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Martes de Campu n’Uviéu (castellano)

Martes de Campu o Fiesta de La Balesquida

Yes uno de los festejos más tradicionales y antiguos de la capital asturiana. Su origen data de 1232 (va 792 años) y se debe a la solidaridad de una mujer llamada Velasquita o Balesquita Giráldez, que dejó en su testamento parte de su herencia a la Cofradía de los sastres.

Les donó dinero, un hospital con diez camas, y otros inmuebles. A cambio, pidió una misa anual en su honor cuando falleciera.

El gesto de Giráldez hizo que la Cofradía de los sastres pasara a denominarse “La Balesquida”. Desde que murió nunca se incumplió la promesa. La misa empezó celebrándose un domingo de mayo y después se trasladó al primer martes después de Pentecostés.

Los feligreses, en procesión, iban desde la capilla de Nuestra Señora de la Balesquida hasta la de Santa Ana de Mexide. Allí la Cofradía disponía la comida para todos los clérigos y cófrades, que consistía nun bollu de pan de escanda, medio cuarto cuartiyu de vinu y un torrendu de jamón frito. Ese fue el primer Martes de Campu.

Después de años peregrinando hasta lo que hoy es Montecerrado, los cofrades se fueron cansando de recorrer tanta distancia así que acabaron quedándose en la desaparecida capilla de Santa Susana. Estaba tan próxima al Campu de San Francisco que los cófrades hicieron suyo el parque y desde entonces es el lugar emblemático para celebrar ese día.

En la actualidad, la fiesta empieza con la lectura del pregón y la procesión de la Virgen de la Esperanza desde la Capilla de La Balesquida hasta la Iglesia de Santirso. Durante el día se reparte el bollo preñáu y la botella de vinu  entre  los cofrades. Los uvieinos pasan la jornada con comida y bebida en las zonas verdes de la ciudad.

BOLLU PREÑAU. Aunque es bien difícil saber a ciencia cierta, se dice que el bollo preñáu aparece por primera vez en la fiesta  del  Martes  de  Campu  de 1926  sustituyendo al torrendu (98 años). Esta tradición se fue manteniendo y ahora es raro no disfrutarlo en cualquier fiesta asturiana. Sencillo pero ideal para degustar en cualquier celebración en el campo: pan, chorizo, bacon o panceta y, como mucho, huevo cocido. 


Un poco de historia

El desfile de la cabalgata del Heraldo por el centro de Oviedo ha dado el pistoletazo de salida a las fiestas de La Balesquida, que tendrán como día grande el Martes de Campo. A lomos de un caballo, el Heraldo se ha dirigido a la Corporación para solicitar el oportuno permiso para la fiesta.

Capilla de la Balesquida, en la Plaza de la catedral

No recibe subvención ni ayuda de ningún tipo, manteniéndose, exclusivamente,
de las aportaciones de los cofrades y las limosnas de sus devotos.

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Oviedo tiene, desde tiempos remotos, su particular forma de celebrar el Martes de Pentecostés en una festividad con tanto nombre, entidad y arraigo que muchos ignoran que la fecha de celebración no se marca aleatoriamente en el calendario y coincide con la efeméride cristiana.

Tras el festivo local está el nombre de una mujer, Velasquita Giraldez, adinerada y piadosa dama que el 5 de febrero de 1232 fundó una Cofradía de ‘alfayates’, que después conoceríamos como sastres, y por «otros vecinos y buenos de la Ciudad de Oviedo».

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A ellos les donó un hospital y bienes para hacerse cargo de su mantenimiento. A saber: dos tercios de una casa y otras varias fincas así 10 camas para el reposo de los pacientes. A cambio, la cofradía celebraría a perpetuidad misa, víspera y maitines para conmemorar el eterno descanso de la donante.

La Cofradía, pasó a lo largo de los años por momentos difíciles, en los cuales estuvo al borde de la desaparición, pero afortunadamente, aún persiste para honra de la ciudad y de sus vecinos y siguen celebrándose anualmente, varias de sus antiguas tradiciones, como son la procesión con la imagen de la Virgen, el reparto del bollo el Martes de Pentecostés y la entrega de castañas asadas con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Esperanza, de la Expectación o de la O -las tres advocaciones son idénticas- en el mes de diciembre de cada año.

El solidario gesto de Giráldez llevó a la cofradía a denominarse La Balesquida. Sus miembros nunca incumplieron su promesa en un compromiso que se extiende hasta nuestros días. Comenzaron celebrando la eucaristía un domingo de mayo y la trasladaron al martes de Pascua florida, el origen del Martes de Campo, que surgió a modo de peregrinaje.

Según costumbre anterior al siglo XV, sus cofrades, «el martes de Pentecostés», acudían en procesión a la ermita de Nuestra Señora de Mexide, en el ovetense barrio de El Fresno, y, tras la celebración de solemne misa cantada, se les entregaba como almuerzo, «un bollo de media libra de pan de fisga [escanda], torrezno y medio cuartillo de vino de pasado el monte».

El desembarco en el parque San Francisco

Una procesión recorría la distancia entre la capilla de Nuestra Señora de la Balesquida, situada frente a La Catedral, en una esquina de la plaza de Alfonso II El Casto, hasta la de Santa Ana de Meixide, en lo que hoy conocemos como Montecerrao. Las viandas se desgustaban, tras el largo tránsito, a modo de recompensa.

Entonces no había bollos preñaos y, según la bibliografía de la época, se entregaba a los cofrades «un bollo de media libra de pan de fisga [escanda], torrezno y medio cuartillo de vino de pasado el monte». Con el paso del tiempo, y para acortar distancias, la procesión modificó su destino final.

 

Auténticos bollos preñaos!! Vídeu

Dejó de lado a la santa de Montecerrao y visitaba capilla de Santa Susana, que permaneció en pie desde 1630 hasta 1858 en el entorno de la actual calle del Rosal. El parque San Francisco quedaba tan cerca que terminó convirtiéndose en un elemento más de la celebración, tomado por los cofrades para la continuación de unos festejos que calaban cada vez más profundo en la ciudad.

En ocho siglos de historias los cimientos del Martes de Campo y La Balesquida peligraron en más de una ocasión. Entre 1854 y 1856 los bienes de la cofradía fueron declarados como enajenables y la mismísima reina Isabel II, quien había sido declarada hermana mayor de la cofradía, intercedió para salvaguardar sus prevendas.

Sociedad Protectora de La Balesquida

En 1924 sobrevino otra crisis y la cofradía anunció en 1930 su disolución entre penurias. Cogió el guante una nueva institución empeñada en perpetuar una tradición ya más que centenaria. Nació la Sociedad Protectora de La Balesquida, que ha traído hasta nuestros días el Martes de Campo, con el objetivo principal de ayudar en lo «divino» y en lo humano venciendo los obstáculos económicos que habían llevado a la ruina a la cofradía.


Autor:

Maestra de Llingua Asturiana Colexu Carmen Ruiz-Tilve - Uviéu

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