo que garantiza casi al ciento por ciento que lo que reunió D. Umberto con tanto ahínco terminará fraccionado, dividido, troceado, desmenuzado, loncheado y hasta atomizado. Quizá dentro de unos años podamos contemplar su ejemplar de Hypnerotomachia Poliphili en la biblioteca de Alessandría (su ciudad natal) o en la librería de lance de Sotheby´s. Lo cierto es que pese a que los materiales de los que están hechos los libros de piel, papel o papiro son perecederos, el empeño que el ser humano ha puesto en preservar el conocimiento es uno de los motores del progreso científico y técnico. Esperemos que también del intelectual. Y es que todavía hay muchos libros buenos por descubrir, incluso en la biblioteca del 13 de la Piazza Castello. Feliz año.

kafka en el lago

El lago di Garda es un bonito rincón del norte de Italia, entre la Lombardía, el Véneto y el Trentino, conocido de sobra por quienes viajan a los destinos más concurridos de Europa. Mucho antes de que se inventara el turismo masivo y descerebrado, las orillas de este lago eran frecuentadas por visitantes enfermizos que buscaban paz, recogimiento, aguas termales, un clima amable y buenas dosis de pintoresquismo del que ya no encontraban en sus ciudades de origen. Tal fue el caso de Franz Kafka, un autor recurrente en estas páginas de aire, y al que volvemos siempre que haya algo que así lo requiera. Nuestros paseos por Riva del Garda nos pusieron de nuevo sobre la pista de este autor que la historia de la literatura acogió en su seno de rebote, fruto de una notoria deslealtad de la que ya se habló en su momento. En el otoño de 1913 (Franz contaba por entonces treinta años) coqueteaba en el Naturheilanstalt de Hartung von Hartungen (recordemos que en aquella época esta zona del norte de Italia pertenecía al Imperio Austriaco) con una joven de dieciocho primaveras que se hospedaba en la habitación del piso superior, debatiéndose entre los amores posibles con una suiza, otros más probables con la rusa de la habitación de al lado y los imposibles con la polaca con la que mantenía una relación epistolar. Fue a ésta última, la paciente Felice, a la que confesaría sin ambages «lo mucho que le importaba Gerti»¹. Kafka arrastraba una tremenda inmadurez sentimental, que puesta a secar en el tendedero moral de su época, estuvo en el origen de su perpetua indeterminación afectiva. Después de su corta estancia en el Garda, Kafka vuelve a Praga con energía y se aplica de nuevo a su actividad literaria: corrige sin demasiado agrado La Metamorfosis y retoma el diario abandonado en el que vela de misterio el encuentro con la chica «de arriba», a la que no volvería a ver ni a escribir por deseo mismo de la interesada. Tampoco Kafka regresaría jamás al lago de Garda. Sin embargo, tres años más tarde escribiría El cazador Gracchus, cuento ambientado en Riva que está entre lo menos conocido de su producción. En él, un hombre muerto hace siglos llega al pueblo, donde le recibe el alcalde. Su historia mortal tuvo su fin el día en el que se despeñó persiguiendo un rebeco. Pero su aspiración de descansar en paz se trunca una y otra vez. Cada intento por alcanzar la última morada termina en un puerto distinto, siempre en las regiones inferiores de la muerte. Leamos este relato antes de que declaren ilegal la práctica cinegética y El cazador Gracchus sea condenado y expurgado junto con Sangre y arena de Blasco Ibáñez y la Caperucita Roja de Perrault.

