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adán y raza, azar y nada: entrevista con José Pablo García

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Este palíndromo encabeza Satarsa (1982), un relato breve de Julio Cortázar, publicado el mismo año en el que el dibujante José Pablo García se asomaba por vez primera al patio de luces de su Málaga natal. Con once primaveras tomó la alternativa en el periódico local El Sol de Antequera, remedando a uno de los grandes: Don Antonio Mingote. Han pasado algunos años desde entonces (aunque no tantos) y el estilo de este joven creador ha consolidado a lo largo de una trayectoria corta pero fructifera. Y si lo más laudatorio que se puede decir de un autor es aquello de que lo mejor está aun por llegar, se lo aplicamos sin riesgo a José Pablo, que se ha atrevido a ilustrar la obra de un historiador británico de renombre y resuelve con sobresaliente la adaptación gráfica de la novela Soldados de Salamina, del multilaureado Javier Cercas (Cáceres, 1962). El perfil y los méritos de este dibujante nos invitan a conocerle un poco más, como siempre con la intención de orientar los pasos de los que siguen su estela. Y en eso estamos…

Bl. A nosotros nos gusta pensar que el libro ilustrado, que el tebeo en sí, es una pequeña obra de arte ¿Estás de acuerdo?

J.P. Lo que hace pequeña o grande a una obra de arte es su ambición, no el medio que se utilice para expresarse, y hay autores del cómic, como Chris Ware, que están entre algunos de los artistas más importantes e influyentes del mundo. Sus libros deberían estar en los museos.

Bl. ¿El cómic es un reclamo para que las nuevas generaciones de lectores se enganchen a la gran literatura?

J.P. Los tebeos han sido fundamentales en la formación de grandes lectores a lo largo del último siglo, pero no tengo muy claro que ahora sea así, al no ser un medio tan popular como antes. Hay que pensar que en la posguerra española, por ejemplo, los niños no tenían televisor, ni videojuegos, ni móviles, ni tantas ofertas de ocio como ahora; sólo les quedaba jugar en la calle o leer tebeos, que por entonces tenían tiradas de millones de ejemplares. El uso de dibujos permite entrar en las historias de manera más inmediata y sí que es un primer paso para lectura muy valioso, pero no por ello es un medio menor que la novela, el ensayo o la poesía. Hay novelas gráficas de gran madurez y complejidad que también podrían considerarse gran literatura.

Bl. En el caso de adaptaciones tan importantes como las de Preston o Javier Cercas, ¿qué te condiciona más: la opinión de los autores o las expectativas de tus potenciales lectores?

J.P. Si pensara en la opinión de mis futuros lectores, o de los autores de esas obras, posiblemente me bloquearía y no haría nada. Ya tengo suficiente con mi nivel de autoexigencia, que me hace sufrir bastante. Mi única intención, cuando se trata de encargos de ese tipo, es contar las historias de la mejor forma y lo más claramente posible.

Bl. Después de comprobar cómo te recreas con soltura en varios estilos clásicos, ¿crees que a estas alturas tienes un estilo propio (e inconfundible)?

J.P. Sí, aunque he dado muchas vueltas en ese sentido, tengo un estilo más funcional al que siempre recurro y con el que me siento muy cómodo. Al final el estilo es algo en lo que no hay que pensar, es algo que surge después de dibujar mucho.

Bl. ¿Cómo vences el vértigo de “la página en blanco”?

J.P. No recuerdo qué se sentía con ese vértigo porque llevo algunos años sin trabajar en una historia desde cero, sólo haciendo adaptaciones, guiones de otros o historias reales con base documental. Eso no quiere decir que no le dé vueltas a la forma de representar algo, pero siempre tengo esa base para empezar a trabajar.

 «Estamos demasiado saturados de imágenes, hay demasiado ruido visual por todos lados»

Bl. Se puede decir que en La Guerra Civil Española lo que haces es “escribir con dibujos”… ¿Qué debe aportar el dibujante en un mundo donde la imagen lo domina todo?

J.P. Desde la llegada de internet, estamos demasiado saturados de imágenes, hay demasiado ruido visual por todos lados. Por eso creo que es importante ser claro, que la imagen sea directa, y contar las cosas de la manera más sencilla y efectiva posible.

