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deseos sostenibles

Pasados los blaquefridais y los cibermondais (proponemos a la Real Academia estas grafías para su próximo ejercicio anual de fijación, una vez que la renuncia a limpiar y dar esplendor ya se ha consumado), aun nos queda por delante la larga campaña de salvaje consumo navideño, que deja por sí misma una huella de carbono que ríete tú de la solidaria emisión entérica de mil millones de vacas pedorras. Llevamos más de diez años proponiendo alternativas mucho más razonables al regalo inútil, la prenda innecesaria, el complemento delirante, el aparato prescindible… Y no es que reneguemos de las atractivas invitaciones a la felicidad que por estas fechas permanecen expuestas en escaparates reales y virtuales. Ni mucho menos. Pero lo cierto es que la demanda razonable es la única capaz de controlar una oferta desmedida. Esta vez también vamos a recomendar el obsequio de libros. Bien entendido que no cualquier título ni cualquier autor; leer debe ser un acto responsable: debe contribuir al equilibrio, la emoción, el sentimiento, el saber y la diversión. Y después está el gusto y las inclinaciones de cada cuál. Los que están convencidos de que sobre esto, sobre gustos, no hay nada escrito, se sorprenderán de la enorme cantidad de páginas impresas que tratan sobre el particular (sobre gustos), clamorosa evidencia de que este refrán popular ha sido superado en crédito y fiabilidad por la paremia alternativa: Para gustos, los colores. Como tampoco tenemos la intención de dar satisfacción alguna a los fabricantes de cochina celulosa, vamos a invitar a regalar libros usados, libros sentidos y leídos que por cualquier razón nos apetezca compartir con los demás, más allá del simple préstamo a perpetuidad en el que suele convertirse cualquier generoso gesto en este sentido. Y no solo eso. Es posible imprimir nuestro sello inconfundible introduciendo algún elemento que haga de nuestro libro algo verdaderamente único: ilustraciones propias, notas y citas, hojas de árboles exóticos recogidas durante el verano, los pétalos de una flor, una figura de origami, un folioscopio… La creatividad convertirá el regalo en una pieza única, un volumen sin parangón, una muestra de cariño más allá de valor pecuniario, de esos que sobreviven a purgas y mudanzas, a repartos y subastas. Si no tienes candidatos a la mano, las librerías de viejo son bazares inagotables donde se confunden los embriagadores olores del tolueno y el furfural, los volúmenes centenarios con las colecciones de quiosco, los autores consagrados con los figurones en declive…

Y es que los buenos, buenos regalos no salen del bolsillo… Salen del corazón. Feliz Navidad.

