‘Va diez años casi naide tenía esta indumentaria y agora ta llena la plaza de Los Dolores: la respuesta foi increíble’. LNE
Alberto Suárez, director del Día’l Traxe’l país: «El muséu de Grau ye una necesidá cultural»
Alberto Suárez Fernández (Uviéu, 1970) ye’l ceador y director del Concursu d’Indumentaria y del Día’*l Traxe’l país que se celebra l’últimu domingu de setiembre en Grau. Investigador y divulgador, estudia la indumentaria tradicional asturiana del sieglu XIX y dirixe l’eventu na capital moscona que yá se convirtió n’una referencia para los amantes d’esti campu de la hestoria rexonal.
Alberto Suárez Fernández (Oviedo, 1970) es el creador y director del Concurso de Indumentaria y del Día’l Traxe’l país que se celebra el último domingo de septiembre en Grado. Investigador y divulgador, estudia la indumentaria tradicional asturiana del siglo XIX y dirige el evento en la capital moscona que ya se ha convertido en una referencia para los amantes de este campo de la historia regional.
-¿Habrá novedades en la próxima edición del Día’l Traxe?
-El Concurso Indumentaria, acto central del día, tiene una estructura muy consolidada que consiste en enseñar buenos «traxes del país» al público y a un jurado independiente que decide en función de sus conocimientos y dentro de unas bases. La gran novedad de este año es que Caja Rural de Asturias, patrocinador de las distinciones, va a doblar el importe de los premios en metálico. Se entregará 400 euros para los primeros, 300 para los segundos y doscientos para los terceros. Y también habrá alguna sorpresa que no podemos desvelar.
-¿Cómo ha ido evolucionando el certamen?
-La evolución no puede ser más positiva. Hemos sabido consolidar la única cita de Asturias dedicada a la indumentaria tradicional, fomentando y manteniendo el rigor histórico, y nos hemos convertido en un referente dentro y fuera de nuestra comunidad. Este logro nunca se habría conseguido sin el apoyo decidido y constante del Ayuntamiento de Grado, de participantes venidos de toda Asturias y también de los moscones y moconas. Hace diez años casi nadie tenía «traxe» y ahora está llena la Plaza de Los Dolores. La respuesta ha sido increíble.
-¿Hay cada vez más conciencia entre los aficionados de la necesidad de mantener ese patrimonio?
-Sí, cada vez hay más conciencia de que lo importante es vestirse bien. Desde la organización siempre hemos mantenido el discurso de que no nos importa batir records de participación sino de calidad. Y eso supone un esfuerzo individual de las personas participantes documentándose, dedicando muchas horas, muchos recursos económicos y mucho amor a conseguir los tejidos adecuados, la joyería, las ligas, las medias o hasta el palo. La manifestación de esa conciencia se ve en la pasarela y es buena para mantener ciertos conocimientos y saberes tradicionales y para transmitirlos entre generaciones. Tanto en Grado como en otros lugares de Asturias empezaron a tejerse medias, confeccionarse abarcas y hacerse muchos y buenos «traxes».
-Los cursos de costura han sido un éxito…
-Efectivamente, los cursos de indumentaria promovidos y financiados por el Ayuntamiento de Grado han servido para formar a muchas mujeres en la confección de «traxes del país» desde el rigor histórico. Tiene un mérito enorme y, en mi opinión, representa un ejercicio de responsabilidad, pues la sabiduría en este ámbito está en manos de muy pocas personas. Esa transmisión entre maestras y alumnas me parece imprescindible para que los «traxes del país» sigan existiendo. Lo deseable sería que más ayuntamientos tuvieran la implicación que tiene Grado con la cultura tradicional asturiana desde el rigor y siguieran su ejemplo en la formación. Es un camino difícil, porque no todo vale, pero muy satisfactorio. Se trata de una intervención cultural con mayúsculas.
-¿Cuánta indumentaria calcula que queda perdida en hórreos y desvanes?