¹ DESMARQUEST, Daniel. Kafka y las muchachas, (Edaf, 2003).

el libro de San Bartolomeo

El Quaker City era un buque a vapor alquilado por la armada de la Unión durante en la guerra civil americana. Retirado del servicio activo, se reconvirtió en barco comercial y de recreo. En 1867 los periódicos se hacían eco de un maravilloso crucero de placer a bordo del Quaker City que partiría de Nueva York con destino a Europa y Tierra Santa. Entre el selecto pasaje figuraba un tal S. Clemens, de California, inquieto escritor que no desaprovechará la oportunidad para redactar una serie de cartas que tiempo más tarde se editarán como libro de viajes: The Innocents Abroad. No contaba Clemens que esta obra sería la más vendida de entre todos sus libros, por encima incluso de los futuros Tom Sawyer y su secuela, Las aventuras de Huckleberry Finn. A estas alturas no creemos necesario desvelar la identidad de Míster Clemens, así que ni siquiera insinuaremos el seudónimo por el que se le conoce universalmente: Mark Twain. La mirada del autor de la Guía para viajeros inocentes es genuinamente americana: humor fino, agudeza verbal, arrogancia y hasta una cierta comprensible ignorancia provinciana que se combinan para componer un relato muy al gusto de los lectores de la época. Hace poco tuvimos la oportunidad de recrear los paseos de Twain por Milán y su visita al Duomo: «Estábamos enfermos de impaciencia; ¡nos moríamos por ver la famosa catedral!». También para nosotros el deseo de penetrar los muros del fastuoso edificio era mayor que la entereza necesaria para superar las tres líneas de seguridad con cacheo incluido que nos separaban de esta blanquísima escalera hacia el cielo, a esas horas encendida al sol de la mañana como una mole incandescente. Después de salvar cuántos obstáculos se opusieron al peregrino, retomamos el itinerario por de la nave septentrional que nos llevó a los pies del San Bartolomeo scorticato, patrón de los peleteros, statua de Marco d´Agrate. Quien desconozca la historia del apóstol no encontrará sentido a la figura desollada, con mirada perdida, que exhibe pose triunfante sobre aquellos que intentaron quebrar sus convicciones por el tormento. Y quién sí sepa del suplicio del santo notará enseguida que la estola que cubre hombros y partes pudendas es la piel que le arrebataron los armenios, volviéndosela del revés como un calcetín. Sobre el pedestal, la desnuda carnosidad que impresionó a Twain sobrecoge al visitante moderno, que captura con su cámara el detalle macabro de fibras, venas y nervios, expuestos a la indiscreta curiosidad del observador con una impudicia que nos recuerda el De humani corporis fabrica de Andreas Vesalio. En este caso, llama la atención el atributo de Bartolomeo: un pesado libro abierto apoyado en la parte anterior del muslo en lugar del cuchillo de desollar verracos que tradicionalmente le identifica ante los fieles. Después de hora y media larga de contemplación, el devoto paseo por las naves del duomo se transforma en apresurado y frívolo tránsito a través de Galería Vittorio Emanuele II hacia el monumento a Leonardo, frente al teatro alla Scala. Pero antes de abandonar la catedral, y sin que seamos conscientes de ello, la última mirada se prenda del desnudo personaje, quizá el más desnudo de cuántos hubo en la historia del arte, y en el vínculo de nuestra fascinada repulsión con la vívida impresión que hace más de ciento cincuenta años inspiró estas palabras del célebre autor de El príncipe y el mendigo

La figura era la de un hombre sin piel; con cada vena, arteria, músculo, cada fibra, tendón y tejido del cuerpo humano, representado hasta el más mínimo detalle. Se hacía natural porque, por alguna razón, parecía que le dolía. Lo normal sería que un hombre desollado diese esa impresión, a no ser que estuviese entretenido con algún otro asunto. Era horrenda y, sin embargo, ejercía una especie de fascinación. Siento mucho haberla visto, porque ahora ya siempre la veré. A veces soñaré con ella. Soñaré que descansa sus brazos acordonados sobra la cabecera de la cama

hablando con María (y II)

Segunda parte de la entrevista que mantuvimos con La Perera y que con esta entrega toca a su fin, aunque no descartamos futuras colaboraciones porque la autora nos ha tratado fenomenal y terminamos con ganas de más…

Inventar con la palabra o con el pincel: ¿Qué resulta más complicado?

En mi caso es mucho más difícil inventar con la palabra. He intentado varias veces escribir alguna historia propia para luego poder ilustrarla pero nunca me ha gustado el resultado. En cambio con el pincel todo fluye mucho más rápido.

Como ilustradora independiente, ¿cómo promociona su trabajo?

