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hablando con María (I)

http://www.youtube.com/watch?v=aYqxli9XZHE

En esta primera entrega, la ilustradora María Díaz Perera nos habla de la profesión, del oficio del arte y de unas cuántas cosas más. Lo mejor es leer para saber…

Primero vamos con lo de los estudios… Ayúdenos a convencer a una estudiante con talento de que lo suyo es el lápiz y no las ecuaciones de segundo grado…

Si dibujar es realmente lo que le gusta hacer le animaría sin duda a que se formara como profesional de este campo. Afortunadamente desde hace unos años estamos viviendo un “boom” de la ilustración. Creo que poco a poco está dejando de entenderse como una simple afición y ya por fin es una profesión reconocida. Mi consejo es que no duden, que confíen en sí mismos y se preparen bien porque sí hay salida profesional y es una suerte poder trabajar en lo que realmente te gusta.

Ha estudiado en centros de Asturias. ¿Considera que hay una buena oferta formativa en la región para nuestros futuros ilustradores?

Sí, tenemos una buena oferta formativa en las escuelas de Oviedo o de Avilés, aunque también es interesante la experiencia fuera y siempre pueden investigar lo que se está haciendo otras escuelas fuera de Asturias.

¿Qué consejos le daría a una chica o a un chico de secundaria que quiera dedicarse a la lustración o a la historieta?

Esta es una profesión muy bonita pero también muy dura, por eso como en cualquier otro campo, hay que trabajar mucho y no desanimarse. Preparar un buen portafolio con trabajo personal es una buena manera de comenzar.

¿Quién te enseña verdaderamente el oficio de ilustradora?

En mi caso he aprendido muchísimo de mis compañeros de profesión, tanto de sus métodos como de su manera de trabajar con clientes y presupuestar trabajos. Luego es el día a día el que te enseña cómo debes trabajar y mejorar aprendiendo de tus errores.

¿Es el suyo un trabajo de ocho horas con pausa para el café?

Aunque soy bastante disciplinada con los horarios en mi caso no todos los días son iguales. Hay días de ocho horas (¡o más!) y otros mucho menos productivos porque también tienes que hacer otras cosas que no son dibujar (facturas, presupuestos, correos…) Eso sí, siempre hay pausa para el café 🙂

Siempre nos gusta hacer esta pregunta… El arte rupestre, ¿es obra de hombres o de mujeres?

¡Yo creo que de ambos!

Ahora le vamos a sacar los colores… ¿Cuál es el secreto para llegar a los más pequeños?

¡Es una pregunta muy difícil! Creo que el secreto está en divertirse con el trabajo que estás haciendo, en jugar. Si te lo estás pasando bien mientras trabajas creo que de una manera u otra eso se termina reflejando en las ilustraciones.

 (Continuará…) 

pájaros en la cabeza

Aquel que piense que para encontrar talento debe pagar el peaje del Huerna se equivoca de cabo a rabo. Para demostrarlo traemos a nuestra bitácora a María Díaz Perera (Gijón, 1980). Y no solo porque La Perera sea asturiana, sino porque su trabajo tiene trazas de convertirse en uno de los más reconocibles del panorama nacional. Encontramos que María tiene una cálida y personal manera de hacerse visible en este universo editorial donde cada vez abundan más los ejemplos de jóvenes artistas con un enfoque artístico genuino. El caso de María Díaz destila poesía y encanto, y un optimismo que se llena de flores y, sobre todo, de pájaros que vuelan por doquier. Su obra nos recuerda un tanto a esa otra gran María, la ilustradora María Pascual, con quien encontramos algunas conexiones estéticas como el halo de común dulzura con la que ambas envuelven sus personajes o el estilo, sencillo y claro, en el que los colores inundan la retina del observador, sea niño, joven o adulto. Por todo lo escrito le queremos dedicar nuestro marcapáginas de cabecera. Pero no contentos con ello, y como nos apetece saber un poco más de ella misma y de su trabajo como dibujante, le hemos preparado una pequeña entrevista que esperamos os guste. Atentos a las siguientes entregas…