http://www.youtube.com/watch?v=WZWcpEgJZAY

tu propio exlibris

Para hacer un exlibris se permiten todos los sistemas que hacen posible una reproducción múltiple. Cuando los exlibris son el resultado de una técnica gráfica original (digamos un grabado de cualquier tipo), se imprime una edición de cincuenta a cien ejemplares que el artista firma y numera. Vamos a destacar algunas recomendaciones para hacer nuestros propios exlibris siguiendo las directrices que marca la FISAE (Fédération Internationale des Sociétés d’Amateurs d’Ex-Libris), que es algo así como la organización que vela por la ortodoxia y aglutina a los numerosos aficionados y coleccionistas.  En primer lugar, los exlibris rara vez son mayores de 13×13 cm por una cuestión obvia: tienen que caber en los libros. Por lo general se imprimen en un papel bastante ligero (no más de 200 gr por m2), ya que un papel más grueso impediría que la cubierta del libro se cerrase totalmente. La leyenda puede estar en nuestro idioma (por ejemplo, ‘De la colección de libros de Pepe Pi‘) o en latín (‘Ex libris Pepe Pi»). Hay una serie de cuestiones elementales a tener en cuenta antes de ponernos por la labor, pero que son las que marcan la diferencia entre una vulgar estampa y un verdadero exlibris:
a) Como ya se apuntó, el lado mayor de la imagen debe medir no más de 13 cm, dimensiones que la permitan figurar en cualquier tipo de libro. En cuanto al soporte, la FISAE no especifica demasiado salvo que se trate de algún material que pueda ser albergado dentro de un libro. Digamos que un neón de colores no cumple el requisito. Tampoco hay nada que nos impida «dibujar» un exlibris en cada uno de nuestros volúmenes, pero la empresa nos puede llevar mucho tiempo y no salir siempre a nuestro gusto.
b) Debe figurar la palabra EX LIBRIS (de entre los libros de…) como parte de la imagen. También vale this book belongs to… , este libro es de… , o las variantes ex bibliotheca, soy de… Si pertenece a una colección temática, se puede reemplazar la palabra libris por la que haga referencia al asunto en cuestión: si es música será ex musicis, si se trata de una colección psicalíptica, ex eroticis
c) Debe figurar el nombre del propietario del exlibris o al menos sus iniciales. Se alude siempre a una persona viva o a una institución (a ser posible, viva también). Las estampas hechas a personas que no existen o dedicadas de manera apócrifa a celebridades que nunca las usaron se denominan pseudo exlibris. En general, los coleccionistas detestan la mentira en el exlibris, así que estos ejemplares suelen ser desechados. Eso no quita para que, en lugar de hacer un «exlibris Miguel de Cervantes» hagamos uno que rece “exlibris in memoriam Miguel de Cervantes. Biblioteca de Pepe Pi«.
Pegar un hermoso exlibris en los libros de uno no solo desalienta el robo y recuerda a los prestatarios que un libro debe ser devuelto, sino que también es una forma de rendir homenaje al objeto, que a pesar de la tecnología de comunicación moderna sigue siendo el vehículo esencial para la transmisión de conocimiento y fuente inagotable de placer, interés y… arte.

entrevista con José Pablo García (y II)

Segunda y última entrega del pequeño encuentro literario mantenido a la distancia con uno de nuestros autores favoritos, el creador gráfico José Pablo García, que a pesar de su juventud conoce bien el oficio y nos habla del talento y de sus preferencias como lector. Para no perdérselo.

Bl. El buen dibujante, ¿nace o se hace? O si lo prefieres: ¿un aspirante debe plantearse de entrada si tiene talento?

J.P. Lo del talento es muy discutible, y de entrada no hay que plantearse nada. Hay gente que tiene facilidad para dibujar y precisamente por eso les aburre hacerlo, y otros con mucha constancia han conseguido ser muy buenos. Pero para ser autor de cómics no hace falta dibujar especialmente bien, sino saber comunicar y narrar. Muchos de mis autores preferidos podrían considerarse dibujantes «malos«, porque son limitados técnicamente, pero sin embargo son capaces de contarte cosas de la mejor forma posible. Creo que el dibujante nace siempre, porque todos dibujamos cuando somos niños, pero por determinadas cuestiones casi todo el mundo lo va dejando con el paso del tiempo. Si se persiste, es fácil dibujar bien, porque la técnica se puede adquirir con paciencia y practicando…

 «El cómic es un medio híbrido. Cuantas más influencias mezcles más interesante será tu obra»

Bl. Nosotros intentamos motivar vocaciones incipientes… ¿qué le recomendarías a un chico (o chica) del instituto que tiene la intención de dedicarse a dibujar? ¿Qué perfil deber tener el que quiera dedicarse al mundo del tebeo?

J.P. Lo fundamental es tener algo que contar. También adquirir cierta cultura y tener interés por el cine, la literatura, el arte, la fotografía… porque el cómic es un medio híbrido, es una mezcla de todo y cuantas más influencias mezcles más interesante será tu obra. Bueno, y que te guste dibujar…

Bl. ¿Qué novela o autor clásico te gustaría adaptar al tebeo?

J.P. Llevo varios años dándole vueltas a hacer una adaptación de la obra teatral Luces de Bohemia de Valle-Inclán. El esperpento está muy relacionado con el cómic y la caricatura, y esta obra en concreto me resulta muy atractiva a nivel de diseño de personajes.

