Categoría: el escritor (Página 11 de 19)

highsmith o la frustración

biblioluces_p_highsmith

Entre gatos y caracoles, Patricia Highsmith escribió sus historias más memorables: instaló la maldad en personajes que aún nos parecen convincentes porque están muy bien construidos. Quizá el amor que profesaba por felinos y gasterópodos era el que le faltaba por el género humano. Cuenta la propia Patricia que con nueve años leyó un libro de un influyente psiquiatra de la época; los psicópatas que desfilaban por sus páginas marcaron la derrota de la mayoría de las situaciones que comenzara a describir ya con quince años. La mirada de la Highsmith cultivó la simpatía hacia lo siniestro, la dimensión ignorada y desconocida del ser humano, la que nos inclina hacia el «lado oscuro» cuando se dan condiciones para ello. Esta proyección a contraluz nos obliga a entender a los asesinos de Highsmith con cierta empatía; no se trata de elementos sanguinarios ni de criminales sin entrañas. Simplemente son personajes marcados por algún tipo de frustración que se limitan a difuminar esa delgada línea que separa el bien del mal, obligando al lector a ajustarse las lentes mientras le pone en la desagradable tesitura de censurar una conducta o adherirse al homicida sin más contemplaciones. Highsmith nació con aliento de aguarrás (se dice que su madre intentó quitársela de enmedio bebiendo un vaso hasta arriba). Su biografía señala que desde ese momento todo fue a peor. Sin embargo, ni los embates existenciales ni los reveses sentimentales lograron vencer la determinación literaria de la escritora, una mujer alcohólica y huraña, de trato difícil, que supo mantenerse al margen de las modas y, exceptuando la producción (bastante digna, por cierto) de subsistencia, fue siempre fiel a sí misma, lo que contribuyó a convertirla en una escritora de culto, sobre todo en Europa, donde buscó el cobijo que no encontró en su tierra. Hay quien opina que le estilo de Highsmith no casa con el del moderno lector de novela negra, que la psicología minuciosamente depravada de sus personajes les inmuniza contra las etiquetas de «buenos» y «malos» que el cine americano ha contribuido a consolidar. Pero no hay quien niegue que las detalladas, complejas y redondas tramas de sus cuentos y novelas gozan de buena salud y todavía son objeto de rediciones y adaptaciones cinematográficas, alguna de ellas ciertamente mítica, como la de su primer éxito literario, aquel que le permitió dedicarse por entero a la literatura: Extraños en un tren, de 1950. Como bien se sabe, la versión para la gran pantalla fue dirigida por Alfred Hitchcock y adaptada por Raymond Chandler, otro eminente creador alcohólico.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=SMQ6aga9mI0]

russell

russell4

Generalmente, el acceso a las ideas y al pensamiento filosófico representa una dura prueba para el lector primerizo o poco avezado. En el caso que nos ocupa, esto no es así. Y no porque el autor que nos ocupa sea liviano o superficial. ¡Qué va! Bertrand Russell fue un señor carismático que vivió todas las grandes convulsiones del apasionante siglo XX. La mirada inteligente del conde de Russell, cultivada a la manera victoriana, se adelantó unas cuántas décadas a su tiempo. Pero eso nunca sale gratis. Estuvo en prisión por pacifista en tiempos en los que primaba ser belicista. Fue defensor de la libertad sexual cuando nadie negaba la sacrosanta institución del matrimonio. Discutió los métodos criminales del imperio en la guerra del Vietnam… Se podría decir que en su dilatada vida, el compromiso personal de Russell fue a tiempo completo. Pero no. Las numerosas obras escritas, algunas de ellas sumamente influyentes en los campos de la filosofía y la matemática, atestiguan dedicación intelectual a las cuestiones más candentes de la ciencia y las humanidades. Quizá esa desbordante y casi hiperactiva producción fue la que inclinó a los señores de la Svenska Akademien a concederle el premio Nobel de Literatura sin haber hecho eso, literatura. Aunque cabe decir que el estilo de Russell es brillante, con ese puntito de socarronería británica siempre a flor de pluma, más que recomendable para el lector del siglo XXI, un siglo que seguramente a él le hubiera fascinado. Allá a mediados de los cincuenta escribió Satán en los suburbios, quizá la única incursión literaria que no recuerda al ensayo, y que no está precisamente entre lo mejor de su producción. Nosotros desde aquí animamos a la lectura, porque nos da la gana, de la Historia de la filosofía occidental o Autoridad e individuo, por nombrar dos bien conocidas.

