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los cromos de Gulliver

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Hace tiempo que Gulliver no aparecía por estas páginas… Traemos de vuelta al incansable viajero entre las páginas de un álbum de cromos de principios de los setenta. La editorial Novaro también editó en formato similar La Isla del Tesoro, Robinson Crusoe o El Rey Arturo. La azarosa, caprichosa estampa de color, oculta en un sobrecito lacrado o entre los pliegues de la plateada cubierta de una chocolatina: no se nos ocurre mejor manera de familiarizar al lector con los personajes, ni de hacer la golosina tan apetitosa de cuerpo y alma. El coleccionista de estos cromos conocía la historia a través de un álbum abundantemente ilustrado, pero que negaba su condición de libro hasta que todas las esquivas viñetas ocupaban su lugar. Las pequeñas superficies numeradas ofrecían tal clamor de vaciedad que la ausencia de un solo cromo frustraba el empeño sostenido durante meses, años incluso. El que presentamos aquí está felizmente completo y correctamente resuelto. Ahora toca leerlo y recorrer con la mirada tanto la historia de Gulliver como la de aquel que con tanto ahínco reunió los dispersos fragmentos del sueño de Swift.


un toque medieval

Ya hemos terminado nuestro panel dedicado a los iluminadores. Seguimos escrupulosamente las pautas que los maestros medievales: elección del motivo, traslado al pergamino (en nuestro caso una tabla de contrachapado reciclada), tratamiento de los dorados (nos conformamos con posos de café diluidos en agua) y coloreado con pigmentos transparentes utilizando el fondo claro de la tabla para los efectos de luz, matizando las sombras con tonos más claros o más oscuros. El negro que realza los contornos y los pliegues de la ropa no es de marfil carbonizado ni de nuez de agallas: rotulador y pintura al agua, barata, accesible y limpia que había sobrado de otro proyecto. Con casi ningún gasto y unas horitas de trabajo pulcro y ordenado hemos reproducido a lo grande esta viñeta del Bestiario de Rochester a la que hemos dado la relevancia que merece.

más que literatura

Las alumnas de Literatura Universal: Ana Vega Zobolotna y Vanesa Martínez Riva leen e interpretan a Shakespeare; Candela Olivar Pintueles nos cuenta un relato de Boccaccio ilustrado por ella misma.



Care Santos: «Leer es un acto de rebeldía y de libertad absoluta»

Durante el tercer trimestre de este atípico curso los alumnos y alumnas del IES de Luces nos reunimos con Care Santos, autora de trilogía formada por Mentira, Verdady Miedo, a través de la aplicación Teamspor motivos sanitarios.
Previo a este encuentro, los alumnos y alumnas de 4.º de ESO leímos la obra de esta autoratitulada Miedo. Tras la lectura enviamos a nuestro profesor las preguntas que cada uno de nosotros quería hacerle a Care. Él se encargó de hacer una selección de las más interesantes y de elaborar un guión para tener bien preparada la entrevista.
El lunes 24 de mayo logramos contactar con la autora, estábamos algo nerviosos, pero Care con sus palabras enseguida nos hizo sentir más a gusto.
Nuestra compañera Mabel rompió el hielo, presentando al grupo de 4.º de ESO, y a partir de ahí fuimos haciendo las preguntas según el orden que habíamos establecido;por su parte,Care se mostró muy abierta a la hora de responder.
Pudimos saber que, por ejemplo, escribía sus primeras historias con 8 años, que tardaalrededor de 10 meses en escribir una novela y que el café y una ducha son su mejor remedio cuando se bloquea al escribir.

Los 45 minutos que duró la conexión se nos pasaron tan rápido que no pudimos hacerle todas las preguntas, y nos quedamos con ganas de seguir charlando con ella.
Creo que estos encuentros con autores son muy interesantes porque nos acercan a la parte más humana y desconocida de los escritores.

INFORMA MARIO AZCANO

Care Santos: «Yo no escribo para educar a nadie»

El tercer trimestre de 2021 en el IES de Luces hemos leído cada curso de ESO un libro de la autora Care Santos, aunque solo voy a hablar sobre el que hemos leído nuestro curso de 3.º de ESO: Verdad. En los dos anteriores trimestres habíamos hecho pruebas escritas sobre los libros que leíamos, pero este trimestre cambiamos la mecánica, haciendo una videollamada con la mismísima Care Santos. Empezamos, una vez leído el libro, a hacer una tarea que tenía que contener cuatro preguntas, dos de ellas debíanser sobre su oficio (la literatura) y las otras dos serían sobre el libro Verdad, estas preguntas se las haríamos a la autora el día del encuentro. Alhaber escritotodos nuestras preguntas, nuestro profesor escogería las más interesantes de cada uno de nosotros, para que todos tuviéramos nuestra pregunta. Además, también se escogieron dos moderadores, que serían los que presentaríana nuestro grupo a la autora y también darían paso a cada alumno que fuese a formular una pregunta, también se hicieron prácticas en clase.
Nuestra presentadora, Lucía G., dirigiéndose
a Care santos mediante la aplicación Teams.