Bl. ¿Qué tres obras gráficas no deberían faltar en nuestra humilde biblioteca?

J.P. Voy a recomendar tres muy conocidas, que suelen estar en cualquier biblioteca: Maus de Art Spiegelman, Epiléptico de David B. y Persépolis de Marjane Satrapi.

Bl. Para terminar, ¿nos podías decir algo de tus proyectos más inmediatos?

J.P. Estoy adaptando la novela El 19 de marzo y el 2 de mayo, uno de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, que rememora el motín de Aranjuez y el levantamiento popular contra la ocupación francesa. Ha sido un encargo del ayuntamiento de Madrid y se publicará el año que viene para conmemorar el centenario de la muerte de Galdós.

Queremos agradecer a José Pablo que nos haya atendido con tanta amabilidad y que incluso nos haya confiado cuáles son sus proyectos futuros, deseándole lo mejor en este mundo tan concurrido de la novela gráfica. Estamos seguros de que pronto encontraremos nuevos trabajos de este interesante autor en los estantes de las librerías y, por supuesto, en los de nuestra pequeña biblioteca.

el exlibris en España

Todos hemos visto alguna vez bellos motivos, generalmente de carácter heráldico, estampados con pan de oro en las portadas de antiguos volúmenes. Este tipo de dorada filigrana recibió el nombre de supralibros, y es el precedente de los exlibris que estamos glosando en estas últimas entradas. El primer exlibris español que se conserva se usó para la biblioteca particular de un tal Francisco Tarafa. Se trata de una xilografía en óvalo del año 1553 que contiene la inscripción Bibliotheca Francisci Tarapha, Canonici Barchi. Tenemos una prueba de que los exlibris no eran, ni mucho menos, ejemplo de frivolidad pasajera o simple capricho de aquellos que se declaraban amantes del libro: el mismísimo Goya, insigne artista, diseñó elementos de estas características. Uno de ellos le fue entregado en 1798 a su amigo Melchor Gaspar de Jovellanos; se trata de un aguafuerte del que se conocen únicamente dos impresiones. Una de ellas se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid con la inscripción Del Sº (secretario) Jovellanos.  Pero la época de la verdadera popularización del exlibrismo patrio coincidió con la corriente modernista, que aprovechó las posibilidades que ofrecía la estampa para llevar el arte a los libros de los adinerados burgueses de fines del siglo XIX. Pablo Font, lejanamente emparentado con Francisco Maciá, se trajo la moda de la exposición universal de Paris de 1889 (la de la Tour Eiffel), y al volver de su viaje encargó los primeros diseños de lo que sería el resurgimiento del exlibris en España. Los ejemplares que se conservan son muy bonitos y tienen el inconfundible marchamo de la estética modernista. Actualmente las técnicas de reprografía y los sellos de caucho le han tomado la delantera al diseño de exlibris a la manera tradicional (calcografía, litografía, xilografía), que sobrevive gracias a los coleccionistas y a los concursos y bienales. Pero la afición continúa. En la actualidad existen casi medio centenar de organismos repartidos por todo el mundo dedicados a difundir el exlibrismo, promocionando la colección de ejemplares, el arte del grabado y de los artistas que los producen. Benoît Junod, conocido coleccionista, expresa su afición de esta manera:

Los ex libris son una forma de colección que reúne una cantidad de aspectos interesantes. Como existen desde el siglo XV en forma impresa, y que casi todos los artistas de las épocas sucesivas han realizado exlibris, son fascinantes como testigos del arte de todas las épocas, como ejemplos de la evolución de los estilos y de las técnicas, como marcas de posesión de libros de bibliófilos y bibliotecas (y así de la historia de la cultura), y más prosaicamente como pequeñas imágenes que reflejan una relación entre artista y coleccionista, y lo que el primero crea al gusto del segundo.