sobre la utilidad de juntar una biblioteca

La tradición de «La Escurialense» como biblioteca pública no tiene parangón. Hoy, mientras paseamos por la Sala Principal de la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial admirando los maravillosos frescos de la bóveda, nos embarga una emoción que bien pudiera ser completa si fuera posible abrir los anaqueles e inspeccionar a nuestro antojo los volúmenes que se agolpan en los estantes, un legado documental de valor incalculable que empezara a juntar Felipe II, y que fue enriqueciéndose merced a compras y aportaciones particulares. La providencial retransmisión del evento deportivo nos permite estar a nuestras anchas, ignorados por los guardas, con patente para llegar más allá y más cerca de los maravillosos objetos que nos rodean: bargueños, esferas armilares, mesas de mármol pardo, globos terráqueos… aunque no liberados del todo, pues la mirada escrutadora y melancólica de Su Católica Majestad nos sigue allí donde vayamos. En el silencio total,  los atropellados conjuros radiofónicos se confunden con imaginados diálogos entre académicos y estoicos, alumnos frívolos que ignoran olímpicamente a sus maestros, y los gritos apagados de la muchedumbre futbolera con los murmullos de aquellos que siguen el encuentro de Salomón con la deslumbrante y coqueta Reina de Saba. Y los libros. Allí reposan ¡ay! el Apocalipsis de la Casa de Saboya, el Beato de Liébana, el Códice Aureo, el Códice Emilianense… La cercana vecindad de los volúmenes nos erizan la piel. Y si bien la pública condición de esta biblioteca se ha mantenido desde los tiempos del promotor Páez de Castro («Memorial sobre los libros y utilidad de la librería y orden y traza que en ella se ha de tener«), los visitantes ocasionales no tienen vela que poner entre tanto libro dorado y han de conformarse con lo que se intuye entre las telas metálicas de las estanterías de palo negro. Quizá a más de uno llame la atención este particular paseo, que más tiene de peregrinaje que de visita turística. Pero merece la pena recrearse de vez en cuando en la contemplación de este tesoro de todos y que a todos concierne, aunque solo sea en las ocasiones magnas en que una semifinal o siquiera una eliminatoria de cuartos nos permita encontrarnos en la intimidad con nuestro inmenso patrimonio cultural.

http://www.youtube.com/watch?v=IAaSxyVxqFk

la literatura como escupitajo

Mi abuela seleccionaba las lentejas con paciencia. Volcaba el paquete sobre la mesa de formica y las extendía y removía con la yema del dedo, separando pardinas por un lado y por el otro las piedras traicioneras, que luego arrojaba a las cenizas del hogar. Con el tiempo la tarea se volvió monótona. Las marcas de supermercado eliminaron las impurezas y con ellas, la razón de tan reconcentrada inspección. Sin embargo, la abuela no se resignó a la evidencia y se mantuvo alerta hasta el final de sus días, en parte porque los nietos nos apiadábamos de ella y disimuladamente agregábamos piedritas al montón. A veces las guijas pasaban desapercibidas y al morderlas castigaban con creces la vileza del engaño. Tengo la sensación de que el escrutinio de la abuela cobraría ahora todo su sentido junto a los repletos anaqueles de las librerías, donde la vaciedad se oculta entre las tapas de ciertos volúmenes, algunos absurdamente gruesos. Camuflados de literatura más o menos honesta, estos proyectos de autoría incierta están firmados y avalados por youtubers, influencers, unboxing man (and unboxing woman) y demás fauna virtual…  Me dicen que son obras con tirón, sobre todo entre el público juvenil. Los tales se han servido de internet para proyectarse y granjearse el interés de una parroquia incondicional, que admira la mismidad de los autores y su característico estilo desenfadado y superficial. Se trata de muchachos y muchachas a medio cocinar o faltos de un punto de sal que han hecho realidad esa máxima tan falaz como perversa: Para alcanzar cualquier meta basta con proponérselo. Entre ellos abundan los probadores de juegos, monologuistas, creadores de exabruptos, voceadores y hasta críticos literarios. La masa les aclama. Dan charlas. Sientan cátedra. Son populares. Y así crean redes consistentes de seguidores y suscriptores que se alimentan a sí mismas. Sus prodigios se adornan de exageración pueril (¡Con dieciocho años ya ha publicado diez libros!) que se amplifica en la red.  El mensaje es supersimple, vertical, muy al estilo del Frente de Juventudes: los pijos pasan por feministas, animalistas, ecologistas, pacifistas, extremistas, sindicalistas, nacionalistas o acordeonistas. La vida es para los que se arriesgan! Vuelve la youtuber más atrevida… Cuando las editoriales recogen el fruto maduro, poco importa que el producto sea una basura. A cambio de una migajas de protagonismo, los ídolos promocionan a otros y éstos a los siguientes. Cómo me gustó tu libro, tía. Me sentí superbien. Está superinteresante. Cualquier cosa encuadernada e impresa en papel ecológico libre de cloro pasa por cultura contemporánea. No hay belleza. No hay innovación. No hay historia. No hay documentación, No hay sentimiento. No hay conocimiento. No hay nada de nada. Humo. Puro humo. Y un mensaje que lo envuelve todo: «No pienses. Lee«.  La abuela conservó una dentadura espléndida hasta el final de sus días y con su celo le ahorró a la familia alguna que otra muela mellada. Las piedras no son malas, nos decía, porque entran por un extremo y salen por el otro. El daño se lo hacen a sí mismos los incautos que muerden confiados. Gracias abuela.

