Mario Picazo: «Delles pistes sobro cómo podría afectar el Súper El Neñu 2026-27 a España. El Neñu ta fortaleciéndose nel Pacíficu y podría algamar una intensidá escepcional mientres la seronda ya iviernu de 2026-27. Sicasí, la so influencia sobro España nun ye directa. Gráficu
Va depender de cómo alterie la circulación atmosférica del hemisferiu norte y, especialmente, de la so interacción cola NAO, el remexu polar, los bloqueos del Atlánticu norte y les elevaes temperatures del Atlánticu y el Mediterráneu. #elniño #españa #2026-27
Pa la seronda de 2026, la señal más clara ye térmica. AEMET apunta a temperatures cimeres a la media en bona parte d’España y tamién esiste una señal escontra condiciones más húmedes nel noroeste, l’aguada mediterráneo y Balear.
Un Neñu bien intensu puede modificar l’espardimientu de les ondes de Rossby dende’l Pacíficu escontra Norteamérica y darréu l’Atlánticu norte. Esto puede alteriar la posición ya intensidá del remexu polar y favorecer determinaes configuraciones de la NAO.
Si predominara una NAO negativa, les umbaes atlántiques podríen circular por llatitúes más baxes, aumentando les posibilidaes d’agua en Galicia, Portugal y l’oeste, centru y sur de la Península. Pero El Neñu nun garantiza una NAO negativa: la conexón entre ENSO y Europa ye abondo variable.
El Mediterráneu escepcionalmente templáu añede un ingrediente importante. Un mar caliente nun xenera por sigo mesmu una DANA o una nube enchente, pero apurre más calor, evaporación y vapor d’agua. Si coincide con aire frío n’altor, una vaguada o DANA y vientos marítimos persistentes, puede amplificar considerablemente les precipitaciones. Por ello, Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares, Murcia y Andalucía mediterránea podríen tar especialmente espuestes a episodios intensos esta seronda.
Daqué paecencia asocede col Atlánticu anormalmente templáu. Una mayor disponibilidad de mugor puede alimentar umbaes y ríos atmosféricos. Nun significa necesariamente más díes d’agua, pero sí puede aumentar la intensidá de determinaos episodios.
Mientres l’iviernu 2026-27, la influencia d’El Neñu podría faese más evidente. Si favorez una NAO negativa y el descensu de les umbaes escontra llatitúes más meridionales, España podría esperimentar un iviernu más húmedu, especialmente nel oeste y sur. Si apodera una NAO positiva, les umbaes circularíen más al norte y podríen imponese condiciones más seques y anticiclóniques.
La señal térmica paez más consistente: lo más probable ye una seronda-iviernu más templáu de lo normal, anque eso nun torgar episodios puntuales de fríu intenso.
L’escenariu que merez mayor vixilancia sería la combinación d’umbaes o vaguaes circulando a baxes llatitúes con un Atlánticu y Mediterráneu bien templaos. La enorme cantidá de mugor disponible podría favorecer episodios de precipitación escepcionalmente intensa.
ALGUNAS PISTAS SOBRE COMO PODRÍA AFECTAR EL SÚPER EL NIÑO 2026-27 A ESPAÑA A día de hoy,
El Niño se está fortaleciendo en el Pacífico y el escenario merece especial atención. NOAA estima una probabilidad superior al 90 % de que alcance categoría de “muy fuerte” durante el otoño y el invierno 2026-27, e incluso asigna un 69 % de probabilidad a que en octubre-diciembre alcance una magnitud excepcional, superior a episodios anteriores desde 1950 según su índice RONI.
Para España, sin embargo, la relación entre El Niño y el tiempo en España no es directa. El impacto dependerá mucho de cómo El Niño reorganice la circulación atmosférica del hemisferio norte y, especialmente, de su interacción con la NAO, el chorro polar, los bloqueos del Atlántico norte y unas temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas. Otoño de 2026: probablemente cálido y con mayor potencial de episodios lluviosos La señal más clara ahora mismo es térmica.