Ahora es mucho más fácil promocionarse porque tenemos las redes sociales. Aunque no me gustan mucho y no sé manejarlas muy bien creo que son una herramienta imprescindible hoy en día. También contacto directamente con editoriales o agencias en las que puede encajar mi trabajo o me muevo por ferias de ilustración para hacer nuevos contactos y estar al día de novedades.

Los ilustradores e ilustradoras con oficio imprimen en su obra algo que la hace fácilmente identificable, inconfundible… ¿Cuál es el suyo propio?

No sabría definirlo. Llevo muchos años dedicándome a esto y mi trabajo ha ido evolucionando mucho. Creo que lo importante es disfrutar con lo que haces independientemente de eso que llaman estilo, pero está claro que cada uno tiene su propia “mano” y su particular universo que siempre sale en a relucir en las ilustraciones.

El ordenador, ¿ha hecho accesible la ilustración y el dibujo a “todo el mundo”?

El ordenador nos facilita muchísimo el trabajo diario en la mayoría de las ocasiones, pero no deja de ser una herramienta más, como el lápiz. Lo importante es lo que quieres contar. Luego cada uno busca sus propias herramientas para hacerlo. Si no tienes nada que expresar no sirve de nada manejar bien el ordenador.

Sabemos que hay artistas que “venderían su alma” por ponerle el color un libro en particular. En su caso, ¿cuál sería ese título y por qué?

Tengo muchas ganas de ilustrar algún libro de temática musical. La música es una fuente de inspiración muy importante para mí. Soy muy mitómana y creo que disfrutaría muchísimo ilustrando algo sobre algún grupo, como Los Beatles por ejemplo.

¿Hay diferencias entre la ilustración (o la historieta) para niños, para jóvenes y para adultos?

Sí, supongo que sí. Cambia el enfoque, la temática y muchas veces el estilo. Al final se trata de comunicar algo y la ilustración debe adaptarse al público al que va dirigido. De todas formas, los amantes de los libros ilustrados disfrutan todos por igual.

Recomiéndenos tres obras imprescindibles para nuestra biblioteca…

Los tres en este caso son cómics y son una auténtica maravilla:
• Luces Nocturnas, de Lorena Alvarez. (Astiberri)
• La levedad, de Catherine Meurisse (Impedimenta)
• La vida. Una historia de Carles Casagemas y Pablo Picasso, de Tyto Alba (Astiberri)

Tomamos nota: En breve incorporaremos estas lecturas a nuestra biblioteca. Gracias María una vez más por tu amabilidad pero, sobre todo, por tus dibujos.

hablando con María (I)

http://www.youtube.com/watch?v=aYqxli9XZHE

En esta primera entrega, la ilustradora María Díaz Perera nos habla de la profesión, del oficio del arte y de unas cuántas cosas más. Lo mejor es leer para saber…

Primero vamos con lo de los estudios… Ayúdenos a convencer a una estudiante con talento de que lo suyo es el lápiz y no las ecuaciones de segundo grado…

Si dibujar es realmente lo que le gusta hacer le animaría sin duda a que se formara como profesional de este campo. Afortunadamente desde hace unos años estamos viviendo un “boom” de la ilustración. Creo que poco a poco está dejando de entenderse como una simple afición y ya por fin es una profesión reconocida. Mi consejo es que no duden, que confíen en sí mismos y se preparen bien porque sí hay salida profesional y es una suerte poder trabajar en lo que realmente te gusta.

Ha estudiado en centros de Asturias. ¿Considera que hay una buena oferta formativa en la región para nuestros futuros ilustradores?

Sí, tenemos una buena oferta formativa en las escuelas de Oviedo o de Avilés, aunque también es interesante la experiencia fuera y siempre pueden investigar lo que se está haciendo otras escuelas fuera de Asturias.

¿Qué consejos le daría a una chica o a un chico de secundaria que quiera dedicarse a la lustración o a la historieta?

Esta es una profesión muy bonita pero también muy dura, por eso como en cualquier otro campo, hay que trabajar mucho y no desanimarse. Preparar un buen portafolio con trabajo personal es una buena manera de comenzar.

