Categoría: el escritor (Página 8 de 18)

chesterton

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Dicen que Borges era un apasionado de la literatura de Chesterton: «En cuanto a Stevenson, Kipling y Chesterton he leído sus narraciones tantas veces desde chico que ya casi las puedo recrear íntegras en la memoria», declaraba el argentino allá por 1962. También Alfred Hitchcock confesó su admiración por este peculiar escritor del que, decía, había leído los relatos protagonizados por el ínclito Padre Brown. Nadie le niega a Chesterton el mérito de ser uno de los escritores más influyentes del pasado siglo XX. Los biógrafos del insigne personaje destacan la peripecia intelectual del agnóstico que se convierte al anglicanismo para transformarse después en un racionalista católico. Esa vertiente confesional, tan definitiva en su obra, ha llegado a las mismísimas puertas del Vaticano, donde ya se empieza a investigar la causa de su beatificación. Es necesario hacer escala en esta evolución ideológica porque es la que define su producción periodística, literaria y ensayística, lo que no impide que sus obras sean reconocidas por tirios y troyanos. El humor y la ironía con la que trabaja los argumentos han cautivado durante décadas a los lectores, ávidos de las sentencias y argucias de este sofista moderno que se definía a sí mismo como «el apóstol de las verdades a medias».

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esto es solo una opinión

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La necedad no es cosa de nuestro tiempo. Estamos en condiciones de afirmar que desde el principio de los tiempos han existido individuos proclives a cultivar la estupidez, bien sea de palabra u obra. Hasta ahora, solo un grupo relativamente reducido de estos ejemplares habían dejado huella en la historia, y casi nunca por nada bueno. Umberto Eco, el semiólogo que desentrañó como pocos el espíritu oculto de la cultura occidental, observó con agudeza que las nuevas tecnologías habían hecho realidad algunas de las aspiraciones del pensamiento mágico colectivo, tales como la comunicación a distancia y la disponibilidad inmediata; sin embargo, también habían dado la oportunidad de amplificar cualquier valoración carente de fundamento crítico, que a millones han distorsionado por internet el concepto de cultura e incluso el de conocimiento: «Twitter da derecho de expresión a una legión de imbéciles, que en otro tiempo se limitaban a hacerlo en el bar, tras tomar un vaso de vino, sin dañar a la colectividad. Antes eran fáciles de silenciar, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios. Esto plantea, además, un problema de filtrado: uno no sabe si está hablando con un premio Nobel o con un idiota.»  Tampoco la historia se hubiera escrito de la misma forma si hace cien años hubieran existido las redes sociales: posiblemente Hitler hubiera reorientado su carrera de genocida hacia las artes plásticas o los tutoriales eugenistas, consagrándose como youtuber de éxito que recibiría likes hasta del propio Stalin. En Número cero, su última novela, Don Umberto añade a esta crisis del pensamiento la dudosa fiabilidad de los fabricantes de opinión, que consciente o inconscientemente enfocan la realidad de la forma que más conviene a sus intereses, que no son otros que los de aquellos que los patrocinan. El periodismo objetivo solo existe para aquellos que ya están convencidos de que lo que leen o escuchan responde a la verdad, lo que nos lleva a la funesta conclusión de que la opinión pública se escribe mucho antes de que cualquier ciudadano formule su propio punto de vista, ya sea ante un micrófono o ejerciendo su democrático derecho al voto. Umberto Eco no volverá a escribir más, pero nos deja un abundante legado de libros, ensayos y artículos que bien valen una revisión gozosa por parte de todos aquellos que necesitan un verdadero argumento de autoridad para interpretar el mundo en el que viven. Aunque esto, claro está, es solo una opinión…

(…) Hoy en día, para rebatir una acusación, no es necesario probar lo contrario, basta con desligitimar al acusador. (…) Nadie es nunca integérrimo al cien por cien, a lo mejor no es un pedófilo, no ha asesinado a su abuela, no se ha embolsado sobres, pero algo raro habrá hecho. O si no, si me permiten la expresión , extrañamos lo que hace todos los días. (…) No son las noticias las que hacen el periódico sino el periódico el que hace las noticias.»