que por hablar no quede

http://www.youtube.com/watch?v=bJLeBq9IcdA

Durante este curso un nutrido grupo de alumnos se ha sumado a Liga de Debate escolar en sus diferentes fases. La palabra hablada ha recobrado el protagonismo que se merece de manos de un pequeño pero animoso grupo de profesores que han apostado por el noble juego de la persuasión. Durante esta pequeña aventura, hemos descubierto el poder de la elocuencia iniciándonos en las técnicas más elementales para expresarnos en público de forma fluida y elegante, sometiendo las palabras al escrutinio de la razón, moderando el desenfreno y la verborrea y desvelando los mil y un subterfugios que los charlatanes utilizan para mover voluntades, enredar, y confundir tensando la semántica y reinventando la gramática. Nuestros alumnos han aprendido que la fuerza de la palabra radica en su capacidad para generar consenso, mover al diálogo constructivo y establecer la confianza mutua. Una fuerza que a muchos se les escapa… por la boca.

http://www.youtube.com/watch?v=oxP8v_9FOwg

Escrivivir

Ahora que le conocemos podemos decir que Gonzalo transmite serenidad. Ojillos hundidos, melancólicos, que se abren al balcón de una barba blanca blanca como la nieve. Quizá sea por eso por lo que su discurso es fresco. Nos atrapa como el abrazo de un nuevo amigo. Moure modela el aire con las manos. Nos invita a crear, a contar las historias, a reconocernos en lo que escribimos como aquel que se mira en el agua clara de un manantial. Las palabras nos han hecho humanos. Los libros nos proyectan hacia el futuro. El escritor de profesión es una especie de científico que experimenta con los sentimientos, incorporando a su obra la esencia misma del los tiempos que le toca vivir. Moure nos desvela a Shakespeare como el inventor del amor romántico, autor de los versos encendidos que recrean la pasión de Romeo y Julieta, paradigma de los amantes enfrentados a los designios de un destino incierto. Nuestro escritor es de los que escribe para vivir. O vive para escribir. Para escrivivir, como él dice. Por eso sus finales son abiertos. Cuando desarrolla a sus personajes les otorga el bien más preciado, el de la libertad, para moverse a sus anchas dentro del argumento. Como un lector más, el autor desconoce lo que ocurrirá al pasar de página. ¿No es este un paralelismo con la vida misma? Quizá sea ese el gran atributo de sus historias, aunque no el único. Gonzalo Moure se ha visto arrastrado por la literatura y por cierto compromiso estético y personal a vivir de la misma forma en la que escribe: viajero curioso y sensible, promotor de iniciativas humanitarias y solidarias como el proyecto Bubisher, Moure ensaya con las emociones, con los sentimientos que invitan a conectar culturas y rebasar fronteras. Los libros de Gonzalo describen la dimensión poética de la vida, tan importante como la otra, la material, que suele ser el origen de casi todos los desvelos occidentales. No lejos de aquí, los saharauis se desean cada día una feliz mañana de garbanzos y jazmines (¡Sabah el ful u iasimín!). En el desierto inclemente, la dicha del hombre pasa por calmar la sed y el hambre, pero también por gozar de la vida misma y de la belleza sublime de una pequeña flor que se resiste a sucumbir bajo el sol abrasador. Una metáfora de lo que para todos nosotros supone  la lectura y la escritura: bálsamo y medicina contra la ignorancia, el egoísmo y la crueldad. Nosotros, que escuchamos a Gonzalo Moure con mucha atención, animamos a leerle y a sentirle a través de las múltiples historias que nos ofrecen sus libros, donde se cruzan la felicidad con la desdicha dentro de argumentos sencillos que ni el propio autor es capaz de controlar. Como la vida misma.

http://www.youtube.com/watch?v=S6ivN-Msiag

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