AEMET prevé para septiembre-octubre-noviembre temperaturas en el tercil cálido en toda España, con una señal especialmente marcada en el norte, este peninsular, Baleares y Canarias. Pero hay algo particularmente interesante en la precipitación: AEMET señala una mayor probabilidad del tercil húmedo tanto en el noroeste peninsular como en la vertiente mediterránea y Baleares. Esto encaja bastante bien con un escenario en el que pueden funcionar dos mecanismos distintos.
En el Atlántico, un El Niño muy intenso puede alterar la propagación de ondas planetarias desde el Pacífico hacia Norteamérica y posteriormente el Atlántico norte. Durante el otoño y, sobre todo, conforme nos acerquemos al invierno, esto puede modificar la posición e intensidad del chorro polar atlántico y favorecer determinadas configuraciones de bloqueo y de la NAO.
Si aparecen con frecuencia situaciones de NAO negativa, el anticiclón de las Azores tendería a debilitarse o desplazarse y la circulación de borrascas podría bajar de latitud. En ese escenario aumentarían las posibilidades de que los frentes atlánticos alcancen Portugal, Galicia, oeste, centro y sur de la Península.
No significa que El Niño garantice una NAO negativa. Esa es probablemente la principal cautela que debemos introducir. La teleconexión ENSO-Europa es considerablemente más variable que la ENSO-Norteamérica, y ECMWF insiste precisamente en que los impactos dependen también de las anomalías existentes fuera del Pacífico tropical.
El Mediterráneo introduce otro ingrediente potencialmente explosivo Aquí parece que está uno de los aspectos más importantes para España este otoño. Llegamos a septiembre con un Mediterráneo que ha acumulado muchísimo calor durante los últimos meses. Copernicus dispone ya de observaciones y anomalías diarias actualizadas hasta el 7 de septiembre, calculadas respecto al periodo 1991-2020.
Un Mediterráneo muy cálido no provoca por sí solo una DANA ni una tormenta torrencial. Para eso necesitamos una configuración atmosférica adecuada: aire frío en altura, inestabilidad, convergencia en niveles bajos y un flujo marítimo persistente. Pero cuando aparece esa configuración, el mar cálido puede actuar como un auténtico amplificador. Cuanto mayor sea la temperatura superficial del Mediterráneo, mayor puede ser la evaporación y mayor la cantidad de vapor de agua disponible en las capas bajas.
Si posteriormente llega una DANA, una vaguada o aire frío en altura y se establece viento de levante, esa masa de aire cálida y húmeda puede alimentar precipitaciones mucho más eficientes. Por eso Comunidad Valenciana, Cataluña, Baleares, Murcia y Andalucía mediterránea podrían tener este otoño un riesgo elevado de episodios de lluvia muy intensa si coinciden las configuraciones sinópticas apropiadas.
El propio pronóstico estacional de AEMET resulta significativo: espera que la anomalía positiva de precipitación mediterránea sea especialmente importante durante septiembre. ¿Qué papel juega el Atlántico anormalmente cálido? Es el segundo gran elemento que puede modificar la respuesta europea a El Niño. Un Atlántico norte cálido implica una atmósfera potencialmente más húmeda.
Las borrascas y los ríos atmosféricos que circulen hacia Europa pueden disponer de mayores cantidades de vapor de agua. Eso no necesariamente significa que vaya a llover más días, pero sí puede contribuir a aumentar la intensidad de determinados episodios de precipitación. Además, la distribución espacial de las anomalías térmicas del Atlántico es importante porque puede modificar los gradientes de temperatura océano-atmósfera y contribuir a desplazar las zonas de mayor baroclinicidad y, con ellas, las trayectorias preferentes de las borrascas.