http://www.youtube.com/watch?v=KnesMcieAKI

adán y raza, azar y nada: entrevista con José Pablo García

http://www.youtube.com/watch?v=ZWlRnrg8P3I

Este palíndromo encabeza Satarsa (1982), un relato breve de Julio Cortázar, publicado el mismo año en el que el dibujante José Pablo García se asomaba por vez primera al patio de luces de su Málaga natal. Con once primaveras tomó la alternativa en el periódico local El Sol de Antequera, remedando a uno de los grandes: Don Antonio Mingote. Han pasado algunos años desde entonces (aunque no tantos) y el estilo de este joven creador ha consolidado a lo largo de una trayectoria corta pero fructifera. Y si lo más laudatorio que se puede decir de un autor es aquello de que lo mejor está aun por llegar, se lo aplicamos sin riesgo a José Pablo, que se ha atrevido a ilustrar la obra de un historiador británico de renombre y resuelve con sobresaliente la adaptación gráfica de la novela Soldados de Salamina, del multilaureado Javier Cercas (Cáceres, 1962). El perfil y los méritos de este dibujante nos invitan a conocerle un poco más, como siempre con la intención de orientar los pasos de los que siguen su estela. Y en eso estamos…

Bl. A nosotros nos gusta pensar que el libro ilustrado, que el tebeo en sí, es una pequeña obra de arte ¿Estás de acuerdo?

J.P. Lo que hace pequeña o grande a una obra de arte es su ambición, no el medio que se utilice para expresarse, y hay autores del cómic, como Chris Ware, que están entre algunos de los artistas más importantes e influyentes del mundo. Sus libros deberían estar en los museos.

Bl. ¿El cómic es un reclamo para que las nuevas generaciones de lectores se enganchen a la gran literatura?

J.P. Los tebeos han sido fundamentales en la formación de grandes lectores a lo largo del último siglo, pero no tengo muy claro que ahora sea así, al no ser un medio tan popular como antes. Hay que pensar que en la posguerra española, por ejemplo, los niños no tenían televisor, ni videojuegos, ni móviles, ni tantas ofertas de ocio como ahora; sólo les quedaba jugar en la calle o leer tebeos, que por entonces tenían tiradas de millones de ejemplares. El uso de dibujos permite entrar en las historias de manera más inmediata y sí que es un primer paso para lectura muy valioso, pero no por ello es un medio menor que la novela, el ensayo o la poesía. Hay novelas gráficas de gran madurez y complejidad que también podrían considerarse gran literatura.

Bl. En el caso de adaptaciones tan importantes como las de Preston o Javier Cercas, ¿qué te condiciona más: la opinión de los autores o las expectativas de tus potenciales lectores?

J.P. Si pensara en la opinión de mis futuros lectores, o de los autores de esas obras, posiblemente me bloquearía y no haría nada. Ya tengo suficiente con mi nivel de autoexigencia, que me hace sufrir bastante. Mi única intención, cuando se trata de encargos de ese tipo, es contar las historias de la mejor forma y lo más claramente posible.

Bl. Después de comprobar cómo te recreas con soltura en varios estilos clásicos, ¿crees que a estas alturas tienes un estilo propio (e inconfundible)?

J.P. Sí, aunque he dado muchas vueltas en ese sentido, tengo un estilo más funcional al que siempre recurro y con el que me siento muy cómodo. Al final el estilo es algo en lo que no hay que pensar, es algo que surge después de dibujar mucho.

Bl. ¿Cómo vences el vértigo de “la página en blanco”?

J.P. No recuerdo qué se sentía con ese vértigo porque llevo algunos años sin trabajar en una historia desde cero, sólo haciendo adaptaciones, guiones de otros o historias reales con base documental. Eso no quiere decir que no le dé vueltas a la forma de representar algo, pero siempre tengo esa base para empezar a trabajar.

 «Estamos demasiado saturados de imágenes, hay demasiado ruido visual por todos lados»

Bl. Se puede decir que en La Guerra Civil Española lo que haces es “escribir con dibujos”… ¿Qué debe aportar el dibujante en un mundo donde la imagen lo domina todo?