Bl. En Las aventuras de Joselito homenajeas el tebeo de todo pelaje. Hace unas décadas el cómic era un consumible habitual dentro de un mercado infantil y juvenil muy dinámico, donde se leía, se releía y se intercambiaban revistas y cromos… Estampas del pasado… ¿Qué espacio tiene reservada la cultura actual al noveno arte?

J.P. Como decía antes, el cómic es un medio que no goza de la popularidad que tenía antiguamente, pero a cambio sí creo que tiene más prestigio y presencia en los medios de comunicación. Se trata con cierto respeto, y no como una afición de «frikis», que era la imagen que se tenía de ellos hasta hace muy poco.

Bl. ¿Cómo ves el cómic español en la actualidad? ¿Qué autores te parecen más interesantes?

J.P. Vivimos en un momento muy bueno, se publica más que nunca y no paran de salir nuevos autores con un gran nivel. En parte se debe a que ahora hay un mayor acceso a todo lo que se está haciendo, gracias a Internet, y eso permite que los dibujantes no vivan tan aislados como antes y se enriquezcan unos a otros. Mis preferidos son muchos, pero diré a Albert Monteys y Rayco Pulido, que me gusta todo lo que hacen, y recomiendo sobre todo a Carlos Giménez, que sigue vivo y es el autor de Paracuellos, posiblemente la obra más importante del cómic español.

(Continuará) 

¡acude! Esa frase educa

Un palíndromo tiene su propia vida. Las palabras se mueven libremente hasta que encajan en un patrón afortunado de ida y vuelta, una suerte de simetría léxica más próxima a la matemática que a la lengua… ¡Y voilá! Segmentos sonoros, recortes de un universo delirante que pocas veces se pliegan a los deseos del autor. El dibujante y diseñador gráfico José Pablo García lo ha intentado con las palindrotiras, humor gráfico sujeto a estrictas leyes capicúas. Pero si lo traemos hoy aquí es por su aportación al mundo del tebeo. En la biblioteca podemos leer la versión gráfica de La Guerra Civil Española de Paul Preston, una verdadera odisea gráfica que consistió en pasar (y decimos «pasar» porque el dibujante apenas se ahorra una coma del original) un ensayo denso de cuatrocientas páginas a un álbum de unas… ¡¡mil trescientas viñetas!! que dan cuenta de todas las derrotas del conflicto, comenzando por un homenaje a Goya (Duelo a garrotazos) para terminar con la siesta del Caudillo. A lo largo de sus doscientas cuarenta páginas nos topamos con los protagonistas de la contienda y con numerosas referencias a imágenes y cartelería de la época, entre ellas la de los milicianos en alpargatas, apuntando con el Mauser desde la trinchera. Hay precedentes, y muchos. Aquí tenemos a mano los fascículos correspondientes de La historia de España (dibujada por Luis Collado entre otros) o las ilustraciones que hace Fernando Vicente para la La Guerra Civil contada a los jóvenes, de Pérez-Reverte. Pero el desarrollo de un ensayo histórico completo requería otro enfoque, y José Pablo García decidió quemar las naves en el empeño. El resultado: un completo análisis de la Guerra Civil desde sus cimientos, rescatando decenas de nombres y de situaciones que nos ofrecen una imagen compacta del conflicto bélico a través de un prisma fresco, como de alumno aplicado que pone su talento al servicio de lo que narra. La colaboración de dibujante e historiador se prolongó en otro libro, Muerte en Guernica, del que de momento no podemos dar referencias. Siguiendo con la sucesión de encargos que el dibujante está despachando con soltura, José Pablo ha publicado este mismo año una versión gráfica de Soldados de Salamina, reconocible título del reciente premio Planeta, Javier Cercas. Por todo ello, hemos creído oportuno profundizar en el trabajo de un autor joven y prometedor que señala el camino de otros tantos que vienen detrás, e interesarnos un poco por su forma de hacer y sus proyectos futuros. Y es que en este mundo de la creación, se es o no se es