¿Quién te enseña verdaderamente el oficio de ilustradora?

En mi caso he aprendido muchísimo de mis compañeros de profesión, tanto de sus métodos como de su manera de trabajar con clientes y presupuestar trabajos. Luego es el día a día el que te enseña cómo debes trabajar y mejorar aprendiendo de tus errores.

¿Es el suyo un trabajo de ocho horas con pausa para el café?

Aunque soy bastante disciplinada con los horarios en mi caso no todos los días son iguales. Hay días de ocho horas (¡o más!) y otros mucho menos productivos porque también tienes que hacer otras cosas que no son dibujar (facturas, presupuestos, correos…) Eso sí, siempre hay pausa para el café 🙂

Siempre nos gusta hacer esta pregunta… El arte rupestre, ¿es obra de hombres o de mujeres?

¡Yo creo que de ambos!

Ahora le vamos a sacar los colores… ¿Cuál es el secreto para llegar a los más pequeños?

¡Es una pregunta muy difícil! Creo que el secreto está en divertirse con el trabajo que estás haciendo, en jugar. Si te lo estás pasando bien mientras trabajas creo que de una manera u otra eso se termina reflejando en las ilustraciones.

 (Continuará…) 

Escrivivir

Ahora que le conocemos podemos decir que Gonzalo transmite serenidad. Ojillos hundidos, melancólicos, que se abren al balcón de una barba blanca blanca como la nieve. Quizá sea por eso por lo que su discurso es fresco. Nos atrapa como el abrazo de un nuevo amigo. Moure modela el aire con las manos. Nos invita a crear, a contar las historias, a reconocernos en lo que escribimos como aquel que se mira en el agua clara de un manantial. Las palabras nos han hecho humanos. Los libros nos proyectan hacia el futuro. El escritor de profesión es una especie de científico que experimenta con los sentimientos, incorporando a su obra la esencia misma del los tiempos que le toca vivir. Moure nos desvela a Shakespeare como el inventor del amor romántico, autor de los versos encendidos que recrean la pasión de Romeo y Julieta, paradigma de los amantes enfrentados a los designios de un destino incierto. Nuestro escritor es de los que escribe para vivir. O vive para escribir. Para escrivivir, como él dice. Por eso sus finales son abiertos. Cuando desarrolla a sus personajes les otorga el bien más preciado, el de la libertad, para moverse a sus anchas dentro del argumento. Como un lector más, el autor desconoce lo que ocurrirá al pasar de página. ¿No es este un paralelismo con la vida misma? Quizá sea ese el gran atributo de sus historias, aunque no el único. Gonzalo Moure se ha visto arrastrado por la literatura y por cierto compromiso estético y personal a vivir de la misma forma en la que escribe: viajero curioso y sensible, promotor de iniciativas humanitarias y solidarias como el proyecto Bubisher, Moure ensaya con las emociones, con los sentimientos que invitan a conectar culturas y rebasar fronteras. Los libros de Gonzalo describen la dimensión poética de la vida, tan importante como la otra, la material, que suele ser el origen de casi todos los desvelos occidentales. No lejos de aquí, los saharauis se desean cada día una feliz mañana de garbanzos y jazmines (¡Sabah el ful u iasimín!). En el desierto inclemente, la dicha del hombre pasa por calmar la sed y el hambre, pero también por gozar de la vida misma y de la belleza sublime de una pequeña flor que se resiste a sucumbir bajo el sol abrasador. Una metáfora de lo que para todos nosotros supone  la lectura y la escritura: bálsamo y medicina contra la ignorancia, el egoísmo y la crueldad. Nosotros, que escuchamos a Gonzalo Moure con mucha atención, animamos a leerle y a sentirle a través de las múltiples historias que nos ofrecen sus libros, donde se cruzan la felicidad con la desdicha dentro de argumentos sencillos que ni el propio autor es capaz de controlar. Como la vida misma.

http://www.youtube.com/watch?v=S6ivN-Msiag

« Entradas anteriores Entradas siguientes »

© 2026 . Alojado en Educastur Blog.