Por eso este invierno no debemos mirar únicamente el índice Niño 3.4. Para España probablemente serán igual o incluso más importantes la NAO, la posición del jet atlántico, los bloqueos en Groenlandia y el Atlántico norte y la configuración de las SST atlánticas.
Durante el invierno 2026-27 El Niño podría hacerse más evidente Es durante el invierno cuando las teleconexiones de El Niño suelen estar mejor establecidas. Un El Niño extraordinariamente intenso modifica profundamente la convección tropical del Pacífico y, con ella, la circulación de Walker. Las anomalías tropicales generan ondas de Rossby que se propagan hacia latitudes medias y altas y pueden acabar modificando la circulación atmosférica sobre Norteamérica y el Atlántico.
Pero entre el primer y el último eslabón hay bastante variabilidad. Si durante el invierno termina dominando una configuración de NAO negativa, tendríamos mayores probabilidades de borrascas circulando por latitudes relativamente bajas. Para España sería un escenario potencialmente más húmedo de lo habitual, especialmente en el oeste y sur peninsular.
Podrían repetirse situaciones con frentes entrando desde Portugal y afectando a Galicia, Extremadura, Andalucía y posteriormente al centro peninsular. En determinados episodios, un Atlántico muy cálido podría incrementar además el transporte de humedad. Si, por el contrario, predominase una NAO positiva, el chorro y las borrascas circularían más al norte y buena parte de España podría quedar bajo condiciones más anticiclónicas y secas. Por eso todavía no considero prudente afirmar simplemente que “El Niño traerá un invierno lluvioso a España”. Probablemente llegue otro otoño-invierno suave Aquí sí tenemos una señal más robusta.
El calentamiento climático de fondo, las elevadas temperaturas del Atlántico y Mediterráneo y la propia predicción estacional hacen que resulte más probable encontrar temperaturas superiores a la media que un otoño-invierno frío. Esto no excluye olas de frío. De hecho, determinados patrones de bloqueo asociados a una NAO/AO negativa podrían permitir descensos ocasionales de aire ártico o continental hacia Europa.
La diferencia es importante: podríamos tener un invierno globalmente cálido interrumpido por episodios fríos intensos, algo perfectamente compatible desde el punto de vista climático. El escenario más probable para España A día de hoy, el escenario más probable sería este:
- Otoño 2026: claramente cálido, con Mediterráneo y Atlántico proporcionando mucha humedad y energía. Mayor riesgo de episodios de precipitación intensa en el Mediterráneo y Baleares, mientras aumenta progresivamente la posibilidad de entradas atlánticas por el oeste y noroeste.
- Final del otoño-principios del invierno: El Niño acercándose a su máxima intensidad y empezando a ejercer una influencia mayor sobre la circulación extratropical. Aquí será fundamental observar cómo responde el chorro.
- Invierno 2026-27: temperaturas probablemente superiores a la media, pero con una incertidumbre considerable en precipitación. Si El Niño favorece bloqueos y fases negativas de la NAO, aumentaría significativamente la posibilidad de un invierno húmedo en España, especialmente en la mitad occidental y Andalucía. Si la NAO permanece positiva, la señal podría invertirse.
También existe un escenario potencialmente interesante en el que borrascas atlánticas profundas o vaguadas llegando suficientemente al sur se conectan con aire subtropical muy húmedo mientras Mediterráneo y Atlántico continúan anormalmente cálidos. En esas circunstancias podríamos tener episodios de precipitación excepcionalmente intensa.
No interpretaría el Super El Niño 2026-27 como una garantía de un otoño e invierno lluviosos en España, sino como un importante modificador de la circulación global que llega en un momento en el que tanto el Atlántico como el Mediterráneo contienen cantidades extraordinarias de calor. Esa combinación puede aumentar la probabilidad de extremos cuando la configuración atmosférica sea favorable. Y probablemente será ahí, donde veremos la huella más llamativa de El Niño en España. #elniño #españa #2026-27