Mis investigaciones físicas me habían enseñado varios modos de terminar con la vida humana. No pude abstenerme de pensar que tenía el deber de perfeccionar uno de tales medios. De todos los que había descubierto, el más fácil parecía ser una nueva reacción en cadena que haría que el mar hirviese. Proyecté la construcción de un aparato que, estaba convencido, podría servir para la realización de mi propósito en el momento que me pareciese conveniente. Sólo una cosa me detenía. Y era que cuando los hombres muriesen de sed, los peces morirían cocidos. Nada tenía yo contra los peces que, por lo que suponía y había observado en los acuarios, eran seres agradables e inofensivos, hermosos con frecuencia y poseedores de una destreza muy superior a la de los seres humanos para evitar los choques con sus semejantes.

de Satán en los suburbios, 1953

http://issuu.com/rodrigosotomoreno/docs/russell_c__mic?e=0/31094876

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=obAbqtblDSw]

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=Qlyz1L1EuB4]

césar vallejo

billete_vallejo

El inti fue una moneda peruana en caída libre entre dos soles. Urgido por las devaluaciones, el gobierno peruano imprimió en el billete de 10.000 la figura (siempre la misma: serio y meditabundo, sujetándose pesadamente el mentón) del poeta César Vallejo. El billete en cuestión se redujo casi a la nada. Pero la palabra de Vallejo conserva el atractivo, atrapa al lector y se mantiene erguida pese a los embates del tiempo. Dicen que en su Santiago de Chuco natal, la gente se expresaba en un castellano rancio y gentil, del que se alimentó el autor de Trilce para, a decir de los expertos, innovar y transformar el lenguaje poético para las generaciones venideras. Más allá del juicio técnico, Vallejo amanece hoy en este blog porque su lectura es muy agradable e invita, casi de inmediato, al recitado. En su país natal, el cuento Paco Yunque es de obligada lectura en los colegios, y su talla literaria se mide con la de los otros dos autores peruanos de obligada pleitesía: Garcilaso y Vargas Llosa. Quien quiera detalles biográficos se encontrará con su pertinaz afición amorosa por las niñas de quince años, su militancia indigenista y su compromiso estético y político; quien lo quiera ver como un inspirador revolucionario, lo podrá oír en boca de el Che Guevara. Y quien lo prefiera para ahuyentar la sombra de las ausencias, que se acerque a una de sus obras y lea sin más.

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París —y no me corro—
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.
César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro
también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=xCDerd6Ci3I]

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=CIK21RIvJXc]

mary poppins y la banca

 maria_poppins

Un banquero ha fallecido. Era un prócer recto, bondadoso e intachable. Generó riqueza incalculable para toda la comunidad sin más ambición que la de servir al prójimo ni más divisa que la del trabajo. El mundo financiero (que también tiene su corazoncito) y la sociedad civil en general están de luto. Pero una duda imperiosa nos devora por dentro: ¿daría alguna vez de comer a las palomas? Esa y otras cuestiones se plantean en la saga de Mary Poppins, escrita por Pamela Lyndon Travers, aunque la referencia más inmediata es la de la película de Disney que, dicho sea de paso, recibió un montón de óscares. Pamela (que en realidad se llamaba Helen) y Walt (que en realidad se llamaba Elías) discutieron hasta la extenuación sobre el personaje de Mary, que Helen-Pamela no reconocía como suyo en la gran pantalla. Al final el dinero de Disney se impuso y Travers se limitó a mostrar sus desacuerdos hasta el momento mismo de su muerte. Ambos dos eran personajes un tanto siniestros, pero no se sabe si queriendo o sin querer, el mensaje de la obra es fresco; la protagonista es una mujer no precisamente bella, de marcada personalidad, libre e independiente. Eso por no hablar de las pequeñas dosis de crítica social y la acertada descripción de la avaricia financiera, la misma que nos convierte a todos en esclavos de unas necesidades impuestas, derivadas de una lógica bursátil incompatible con el gesto de repartir unas miguitas de pan a interés cero.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=7DyA_0Pm44A]