bea Triz bea

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Tres cualidades a tener en cuenta… y UNO: es una autora reconocida y reconocible. Y DOS: tiene un talento más que notable. Y TRES: es una mujer muy joven que tiene las cosas muy claras, y por eso es un referente para todas aquellas que sienten que la creación es lo suyo… Además teníamos un par de libros de Bea Tormo, Triz, en la biblioteca: La vida secreta de Rebecca Paradise (Texto de Pedro Mañas) Premio Barco de Vapor 2015, y Esmeralda y yo (Texto de Juana Cortés Amunarriz) VII Premio de Literatura Infantil Ciudad de Málaga. Las credenciales no podían se mejores, así que prestos y dispuestos le pedimos una entrevista porque teníamos que saber algunas cosas que seguramente ella nos aclararía. Y, efectivamente, así fue. Aquí dejamos el resultado de la conversación, fraccionado en dos entregas. ¡Que aproveche!

BIBLIOLUCES.- Primero vamos con lo de los estudios… Ayúdanos  a convencer a una estudiante con talento de que lo suyo es el lápiz y no las integrales.

TRIZ.- Bueno, si una estudiante tiene claro que lo que le gusta es coger un lapicero para hacer dibujos y no para escribir números no debería tener que convencerla, tendría ella misma que saber qué es lo que quiere y hacerlo. A mí me enseñaron que tenía que estudiar aquello que me entusiasmase y no lo que se esperaba que hiciese sólo por tener algo estable y con dinero. Una misma tiene que tomar sus decisiones, no los demás.

BBL.- ¿Qué consejos le darías a una chica o a un chico de secundaria que quiera dedicarse a la lustración o a la historieta?

TRIZ.- Le diría que tiene que trabajar muy duro. Aún la gente no se cree que sea un trabajo serio, pero pagamos impuestos, hacemos papeleos y tenemos que organizarnos la jornada como todo el mundo. Al margen de eso, creo que es un trabajo en el que nunca dejas de aprender, y que se llega a un buen resultado con muchísimas horas de trabajo. Merece la pena, pero no es fácil.

BBL.- ¿Quién te enseña el oficio? Porque está claro que no es cosa de hacerse un máster supercaro… ¿O sí?

TRIZ.- No, no hace falta ningún máster carísimo para aprender el oficio, aunque está claro que unos estudios te ayudarán en cuestiones prácticas; color, proporción, composición… Yo no fui a la universidad y los estudios que cursé no me enseñaron gran cosa, todo hay que decirlo, pero sé que ahora hay cursos de bastante calidad. Luego, evidentemente, está tu propio interés y documentación, tienes que mantenerte al tanto de lo que se hace y echar horas en tu casa dibujando. Así es como se hace mano.

BBL.-  ¿Es el tuyo un trabajo de ocho horas con pausa para el café?

TRIZ.- ¡Ja, Ja, Ja! No. ¡Ojalá fuera algo tan organizado! Es un trabajo donde hay días de 12 horas de trabajo, otros de 4, otros de 10… depende del volumen de trabajo que tengas y de cómo te organices. No trabajas en una oficina, si ese día aún no has terminado lo que tengas para mañana tienes que hacerlo, y da igual cuantas horas estés delante del ordenador o del papel, hay que acabarlo porque tienes un cliente que lo necesita. Hay que marcarse pautas y una agenda controlada para no caer en el caos horario, pero sinceramente, nunca lo consigo.

BBL.- Tenemos una duda… el arte rupestre, ¿es obra de  hombres o de mujeres?

TRIZ.- Bueno, dicen que un gran porcentaje de las pinturas rupestres eran hechas por mujeres, que tiene sentido, eran las que se quedaban en la cueva. Quedarse todo un día metida en una cueva tenía que ser un coñazo (con perdón).

BBL.- Si revisamos la lista de galardonados con el Premio Nacional de Ilustración desde el año 1990 encontramos únicamente siete primeros premios en femenino… ¿Es que hay tanta diferencia entre mujeres y hombres en este oficio?