De aquí damos un salto hasta el lunes 25 de mayo, el Día D, en el que sería el encuentro con Care Santos. Éste fue desde las 09:50 a 10:35, por lo que al ser un tiempo muy reducido no dio tiempo de formular las todas las preguntas, aunque sí que pudo responder a algunas, por ejemplo:
¿Has tenido dificultades en ocasiones por tu trabajo? ¿Ha habido personas que te hayan desmotivado y/u obstaculizado?
A esta pregunta de mi compañera de 3º de E.S.O. Lucía González, responde que siempre hay gente que te obstaculiza y te arrastran hacia abajo, así como gente que te empuja hacia arriba. También menciona que un escritor le hizo una crítica muy destructiva sobre su primer libro, lo que la hizo querer dejarlo.
Otra pregunta de parte de mi compañero Rodrigo Olivar sería:
¿Mientras escribías la historia, sentiste pena por Éric por su situación?
A esta pregunta responde que sí, altener que hacerle al protagonista (Éric) lo último que ella quería que le pasase.
Otras dos preguntas formuladas por mi compañera Kenya son:
¿Realmente tuviste claro desde el principio la idea de Verdad o en algún momento improvisaste?
Ella responde que sí, aunque en un principio no tenía pensado escribir una trilogía, sino solo escribir Mentira, pero al conocer la historia de muchos chicos en la cárcel que tenían miedo de volver a sus vidas, decidió continuar con Verdad.
¿Te gustaría colaborar con algún otro escritor y hacer una obra en conjunto?
Care responde que ya lo ha hecho dos veces con amigos suyos. También dice que no lo habría hecho con autores que no fueran muy amigos suyos, ya que cada autor piensa diferente.

Una vez acabado el encuentro, a nuestra clase le pareció que estuvo muy bien para haber sido on-line, pero sí que nos parece que ha habido un tiempo muy reducido y que muchas de nuestras preguntas han quedado sin responder.
El alumnado de 3.º de ESO no ve mal hacer esto en otro curso.
INFORMA RODRIGO CANDÁS

ciudades de libro: el Oviedo de Leopoldo Alas

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Desde siempre, el desarrollo de las historias ha necesitado de un decorado propicio. Y las ciudades han prestado gustosas su geografía para tal menester. Algunas están estrechamente ligadas a sus autores, de forma que cuando pensamos, pongamos por caso, en Dublín, se nos viene rápidamente a la cabeza James Joyce. Podríamos hacer este mismo ejercicio con BarcelonaParísLisboaNueva York,  MadridLondresRoma, Buenos AiresAlejandría… espacios urbanos convertidos en protagonistas con personalidad propia, que alientan el pulso de las distintas tramas que se urden en sus entrañas. La poesía de las ciudades se escribe con piedra y ladrillo entre los renglones de sus calles, en las plazas y los parques donde la ficción se remansa, a la sombra de monumentos y edificios emblemáticos, escenarios verosímiles de encuentros imposibles. El viajero leído siempre guarda en el zurrón las referencias que le llevarán al último confín del barrio periférico o al centro mismo del piélago urbano, donde se retratará bajo las placas de los bulevares y verificará la presencia de aquellos testigos mudos de tantas ficciones por ellos mismos inspiradas: veredas, fuentes, quioscos, jardines, fachadas, obeliscos… El  particular recorrido literario puede empezar por la Muy Noble, Muy Leal, Benemerita, Invicta, Heroica y Buena Ciudad de Oviedo, a la que Don Leopoldo Alas «Clarín» rebautizó como Vetusta en su obra más conocida, La Regenta. Algunas fuentes afirman que el insigne escritor murió fusilado en la ciudad de sus amores, pero hemos de decir que los registros historiográficos y la prensa de la época desmienten esta versión: la tuberculosis se lo llevó por delante en la recién estrenada casita de La Fuente del Prado, en las afueras de Oviedo, y sus restos reposan en una sepultura del cementerio de El Salvador. Hoy en día, la esbelta torre apuntada de la catedral vigila día y noche el paseo de Dña. Ana Ozores bajo la lluvia, detenida como en un sueño entre la fuente de Alfonso el Casto y la casa de la Rúa. Una imagen que de tan nítida en el imaginario de los ovetenses se ha quedado plasmada y fundida en metal para disfrute de residentes y recreo de visitantes por llegar.

Vetusta, la muy noble y leal ciudad, corte en lejano siglo, hacía la digestión del cocido y de la olla podrida, y descansaba oyendo entre sueños el monótono y familiar zumbido de la campana de coro, que retumbaba allá en lo alto de la esbelta torre en la Santa Basílica. La torre de la catedral, poema romántico de piedra, delicado himno, de dulces líneas de belleza muda y perenne, era obra del siglo dieciséis, aunque antes comenzada, de estilo gótico, pero, cabe decir, moderado por un instinto de prudencia y armonía que modificaba las vulgares exageraciones de esta arquitectura. La vista no se fatigaba contemplando horas y horas aquel índice de piedra que señalaba al cielo; no era una de esas torres cuya aguja se quiebra de sutil, más flacas que esbeltas, amaneradas, como señoritas cursis que aprietan demasiado el corsé; era maciza sin perder nada de su espiritual grandeza, y hasta sus segundos corredores, elegante balaustrada, subía como fuerte castillo, lanzándose desde allí en pirámide de ángulo gracioso, inimitable en sus medidas y proporciones. Como haz de músculos y nervios la piedra enroscándose en la piedra trepaba a la altura, haciendo equilibrios de acróbata en el aire; y como prodigio de juegos malabares, en una punta de caliza se mantenía, cual imantada, una bola grande de bronce dorado, y encima otra más pequeña, y sobre esta una cruz de hierro que acababa en pararrayos.

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