Número cero. Umberto Eco, 2015 

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después del fuego

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Cuando un monte se quema, algo suyo se quema. Este lema tiene medio siglo y se hizo muy popular gracias a una campaña de comunicación para prevenir los incendios forestales. Era la época del desarrollismoel entorno rural se despoblaba paulativamente y los espacios naturales empezaban a ser codiciados por promotores y magnates industriales. En definitiva, una dilatada historia de desafectos entre el hombre y la naturaleza que llega hasta nuestros días. Para entender un poco mejor qué nos está pasando llamamos a nuestro amigo Ignacio Abella, escritor, naturalista e incansable divulgador medioambiental, que días atrás publicaba en prensa un interesantísimo artículo titulado Después del fuego. En su intervención, Ignacio desvelo el mal que aqueja a los montes que se queman: la extinción de los vínculos económicos y sentimentales con la comunidad agrícola y ganadera, secular benefactora del paisaje, que ha dejado en manos de la administración la gestión de este inmenso patrimonio, un legado añejo que los desatinos políticos están dilapidando. La riqueza natural se vende a granel como «paraíso natural», una suerte de publicidad pintoresca y banal que disimula el desgobierno y la improvisación. Ignacio nos revela que hace unas pocas décadas no se contemplaban las quemas controladas porque en el monte no sobraba nada; hasta los invasivos tojos eran recolectados para cebar al ganado o alimentar los hornos del pan, en algunos casos siguiendo viejos protocolos que garantizaban un reparto y beneficio equitativos. Abella sostiene que el papel que el bosque jugaba dentro de una economía agrícola de subsistencia es, para bien y para mal, una estampa del pasado, pero la riqueza está ahí, en ocasiones oculta por intereses corporativos o, simplemente, por pura ignorancia. ¿Quién dice que no es posible sacar un excelente rendimiento a la producción maderera autóctona sin empobrecer el terreno o facilitar combustible a futuros incendios? ¿Quién sentiría la seducción de una región quemada y yerta, que ofrece al turista nostálgicas imágenes de antaño en sus «centros de interpretación»? ¿Alguien cree posible contener los procesos de desertificación que desencadena el suelo deforestado y desnudo? Hace cincuenta años el conejo Fidel nos animaba a ser responsables con lo que es nuestro, pero subrayaba además que quemar el monte “podía perjudicar nuestros intereses”. Sin duda el perjuicio ya está causado. Ahora cumple enmendar los errores y corregir sus efectos, porque nuestro destino está indisolublemente unido al de nuestros bosques: ellos nos necesitan en la misma medida en la que nosotros los necesitamos a ellos.

salamandras

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Las salamandras celebraron el triunfo electoral concentrándose en la Gran Plaza, alrededor de la fuente del Tritón, tradicional lugar de encuentro desde que dos años atrás se les concediera la ciudadanía. El crecimiento exponencial de la población de urodelos y el progresivo desencanto del género humano habían resultado determinantes en estas elecciones, las primeras de la nueva era. Una mayoría cualificada de salamandras tomó el control del parlamento nacional. Asistido por un ujier que le humedecía la piel, el nuevo presidente de la Cámara, totalmente desnudo, leyó en cuatro idiomas diferentes el solemne discurso de investidura. Juró su cargo y se comprometió a servir a todos los seres vivientes hasta su último aliento. Se escucharon pocos aplausos pero muy entusiastas. Procedían de la bancada de humanos pro-anfibios, porque es bien sabido que las salamandras no saben batir palmas. El Jefe de Estado encomendó la formación de gobierno a una Andrias scheuchzeri joven, de unos tres o cuatro años, a la que sus congéneres llamaban Biss. Su primer gabinete estaba compuesto por once ministros-salamandra y dos humanos, que ocupaban las carteras de Diversidad Biológica y Culturas Animales. Los períodos de sesiones se adaptaron al calendario de apareamiento. La primera norma de la nueva legislatura concedía la libertad a todos los reptiles y anfibios en cautividad, así como a los mamíferos que trabajaran en contra de su voluntad al servicio de los Homo sapiens. Pero la opinión pública otorgó mucha mayor notoriedad a la recién estrenada Ley Orgánica del Agua, redactada en términos de respeto al medio ambiente y que además asignaba una determinada cantidad del preciado elemento por ciudadano. Como la población de salamandras quintuplicaba a la de los humanos, los más avispados intuyeron enseguida un futuro de escasez para los hombres. Uno a uno, los representantes de la oposición más destacados dimitían o se adherían fervorosamente a la política del gobierno del cambio, para reaparecer al poco desempeñando algún puesto de responsabilidad en el Ministerio del H2O…

Los sucesos que están en el origen de esta delirante historia aparecen pormenorizadamente registrados en La guerra de las salamandras, una distópica e imperecedera ficción escrita en 1935 por Karel Čapek, paisano de Kafka e injustamente no tan reconocido como él. Recomendamos encarecidamente la lectura de este libro y advertimos que todo parecido con la realidad es… ¿pura coincidencia?

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la guerra explicada

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Hubo en España una guerra que, como todas las guerras, la ganara quien ganase, la perdieron los poetas. Cuando Pablo Guerrero cantaba esta canción de Alfredo Amestoy, España se marcaba sus primeros y vacilantes pases en la arena democrática, después de padecer una larga dictadura. La Guerra Civil estaba muy presente en el ánimo y el corazón de los españoles; rencor, exilio, hambre y represión; heridas abiertas y mal curadas. Casi ochenta años nos separan de aquel verano de 1936. En España se preparó un ensayo general de lo que más tarde sería el mayor conflicto bélico de la historia. Millares de muertos: una generación entera con nombres y apellidos familiares que dejaron una impronta difícil de borrar e imposible de olvidar. A estas alturas, ya se ha perdido casi por completo la memoria directa del suceso. Los que sufrieron la devastación han fallecido. Pero la historiografía sigue revisando este periodo y, de vez en cuando, se nos revelan evidencias inéditas que amplían la perspectiva y enriquecen el análisis. Es casi innecesario (si no fuera porque es algo que nos “toca” muy de lleno) subrayar que la Guerra Civil (como todas las guerras) no se reduce a un desafío de “malos” contra “buenos”. Ningún conflicto es como lo pintan en las películas. Pero también es rigurosamente cierto que el “alzamiento” lo fue contra un gobierno legítimamente constituido. En éstas estaba Pérez-Reverte cuando redactó La Guerra Civil explicada a los jóvenes. Nada nos hace sospechar que el autor haya querido alimentar ideológicamente el texto. Y por eso no resulta conveniente entrar en un juicio de intenciones. Pero el libro, de tan escueto, nos resulta un tanto simplón. Cierto es que los lectores a los que va dirigido no están excesivamente informados y se debaten entre aceptar o rechazar tópicos y dudosas versiones ideológicas. Pero «nuestra» Guerra Civil se merece una aproximación más rigurosa. Y no solo por la espuria manipulación que políticos y libros de texto hacen de este episodio; también por la necesidad de superar los rencores heredados y someter a los protagonistas al documentado juicio de la historia.