TRIZ.- Creo que los únicos que ven diferencias son los que dan los premios. A la hora de la verdad no hay absolutamente ninguna diferencia. Hacemos el mismo trabajo y además hay una cantera enorme de ilustradoras, así que o son muy ignorantes o huele un poco a podrido. Pregunten a los señores del jurado a ver que les dicen ellos y luego me lo contáis. (Continuará)

 

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hokusai y su 漫画

El gran artista japonés Hokusai es de sobra conocido. Sus grabados enriquecen los fondos de los museos más prestigiosos, pero también lucen a las mil maravillas en la abollada pared de nuestra biblioteca. Y ahí está su mérito. El arte oriental, y concretamente estas estampas coloreadas, influyeron notablemente en los impresionistas europeos, que a fines del XIX le daban un buen meneo a los principios sacrosantos de la pintura académica y ponían los cimientos del arte moderno. Hablando de cimientos, dicen que Chillida también se inspiró en Hokusai para construir esas moles de hormigón tan grandes y tan feas que hacía él, pero de eso no tenemos pruebas. Manga significa «apuntes», «dibujos caprichosos», y eso es precisamente lo que representa esta colección de cuadernos en negro, gris y rosa, que comenzaron a distribuirse allá por 1814 (en España estábamos en plena guerra de independencia contra los franceses de alonsanfandelapatrí que inspiraba a Goya los aguafuertes sobre Los desastres de la guerra). Los contenidos son simples: esbozos de personas realizando una gran variedad de actividades, animales, aves, insectos, dioses, fantasmas, arquitectura, paisajes y vistas detalladas de hojas y flores. La serie tuvo tanto éxito que se publicó durante sesenta y cuatro años. Los editores se aprovecharon el tirón popular de Hokusai incluso después de muerto, sacando al mercado unas «obras inéditas» y «lo mejor de lo mejor de Hokusai»… Y es que hace doscientos años ya estaba todo inventado. ¿Qué es lo que le valió el favor incondicional de su público? Algunos han sugerido que los manga de Hokusai se ofrecían como un manual didáctico, en tiempos en que los aspirantes a dominar el arte del dibujo carecían de material gráfico para usar de modelo. Siendo justos, hay que advertir que el mérito de estos trabajos no era exclusivo de Hokusai, que contó con la colaboración de los grabadores que cincelaban finamente la madera de sakura, y los impresores que trabajaban el color con tinta china y oropimente. El que presentamos en esta entrada es el Volumen 3, pero si alguien se quiere regalar la vista con toda la serie, no tiene más que pinchar aquí mismo y disfrutar de las exquisitas miniaturas orientales que revolucionaron el arte universal.

https://issuu.com/amadeonipasa/docs/hokusai_manga

miguelanxo explica a Cervantes

miguelanxo_biblioluces

La biografía de Cervantes forma parte de su valioso legado. No ha resultado fácil documentar las peripecias del esquivo Don Miguel,  del que se había perdido la pista hasta que hace poco más de un año se descubrieron restos del escritor en la cripta de una iglesia madrileña. La ausencia de un verdadero retrato y las numerosas incógnitas que rodean al Cervantes «de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada» (en el prólogo de las Novelas Ejemplares) contribuyen a perpetuar la leyenda del escritor, que a buen seguro hubiera cambiado la postrera gloria que le depararon los siglos por una mayor fortuna terrenal, afanado como estuvo en perseguir la fama y el reconocimiento que no le alcanzaron en vida. Hace unos meses tuvimos la oportunidad de viajar en el tiempo, repasando los principales hitos de la biografía cervantina de la mano del genial dibujante Miguelanxo Prado. Abierta en el precioso Palacio Municipal de La Coruña, la exposición Miguel EN Cervantes. El retablo de las maravillas, nos invitaba a conectar al personaje de Cervantes con su época, ilustrando todas «las vidas» que le tocaron en suerte, bien fuera por casualidad o por temperamento: bravucón, soldado, cautivo, recaudador… El que haya perdido la oportunidad de visitar la muestra puede hacerse con el catálogo en el que, junto a los dibujos de Miguelanxo, podemos disfrutar la historieta de El retablo de las Maravillas, obra del orensano David Rubín, que ya había experimentado con la adaptación de otros clásicos como Shakespeare o Bécquer. Sin duda, una lectura recomendable para fraguar en la memoria la vida de nuestro escritor universal en treinta y séis imágenes inolvidables.

