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INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS, ADRIÁN BARBÓN
Hace ya seis años que nos reunimos cada 25 de mayo para conmemorar el Día de la Bandera. Desde entonces, convocamos un acto sencillo, pero también cargado de significado para todos quienes llevamos Asturias en el corazón.
Tal día como hoy, en 1808, la Junta Suprema declaró oficialmente la guerra a Napoleón por la invasión de España y el grito revolucionario de esta tierra fue prendiendo por todo el país. El pueblo asturiano alzó la voz contra la agresión exterior, proclamó su soberanía y organizó un ejército para defender la libertad y la independencia. Fue un momento épico que todavía no se conoce lo suficiente, por eso desde el Gobierno de Asturias estamos empeñados en rememorarlo y reivindicarlo. Creo que, poco a poco, lo estamos consiguiendo.
Aquel ejército en formación, que según las crónicas de la época llegó a reunir a 20.000 soldados, necesitaba un símbolo, una enseña que lo representase. Para buscar inspiración, se recurrió a la carta que Jovellanos había escrito unos años antes, en 1794, al marqués de Camposagrado, en la que definía cómo deberían ser, según la historia, la bandera y el escudo de Asturias. Para la enseña, fondo azul; la Cruz de la Victoria con la letra alfa en el brazo derecho y la omega en el izquierdo. Gracias a Alicia y Antonio, alumnos del instituto Doctor Fleming que habéis puesto voz a esa misiva, un documento esencial para la historia de Asturias que todas las generaciones debemos preocuparnos de conocer.
La historia de amor de Asturias con su bandera comenzó, por tanto, hace 218 años. Ondee donde ondee, el paño azul con su cruz amarilla nos transporta a los paisajes de esta tierra, sus gentes, sus costumbres y su historia. Es mucho más que un potente reclamo visual: es símbolo de identidad y memoria colectiva, un emblema que llevamos con orgullo hasta los lugares más recónditos del planeta. Les invito a que hagan un ejercicio muy simple: en cualquier evento que congregue multitudes, en cualquier acontecimiento deportivo, en cualquier encuentro internacional, busquen la bandera de Asturias. Es muy posible que la identifiquen al primer golpe de vista.
Esa enseña que Jovellanos ideó y justificó con devoción, apela a todas las personas que tenemos vinculación con Asturias, nos convoca y nos hace sentirnos en casa. A finales de junio, van a poder experimentar este sentimiento nueve jóvenes que hoy nos acompañan en este acto y que en breve participarán en la Ruta Quetzal, un programa de prestigio internacional en el que tendrán el honor de representar a Asturias. Aarón, Alba, Amaia, Cristina, Eloy, Martín, Olaya, Sergio y Telma, es un placer entregaros hoy la enseña que os acompañará en ese viaje inolvidable por Galicia, León y Portugal. Llevadla con la seguridad de que, tras ella, os acompaña Asturias entera.
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Atrévome a afirmar qu’a nosa bandeira nun é solo prestosa pra os asturianos y asturianas, senón qu’é un distintivo apreciao a nivel xeneral. Gústame pensar qu’é úa insignia acoyedora y aberta al mundo, pegada á terra, pro con vocación universal. En definitiva, úa bandeira qu’acubiya, que nun afrenta nin incomoda. Úa bandeira pra todas as ocasióis.
Sin duda, é el símbolo por escelencia d’esta terra, dentro d’úa llarga nómina qu’incluye tamén el escudo, el arte asturiano, a riqueza natural, a cultura sidreira ou as nosas llinguas autóctonas. Por eso esta é úa efeméride na que tein cabida todas as sensibilidades y na que naide ha a sentirse estraño. Este acto acoye, nun espulsa. Como dixen, esta bandeira convócanos a todos y todas.
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Desque asumí la Presidencia reivindiqué l’arguyu de pertenencia como valor esencial pa collaborar nel desenvolvimientu de la comunidá a tolos niveles. Nun me refiero a un sentimientu escluyente nin señaldosu, sinón motivador, de llamada a l’acción, de confianza en nós mesmos. Tenemos razones pa tar arguyosos de les nuestres tradiciones y de les nuestres raíces; tamién pa sofitanos nesi legáu y encarar el futuru con ambición.
Precisamente esi ye l’espíritu de la Llei de Cultura y Identidá que tamos preparando. La norma busca articular, protexer y promover los derechos culturales y llingüísticos; blindar les nuestres llingües propies, porque esa ye una manera de blindar tamién la nuestra identidá y el nuestru sentíu de pertenencia. Al curiar el nuestru patrimoniu curiamos tamién la esencia d’esta tierra, los cimientos de la nuestra bandera. Esa llei tamién tien que ser motivu d’arguyu.
Toi convencíu de que quien s’alzaron contra la invasión francesa aquel 25 (venticinco) de mayu de 1808 fixéronlo llevaos por un sentimientu poderosu: el deber de protexer Asturies, la so xente, los sos derechos y les sos instituciones. Güei, más de dos sieglos depués, correspuéndenos lo menos recordar la so fazaña, reconocer el so valor y caltener bien alto l’arguyu d’asturianía. Valga tamién esta xornada pa celebrar l’aciertu nel diseñu d’una bandera que nos identifica y conmueve ellí onde tea. Fagamos que, en díes como güei, lluza cada vez en más balcones, ventanes, muñeques y mástiles.
En cualquier casu, siempre nos nuestros corazones. En toles ocasiones, Asturies por bandera.