-Queda mucha menos de la que nos gustaría, pero la suficiente para formar una colección museística importante. Las piezas antiguas son vitales y nos aportan más información sobre lo que debemos de hacer que ninguna otra fuente. Lo llamativo es que frente a los discursos derrotistas todavía aparecen. Yo pediría a todas esas personas que tienen en un arca en la panera o en un armario ropa antigua que contacten con nosotros. Que no les preocupe que tengan «furaquinos» o que esté sucia o rasgada. Es lo menos que puede tener después de ciento cincuenta años. Necesitamos estudiar esas prendas según están, retratarlas, contribuir a conservarlas y añadirlas al corpus general de indumentaria asturiana histórica.
-¿Cómo creen que les va a favorecer el nuevo Museo?
-El «Muséu del traxe’l país» es una necesidad desde un punto de vista cultural. Quiero felicitar al Ayuntamiento de Grado y al Gobierno de Asturias por entender esta necesidad y convertirla en una oportunidad. Los textiles populares fueron los grandes olvidados de los museos, pero la ropa de una aldeana asturiana es taa importante como la de una reina, la de un militar o la de un obispo. Narra una parte fundamental de nuestra cultura y afecta a un segmento más amplio de la sociedad que ningún otro. Yo, como ciudadano y como investigador, espero que el «Muséu del traxe’l país» sea un recurso cultural de primer nivel, que dedique todos los esfuerzos necesarios a la conservación de las piezas y que difunda y exhiba esta parte fundamental de la historia del pueblo asturiano. Y, sin duda, una propuesta de esta categoría y naturaleza va a contar con la generosidad de las personas que tienen piezas antiguas. Un museo es un lugar para mostrar, ¿dónde van a estar mejor nuestras prendas históricas del siglo XIX? Existen muchas fórmulas: donación, cesión, depósito… Yo espero visitar el Museo y emocionarme, la verdad. No va a ser un equipamiento cualquiera. Lleva en el ADN la identidad asturiana.
-¿Hay cantera? ¿Se interesa la gente joven por la indumentaria tradicional?
-El Concursu Indumentaria está dedicado a los mayores de 16 años. Nunca quisimos que los niños y niñas tuviesen que competir. Aunque se trata de un evento intergeneracional, y esa es una de sus fortalezas, la parte menos nutrida es la de los mocinos y mocinas. Es natural que a un cuerpo que está desarrollando no le dediques muchos recursos económicos en vestimenta tradicional que va dejar de ser últil en breve. Pero relevo sí que hay. Y eso que en términos culturales la globalización no trae más que la invasión de la cultura americana y asiática sobre otras minoritarias; culturas ajenas que entran desde las series infantiles y acompañan a la edad adulta. Una parte de la sociedad quieren ser esos «otros modelos» pero al final esa uniformidad resulta alienante. Las identidades locales tenemos mucho que decir y estamos diciéndolo. Yo soy optimista. Vivimos la era de las experiencias y vestir un «traxe’l país» es una pasada. Lo que ocurre es que hacerlo bien no es tan fácil. No se vende en Amazon, no te llega mañana. Pero eso es lo que lo convierte en especial.
-¿Hasta dónde puede seguir explorando en su labor de documentación y salvaguarda?
-Bueno, necesitaría varias vidas para poder investigar todo lo que me gustaría sobre la indumentaria asturiana. Hay mucho por hacer. Pero de momento estoy dedicando todo el tiempo que puedo a los archivos y a publicar libros. El conocimiento en este área me resulta apasionante. Próximamente presentaré un volumen escrito junto a Mario Baragaño. Cada estudio aporta datos inéditos interesantísimos y nuevas incógnitas y, en definitiva, así se construye la producción científica en cualquier disciplina. Estudiar es fundamental para salvaguardar, y para que las personas vistan en función de un criterio histórico una indumentaria que es historia, no innovación ni creatividad.