el Roto y la sátira social (segunda parte)

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La sátira es un viejo género en el que se expresa indignación contra algo o contra alguien. En la sátira se ridiculizan vicios y contradicciones, pero también las miserias de la autoridad y las patrañas del discurso político. Para ello se sirve de la hipérbole, la parodia, la ironía o el sarcasmo. No está pensada para hacer reír… La sátira arremete contra la realidad con furia e inteligencia. Es el antídoto que nos permite aceptar la impostura del poder como lo que es: una mentira interesada que utiliza el lenguaje y los medios de comunicación en provecho propio. El ejercicio de la sátira suele resultar contraproducente para la salud: las creaciones satíricas provocan indignación entre dictadorzuelos y bien pensantes. A menudo los autores son tildados de provocadores o payasos. En determinados contextos, la sátira se tolera como parte de un rito folclórico de catarsis: las comparsas de carnaval o las Fallas son un buen ejemplo. Pero por lo general, los creadores suelen ser blanco de la censura, cuando no de acoso y persecución. La sátira social que cultiva el Roto no le es exclusiva. Con un enfoque diferente, aunque quizá sirviéndose de herramientas similares, contamos con dibujantes como nuestro admirado Quino. O el más joven Pawel Kuczynski, un artista de los que cree que los de su especie están llamados a cambiar el orden social.

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BIBLIOLUCES.- Los artistas de la antigüedad tenían aprendices que heredaban su técnica y emulaban al maestro hasta que encontraban su propio lugar… ¿Percibe que hay artistas o periodistas gráficos que recojan el testigo de El Roto?
EL ROTO.- Cada época tiene su lenguaje gráfico y literario. No hay herencias.

BBL.- ¿Cómo describiría el dibujo satírico, la sátira social, a un joven que está cursando el Bachillerato o un Ciclo Formativo?
ER.- Cada viñeta de cualquier dibujante es un tratado de cómo se realiza una viñeta, sólo hay que saber mirar.

BBL– En un mundo feliz, ¿se hubiera dedicado a otra cosa?
ER.- No conozco ese mundo feliz… al menos hasta ahora.

BBL.- Usted se ha definido como una suerte de moralista que intenta imprimir en su obra gráfica un mensaje esclarecedor… La escuela pública, ¿debería asumir su propio papel de moralizadora social?
ER.- La escuela debería ser un territorio de crecimiento en todos los órdenes, el de la ética no es el menos importante, ni mucho menos.

El Roto se define como un «observador» del presente (que no de la actualidad), un notario que refleja objetivamente las circunstancias que le rodean, concediéndole a los lectores a potestad de ejercer su capacidad crítica. Pero, ¿de qué lado está nuestro autor? No nos atreveríamos a decir que se trata de un elemento de izquierdas, porque los excesos son ambidextros, pero reconforta que su afilada puya se pose las más de las veces en el morrillo de políticos, banqueros, demagogos y señores con sombrero de copa.

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BBL.- Cómo describiría gráficamente la ignorancia.
EL ROTO.- Un recopilatorio de dibujos puede ser una descripción ilimitada de todo ello.

BBL.- La esencia del mensaje de El Roto, ¿es radicalmente pesimista o escéptica o ninguna de los dos?
ER.- Que cada lector saque sus conclusiones.

BBL.- Cuáles han sido algunas de las lecturas que más le han influenciado en su vida.
ER.- Los evangelios.

Muñoz Molina lo ve como un francotirador que cada día dispara un solo tiro que da siempre en la diana. Nosotros hemos querido presentarle sin utilizar una sola de sus viñetas, y eso por distintas razones: la primera de ellas es que no hemos podido resistir la tentación de jugar a El Roto, emularle para ser conscientes de su mérito creativo; en segundo lugar, porque sus dibujos aparecen por todos los rincones imaginables… De hecho, crecen sin control entre la abundante hierba contestataria y vindicadora de la red; y por último, porque su medio natural es el periódico, y a buen seguro que entre el montón de diarios que reservamos para la jaula del loro encontramos lo mejor del humor gráfico español de los últimos tiempos.

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