juan josé plans, in memoriam

monteys_plans

Muchos recordarán a este gijonés como periodista, guionista o escritor; sin embargo, a nosotros nos resulta más familiar la voz profunda con la que abría sus espacios radiofónicos, en la que nos invitaba a «pasarlo de miedo con miedo». Las dramatizaciones al viejo estilo de las ondas nos preparaban (o nos indisponían) para el sueño del fin de semana, mientras gozábamos de historias envueltas en jirones de esa niebla baja y espesa, sembrada de gritos, en cuyas entrañas se ocultaban las almas de cuántos deambularon a deshora por los muelles del Támesis. No le gustaba considerarse autor de género, pero Plans no se librará de que le asociemos, casi sin querer, con los inquietantes relatos a los que ponía voz y con aquellos otros escritos de su puño y letra, que llegaron incluso a la pantalla grande, la otra gran pasión del escritor. Con el inestimable concurso y el talento de Ibáñez Serrador, nos puso los pelos de punta con la novela El juego de los niños (La película recibió un nombre más comercial: Quién puede matar a un niño), ambientada en un pueblecito costero donde unos endiablados menores se adelantan en casi una década y media a la implantación de la LOGSE.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=l-5YKAgpAK4]

machado

sello_machado

Hace setenta y cinco años que desapareció Antonio Machado. Como miles de españoles, abandonó su patria urgido por el compromiso con su familia, arrastrando el peso de la pena y la derrota. Pero se detuvo pronto: quizá fuera porque intuyó la muerte. O simplemente por fatiga. Collioure, un pueblito francés cercano a la frontera, brindó el último cobijo al poeta sevillano, que falleció en un pequeño hotel y hubo de ser inhumado en un nicho prestado que tan solo unos días después alojaría también a su madre anciana, a quién dedicó sus últimas palabras. No es intención nuestra glosar la vida y la obra de Don Antonio, pues son muchos los que con más tino y autoridad se encargarán de hacerlo durante estos días, pero sí llamar la atención sobre sus letras, en prosa y en verso, referente de la literatura española del siglo XX e inagotable fuente de encanto, belleza, sensibilidad y sabiduría. Pruebas de la modestia e ingenua sencillez del poeta son algunas de las líneas escritas para el discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua Española que, por otro lado, nunca se llegó a formalizar:

No soy humanista, ni filólogo, ni erudito. Ando muy flojo de latín, porque me lo hizo aborrecer un mal maestro. Estudié el griego con amor, por ansia de leer a Platón, pero tardíamente y, tal vez por ello, con escaso aprovechamiento. Pobres son mis letras en suma, pues, aunque he leído mucho, mi memoria es débil y he retenido muy poco. Si algo estudié con ahínco fue más de filosofía que de amena literatura. Y confesaros he que con excepción de algunos poetas, las bellas letras nunca me apasionaron. Quiero deciros más: soy poco sensible a los primores de forma, a la pulcritud y pulidez del lenguaje, y a todo cuanto en literatura no se recomienda por su contenido. Lo bien dicho me seduce sólo cuando dice algo interesante, y la palabra escrita me fatiga cuando no me recuerda la espontaneidad de la palabra hablada. Amo a la naturaleza, y al arte sólo cuando me la representa o evoca, y no siempre encontré la belleza allí donde literalmente se guisa.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=AKDy6aC363g]

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=Zii0T33XA74#t=20]

« Entradas anteriores Entradas siguientes »

© 2026 . Alojado en Educastur Blog.