J.P. Desde la llegada de internet, estamos demasiado saturados de imágenes, hay demasiado ruido visual por todos lados. Por eso creo que es importante ser claro, que la imagen sea directa, y contar las cosas de la manera más sencilla y efectiva posible.

Bl. En Las aventuras de Joselito homenajeas el tebeo de todo pelaje. Hace unas décadas el cómic era un consumible habitual dentro de un mercado infantil y juvenil muy dinámico, donde se leía, se releía y se intercambiaban revistas y cromos… Estampas del pasado… ¿Qué espacio tiene reservada la cultura actual al noveno arte?

J.P. Como decía antes, el cómic es un medio que no goza de la popularidad que tenía antiguamente, pero a cambio sí creo que tiene más prestigio y presencia en los medios de comunicación. Se trata con cierto respeto, y no como una afición de «frikis», que era la imagen que se tenía de ellos hasta hace muy poco.

Bl. ¿Cómo ves el cómic español en la actualidad? ¿Qué autores te parecen más interesantes?

J.P. Vivimos en un momento muy bueno, se publica más que nunca y no paran de salir nuevos autores con un gran nivel. En parte se debe a que ahora hay un mayor acceso a todo lo que se está haciendo, gracias a Internet, y eso permite que los dibujantes no vivan tan aislados como antes y se enriquezcan unos a otros. Mis preferidos son muchos, pero diré a Albert Monteys y Rayco Pulido, que me gusta todo lo que hacen, y recomiendo sobre todo a Carlos Giménez, que sigue vivo y es el autor de Paracuellos, posiblemente la obra más importante del cómic español.

(Continuará) 

el muro

El 12 de agosto de 1961 Detlef K., residente en Berlín-Este, acudió a la American Memorial Library, biblioteca localizada en el sector occidental, y tomó en préstamo tres libros. Durante la noche, las autoridades de la zona soviética desplegaron los primeros metros de alambrada que separarían a los alemanes durante veintiocho años. En ese momento Detlef desconocía la trascendencia futura de tales maniobras, pero intuía que no podría devolver los libros a tiempo. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro. A la mañana siguiente, el probo ciudadano se puso el abrigo gris con coderas en las mangas y se caló su gorra de algodón angoleño. Con los tres libros bajo el brazo, acudió a la biblioteca para reintegrar el préstamo, convencido de que podría persuadir a los gerentes de la institución de que el retraso se había debido a imponderables de la historia. Los que no estuvimos allí, al menos físicamente, recordamos con particular emoción la apertura del muro. Había caído el símbolo de una ofensa injusta y arbitraria, que una generación entera había vivido como «natural» consecuencia del enfrentamiento entre dos bloques: el capitalista por un lado y el comunista por el otro. «Provistos con picos o con tan solo las manos, cientos de ciudadanos golpearían con rabia contenida durante años los ciento sesenta kilómetros de doble pared y de oprobio hasta desmenuzar la mayor parte de lo que fue el símbolo por excelencia de la Guerra Fría y convertirlo de esa forma en miles de inofensivos souvenirs». (Ricardo Martín de la Guardia, La caída del muro de Berlín, 2019). Son innumerables las obras literarias, tesis, ensayos, obras de teatro, películas, series de televisión e incluso comics que directa o indirectamente están inspirados en este episodio reciente de la humanidad. También son incontables las revisiones históricas y las monografias sobre el tema. A día de hoy, numerosos testigos pueden relatar en primera persona lo sucedido durante aquel lejano 1989. Todavía bajo la influencia de una importante carga emocional, persiste cierta dificultad para el análisis objetivo de los hechos, pero lo cierto es que con la perspectiva que nos dan estos treinta años hay que reconocer que en la medida en que el muro representó la división tajante entre mundos ideológica y políticamente diferentes, su demolición alumbró esperanzas que no fraguaron del todo… Finalmente Detlef K. fue exonerado de pagar la sanción correspondiente, pero la bibliotecaria le retiró el carné de usuario por un periodo equivalente a los días de retraso.

http://www.youtube.com/watch?v=KVT02v5K5Bo

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