https://www.youtube.com/watch?v=iGRmfR6zrbc&t=33s

trinca

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A fines de 1970 veía la luz una revista que marcaría época. Entre las secciones «La solución para el tercer mundo», «El arte ibérico», «Cromos» o «Dirigentes de hoy» se colaron autores que llevaron a cabo experimentos narrativos y estéticos poco comunes. Las series aparecidas en Trinca certifican que con censura o sin ella, y pese a los problemas internos de organización de la revista, los autores patrios eran capaces de realizar producciones de extraordinaria calidad, de lo que da fe la gran cantidad de premios con los que se reconoció su corta trayectoria editorial. Para saber un poco más os invitamos a que os paséis por la biblioteca donde podréis consultar algún número original. Recomendamos que previamente os leáis este fragmento de un artículo aparecido en la revista Paperback firmado por Rafael Marín:
«Los adolescentes que en noviembre de 1970 éramos ya aficionados a los comics jamás podremos olvidar el estupor vivido en clase de Formación del Espíritu Nacional, cuando el inevitable vendedor de enciclopedias, álbumes o colectas para bautizar negritos tan típicas de la época sacó de su maleta un extraño ejemplar de cómic y lo anunció a los cuatro vientos como la consecución más portentosa que jamás vieron los siglos. Los tebeos, escolarmente mal vistos, acababan de recibir la bendición del establishment con un nuevo título, Trinca, editado con todo lujo por Doncel, hasta entonces dedicada a los libros de política del régimen de Franco. (…) La inversión estatal que acababa de crear una revista que iba a hacer historia en España tan sólo necesitaba utilizar la maquinaria semi-engrasada del franquismo a través de la Secretaría del Movimiento. Muchos adolescentes de la época nos quedamos fríos ante la muestra, sobre todo por su alto precio y la extrañeza de sus personajes, y la desconfianza natural hacia todo aquello que oliera a oficialismo. Pero muchos padres, convencidos por la verborrea del vendedor y la consciencia de estar comprando una revista de historietas con sentido profundamente didáctico, en papel satinado y con profusión de artículos y atractivos colores, suscribieron a sus hijos al invento. Así echó a andar un proyecto que, de tener un precedente inmediato, habría que buscarlo en los añejos Flechas y Pelayos o Clarín.
(…) A pesar del capital estatal y algún artículo culturaloide, Trinca no puede ser acusada de vehículo al servicio de unas ideas políticas concretas; si esa fue la intención inicial, no cabe duda de que fracasó. Antes al contrario, la multitud de autores que en años sucesivos se turnarían en sus páginas consolidarían un amplio muestrario de estilos y técnicas, ninguna de las cuales puede relacionarse con la propaganda originariamente prevista para el título. En cierto modo, tras el fracaso de las aventuras del grupo adolescente que da nombre a la revista, La pandilla Trinca, tres edulcorados y repipis personajes que parecen sacados de una película de Los Bravos o Los Brincos, la revista aparece dominada por la asepsia. Hay, claro está, matices. La portada del número 1 muestra un dibujo del personaje Manos Kelly, de Antonio Hernández Palacios, y el texto añade “un español en el oeste”. Lo español parece potenciarse por encima de otras cosas: Es el caso de Los guerrilleros, respuesta de Andrade y Bernet Toledano a Astérix el galo, aunque con las tornas cambiadas y un humor bastante más grueso, o de Héctor, adalid de los almogávares, el interesante título que relanzó a Chiqui de la Fuente. Hay una especie de sentido patriótico-autárquico en la línea de la revista, donde todos los cómics incluidos son de autores españoles, circunstancia que no tiene nada de particular en el caso de Pilote, posiblemente el modelo a seguir, donde la mayor parte del material es de origen francés. (…) Los problemas denunciados por los autores para cobrar por su trabajo y su indefensión a la hora de ver cómo sus personajes eran vendidos sin su conocimiento al extranjero, la incompetencia de algunos de los directores, la censura o las inevitables tensiones en un proyecto de esta envergadura (determinaron) el cierre de la revista pocos años más tarde».

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